Las fuerzas globales que están inspirando una nueva narrativa del progreso, según McKinsey

Traduzco aquí un artículo de McKinsey en que exponen su punto de vista sobre las fuerzas globales que deberían estar dando forma a tu estrategia.

Las fuerzas globales que inspiran una nueva narrativa del progreso

Por Ezra Greenberg, Martin Hirt, and Sven Smit

El crecimiento está cambiando bruscamente, la ruptura se está acelerando, y las tensiones sociales van en aumento. Enfrentarse a esta dinámica te ayudará a construir una estrategia mejor y a forjar un futuro más luminoso.

“La tendencia es tu amiga”. Es el adagio más antiguo en la inversión, y se aplica al desempeño empresarial también. Hemos encontrado a través de nuestro trabajo sobre la empírica de la estrategia que capturar vientos de cola creados por las tendencias de la industria y geográficas es un factor decisivo para los resultados de negocio: una empresa que se beneficie de esos vientos de cola tiene una probabilidad entre cuatro y ocho veces mayor de subir a lo alto de los gráficos de desempeño económico-beneficios que una que esté con el viento de cara.

Sin embargo, es fácil perder de vista las tendencias de largo plazo entre las turbulencias de corto plazo, y hay momentos en que la naturaleza y la dirección de esas tendencias se vuelven menos claras. Hoy, por ejemplo, la tecnología está entregando asombrosos avances, y hay más gente sana, leyendo y entrando en la clase media global que en ningún periodo de la historia humana. Al mismo tiempo, la narrativa post-Guerra Fría del progreso impulsado por los mercados competitivos, la globalización y la innovación ha perdido algo de lustre.

Video: Por qué es importante comprender las tendencias. El trabajo de McKinsey sobre la empírica de la estrategia muestra por qué comprender las tendencias es una habilidad importante para los líderes corporativos.

Estas contradicciones se están mostrando en la política, y las tendencias de largo plazo que subyacen están modificando el entorno del negocio. Los líderes de empresas tienen hoy que volver a pensar en dónde y cómo compiten, y también deben cooperar en la construcción de un nuevo acuerdo social que ayude a los individuos a sobrellevar el brusco cambio tecnológico.

Esa amplia narrativa de intensificar la competencia, así como la creciente necesidad de colaboración contiene desafíos, pero también grandes oportunidades. Oímos hablar de retos cada día en nuestras conversaciones con los líderes mundiales de negocios: ¿Cuánto tiempo pueden sobrevivir sus fuentes tradicionales de ventaja competitiva frente a los saltos cualitativos tecnológicos? ¿Cómo afectarán a sus modelos de negocio las cambiantes expectativas de los clientes y la sociedad? ¿Qué significa ser una empresa global cuando los beneficios de la integración internacional están bajo un intenso escrutinio?

Todas ellas muy buenas preguntas. Pero no deberían distraernos de las extraordinarias oportunidades disponibles para los líderes que comprendan los cambios en curso y que los conviertan en un impulso positivo para sus negocios. Nuestra esperanza en este artículo es ayudar a los líderes a identificar esas oportunidades aclarando las nueve fuerzas globales principales y sus interacciones. Hay una tensión significativa recorriendo cada una de ellas, tanto que las caracterizamos como “crisoles”, o espacios en que interactúan fuerzas concentradas y donde la dirección de las reacciones que están ocurriendo no está clara. Estos crisoles, por lo tanto, son espacios que hay que vigilar en la que la “temperatura” de la innovación es alta.

  • Los primeros tres crisoles reflejan los saltos del crecimiento global actuales. La globalización de los productos y servicios digitales está en ebullición, pero los flujos tradicionales de comercio y finanzas se han estancado, moviéndonos más allá de la globalización. También estamos viendo nuevas dinámicas de crecimiento, con el modelo mental de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) dejando paso a un énfasis regional sobre ICASA (Indica, China, África y Sureste Asiático). Por último, la ecuación de los recursos naturales del mundo está cambiando a medida que la tecnología potencia la productividad de los recursos, emergen nuevos cuellos de botella y surgen nuevas preguntas sobre “¿recursos (i)limitados?“.
  • Las siguientes tres tensiones destacan la ruptura acelerada de la industria. La digitalización, el aprendizaje mecánico y las ciencias de la vida están avanzando y combinándose entre sí para redefinir lo que las empresas hacen y donde están las fronteras entre sectores. No sólo estamos siendo invadidos por unas pocas tecnologías, en otras palabras, sino que estamos experimentando una explosión tecnológica combinatoria. Los clientes están cosechando algunas de las recompensas, y nuestras nociones de entrega de valor están cambiando. En las palabras de Jack Ma, de Alibaba, el B2C se está convirtiendo en “C2B“, a medida que los clientes disfrutan de bienes y servicios, personalización y variedad “gratuitos”. Y las reglas de la competición están cambiando: A medida que las redes interconectadas de  socios, plataformas, clientes y proveedores se vuelven más importantes, estamos experimentando una revolución del ecosistema de negocios.
  • Las últimas tres fuerzas subrayan la necesidad de colaboración para instaurar un nuevo orden social en muchos países. Debemos colaborar para protegernos de un “lado oscuro” de agentes malévolos, incluidos cibercriminales y terroristas. La colaboración entre las empresas y los gobiernos también será crítica para espolear el crecimiento de la clase media y llevar a cabo los experimentos económicos necesarios para acelerar el crecimiento. Esto no es sólo asunto de los mercados desarrollados; muchos países deben luchar por un “next deal” para mantener el progreso.

Estas tensiones parecen agudas hoy a causa de los rápidamente cambiantes acontecimientos políticos y el malestar social. Pero los tiempos pasados de transición proporcionan precedentes alentadores: La Revolución Industrial dio paso a programas de seguros sociales en la Europa Occidental y el movimiento Progresista en los Estados Unidos, por ejemplo. El progreso ha prevalecido en la mayor parte de los últimos dos siglos -sin duda, con un ritmo creciente desde la 2ª Guerra Mundial, que ha visto tasas de crecimiento más del doble del promedio de los 125 años anteriores. A medida que los líderes empresariales luchan por competir y colaborar de nuevas maneras, deberían animarse: si la historia es una referencia, estamos operando en crisoles del progreso que pueden ayudar a crear un mañana estimulante.

Saltos de crecimiento globales

Ningún país desarrollado ha vuelto a capturar el impulso de crecimiento que esperávamos antes de la crisis financiera de 2008-09. El PIB mundial en conjunto, aunque por delante de algunas tendencias históricas a largo plazo, sigue por debao de lo que pensamos que sería nuestro potencial económico El crecimiento moderado ha puesto a prueba a los individuos, y también ha hecho que sea más importante para las empresas adoptar un planteamiento granular a la identificación de oportunidades, colocación de apuestas inversoras y respaldarlas con recursos suficientes. Las oportunidades son grandes, en especial para los líderes que comprenden cómo la dinámica del crecimiento mundial está cambiando a medida que cambia la naturaleza de la globalización, los mayores mercados emergentes ganan importancia y la tecnología cambia nuestros compromisos de uso de recursos.

Más allá de la globalización

La globalización sigue avanzando, pero también enfrentándose a potentes vientos en contra. Los sentimientos “anti-globalización” están creciendo: y los gobiernos están respondiendo: El Reino Unido está avanzando con la implementación del Brexit; los Estados Unidos también dieron un paso atrás en la Alianza Trans-Pacífica (TPP) y podría encarar ahora cambios en el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA). Mientras tanto, las métricas tradicionales de globalización se están ralentizando. El crecimiento del comercio comparado con el crecimiento del PIB en esta década ha sido la mitad que el de finales de los 1990 y comienzos de los 2000, mientras que los flujos de capital global como porcentaje del PIB han caído estrepitosamente desde la crisis financiera de 2008-09 y no han vuelto a los niveles anteriores a la crisis.

Al mismo tiempo, hay pruebas de que otras facetas de la globalización siguen avanzando, rápidamente y en las dimensiones necesarias (Diagrama 1). Los flujos de datos entre fronteras están creciendo a tasas que se acercan a 50 veces las de la década pasada. Casi mil millones de usuarios trabajo social en red tienen al menos una conexión extranjera, mientras que 2500 millones de personas tienen cuentas de correo, y 200.000 millones de emails se intercambian diariamente. Cerca de 250 millones de personas viven actualmente fuera de su país de origen, y más de 350 millones de personas son compradores de comercio electrónico transfronterizo – expandiendo las oportunidades para las empresas pequeñas y medianas de convertirse en “micro-multinacionales”.

Diagrama 1

Fuente: Traducido de McKinsey

Operar en tándem con estas corrientes transversales están las demandas de localización y reconocimiento de las pronunciadas diferencias entre los gustos locales, los cuales están haciendo que sea más costoso y complicado competir globalmente. Las empresas multinacionales necesitan, en palabras de Jeff Immelt, de GE, “una capacidad local dentro de una huella global”. Muchas empresas están intentando competir con el creciente número de agentes locales de nivel mundial reconociendo cuidadosamente sutiles diferencias en el gusto y costumbres locales. Algunas cadenas de comida rápida, por ejemplo, tienen marcas globales, icónicas, pero también opciones locales de menús que son diferentes. Estée Lauder presentó en 2012 Osiao, su primera marca específica para China, la cual desarrolló en el centro de I+D de la empresa en Shanghai. Al final de 2016, Hyundai anunció que produciría diversos nuevos modelos en China para competir con las marcas locales.

La gloablización nunca fue una fuerza monolítica, imposible de detener, como Pankaj Ghemawat de NYU lleva tiempo diciendo. A medida que la complejidad de la globalización se han vuelto más y más evidentes, la importancia de competir con precisión local a escala internacional sigue creciendo.

ICASA: La fuerza de mercados de miles de millones de personas.

Fue hace más de 15 años cuando el economista Jim O’Neil de Goldman Sachs popularizó el término “BRIC” para referirse a las perspectiva de crecimiento de Brasil, Rusia, India y China. Desde entonces, Brasil y China han flaqueado alguna vez, mientras que otros mercados emergentes, en particular, África y el Sureste de Asia, han crecido en importancia. Aunque habrá más altibajos en los años por venir, es importante no distraerse y perder de vista las cifras. Hay tres entidades geográficas -India, China y África- en las cuales la urbanización está dando poder a poblaciones que superan el millardo (mil millones) de personas, y una cuarta, el Sureste asiático, con más de medio millardo. Juntos, estos enormes mercados ICASA (India, China, África y el Sureste Asiático) detentan el potencial de una expansión significativa y continuada (Diagrama 2). También plantean algunos de los mayores riesgos para el crecimiento mundial a medida que afrontan obstáculos internos:

  • En la India, los retos incluyen la transición a una urbanización más sostenible, construir una base de manufactura en la India, para la India, aumentar sustancialmente la participación de las mujeres en la economía general, y explotar completamente el potencial de la materia gris del país para elevar la cadena de valor.
  • La tasa de crecimiento de China ha empezado a estancarse, y a pesar de los cambios institucionales sustanciales durante la pasada década, el país necesita hacer más completa su transición desde un modelo de crecimiento dirigido por la inversión a uno dirigido por la productividad. Los vientos de frente demográficos que China deberá afrontar pronto amplifican la necesidad de esta transición.
  • África, cuya población en edad de trabajar se proyecta a superar la de China y la India antes de 2040, tiene el mayor potencial sin cubrir. También se enfrenta a los mayores desafíos: movilizar sus recursos internos, diversificar agresivamente sus economías estatales individuales, aumentar la urbanización sostenible, acelerar el desarrollo de infraestructuras transfronterizas y profundizar la integración regional. Un fallo en cualquiera de estos desafíos podría estancar el crecimiento.
  • El impresionante crecimiento pasado del Sureste de Asia ha sido impulsado por una fuerza de trabajo en expansión y un salto de los trabajadores desde la agricultura hacia la fabricación. Para continuar creciendo a medida que se desvanecen estos factores, la región necesita una inversión sustancial en infraestructuras que den soporte a la digitalización y la urbanización.

Diagrama 2

Fuente: Traducido de McKinsey

El poder económico genera poder geopolítico, como ha confirmado recientemente el éxito de China. Cuanto más superen sus desafíos estos mercados, más central será su papel en el escenario global. Cómo afirmen ese nuevo poder estos agentes podría no adecuarse a los planteamientos seguidos por los países de la OCDE (1: Miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Las instituciones que reflejan ese nuevo poder, como el Banco de Inversión en Infraestructuras Asiáticas ya están emergiendo, También lo están los acuerdos económicos que se alinean con sus intereses, como la de Un Cinturón, Un Camino de China, que busca conectar, a través de enlaces marítimos y carreteras, más de la mitad de la población mundial y cerca de la cuarta parte de los bienes y servicios que se mueven por el globo.

Las oportunidades siguen siendo enormes: Esperamos que más de la mitad del crecimiento global de los próximos diez años venga de esas geografías. Venga una compañía de esos mercados y esté ya capturando ese crecimiento regional o esté buscando entrar en uno o más de ellos, su capacidad de reubicar recrursos, realinear su huella y reaccionar a caídas inesperadas dará forma a si puede competir con éxito en la economía global que se está reequilibrando.

¿Recursos (i)limitados?

Un Malthus de la actualidad se preocuparía con la capacidad de nuestro mundo de dar sustento a miles de millones de personas que salen de la pobreza, comen más proteínas, conducen automóviles que emiten CO2 y disfrutan de una cesta más llena de otros bienes de consumo. Hay, sin embargo, una fuerza contraria funcionando hoy en día, a medida que los balances tecnológicos cambian la ecuación de los recursos de varias maneras:

  • Los avances en analítica, automatización e Internet de la Cosas, junto con la innovación en áreas como la ciencia de los materiales, ya están mostrando grandes promesas en la reducción del consumo de recursos. Las plantas cementeras pueden recortar su consumo de energía un 5 por ciento o más con controles personalizados que predigan la demanda pico. Los algoritmos que optimizan los movimientos robóticos pueden reducir el consumo de energía de una fábrica hasta un 30 por ciento. Y la iluminación inteligente y los termostatos intuitivos están reduciendo de forma significativa el consumo de electricidad tanto en negocios como en hogares.
  • La tecnología está transformando la producción de recursos. La salida de gas y petróleo ha crecido significativamente a causa de los avances en el fracking, la excavación en aguas profundas y la recuperacion realzada de  petróleo. La desalación de agua de mar contribuye en la actualidad con cientos de millones de metros cúbicos al año al suministro de agua de Israel (venía de menos de 50 millones en 2005), y ahora el país obtiene el 55% de su consumo interior de agua de la desalación.
  • La tecnologías se están combinando de nuevas maneras, con el potencial de reducir la intensidad en recursos de forma drástica (Diagrama 3). La electrificación de vehículos, el uso compartido, los coches sin conductor, las comunicaciones entre vehículos, y el uso de nuevos materiales se están uniendo rápidamente para reducir el peso de los automóviles, cambiar los patrones de conducción y mejorar el uso de los vehículos y la capacidad de las carreteras. De hecho, el análisis de nuestros colegas sugiere que la demanda global de petróleo podría aplanarse alrededor de 2025 en escenarios plausibles que tienen que ver con la adopción de tecnologías de vehículos de bajo peso y la ralentización del consumo de plásticos.

La tecnología no es la panacea, por supuesto; las soluciones tecnológicas vienen con consecuencias externas. Los fertilizantes, por ejemplo, ayudaron a desencadenar una explosión de la agricultura, pero la escorrentía de los fertilizantes contaminaron muchos recursos hídricos. Los combustibles fósiles elevaron el nivel de vida de miles de millones de personas, pero han conducido al deterioro de la calidad del aire, vertidos de petróleo y peligros del dióxido de carbono que son existenciales desde el punto de vista ecológico y palancas de inversión para cumplir las normativas y los acuerdos (como el Acuerdo de París) orientados a frenar el impacto del cambio climático.

Diagrama 3

Fuente: Traducido de McKinsey

Pero también hay oportunidades. Mientras las empresas están abriéndose paso a través de las implicaciones de las restricciones de recursos para sus modelos de negocio, generarán nuevas ideas -crear procesos que consuman menos recursos, convertir los residuos en nuevas materias primas y construir una economía más circular. Podemos esperar un ciclo acelerado de innovación de recursos: el crecimiento tensará los suministros, la tecnología aportará soluciones, surgirán externalidades, y más ideas emergerán como respuesta.

A medida que la tecnología continúe progresando y los flujos de datos revelen oportunidades de eficiencia a través de las operaciones, las empresas deberían tener más influencia sobre su estructura de costes, y los precios de los recursos deberían guardar menos correlación entre sí y con el crecimiento macroeconómico que en el pasado. La investigación de McKinsey sugiere, por ejemplo, que la demanda de menas de hierro podría decaer durante las dos próximas décadas como resultado de una suavización de la demanda de acero y el creciente reciclaje, pero la demanda de cobre podría saltar, dado su papel en una amplia gama de bienes electrónicos y de consumo. Las oportunidades de negocio relacionadas con los recursos aparecerán en lugares inesperados, y hay espacio para una multitud de nuevos productos y servicios. Un ejemplo son los nuevos materiales basados en el carbono que son más ligeros, baratos y conducen la electricidad con una pérdida de calor limitada. Podrían transformar industrias enteras, incluídas la automoción, aviación y electrónica. Los líderes de negocio tendrán más oportunidades para capturar la iniciativa cuando tensen su pensamiento sobre la naturaleza cambiante de las restricciones de recursos.

Acelerar la ruptura de la industria

“Disrupción” no es sólo una de las palabras más manidas de la literatura de gestión: también es una de las que se utilizan con menos precisión (De hecho, no es ni siquiera una palabra en castellano, así que prefiero utilizar “ruptura”). Cuando decimos que la ruptura de la industria se está acelerando, queremos decir que en muchos sectores, los fundamentos críticos de la estructura de la industria – los cimientos económicos, el equilibrio de poder entre compradores y vendedores, el papel de los activos, los tipos de competidores, incluso los límites de las industrias – están cambiando rápidamente. Mientras que ese grado de cambio puede ser incómodo o incluso destructivo, también puede contener las semillas de la oportunidad.

El trabajo de McKinsey sobre la digitalización destaca las dos caras de la moneda. Reduciendo la fricción económica, la digitalización está capacitando una competición que presiona el crecimiento de los ingresos y los beneficios. También está creando nuevas oportunidaeds para mejorar el desempeño a través de mejoras en la cadena de suministro, productos, procesos y servicios. Asegurar la coherencia entre las estrategias digital y corporativa de una empresa aparece como uno de los factores que diferencian a los ganadores de los perdedores – un útil recordatorio de que liderar hoy requiere decisiones difíciles sobre fuerzas grandes y rupturistas.

Explosión de la tecnología combinatoria

Los avances tecnológicos más radicales no han venido de mejoras lineales en una sola materia o disciplina, sino de la combinación de inventos y conocimientos aparentemente dispares. Como ha resaltado W. Brian Arthur, “La colección conjunta de tecnologías se apalanca a sí misma desde los pocos a los muchos y de lo simple a lo complejo”(2: W.Brian Arthur, “The Nature of Technology. What it is and how it evolves. New York, NY, Simon and Schuster 2009)

Por ejemplo, pensemos en cómo la conectividad en línea aumentada (Diagrama 4), la criptografía y la analítica avanzada se han combinado para crear una base de datos distribuida y global para las transacciones llamada blockchain. Es un hito potencialmente rompedor, porque los costes de transacción representan una partida sustancial de los costes comerciales del mundo entero. De hecho, el deseo de evitar los costes de transacción como la negociación y la redacción de contratos ayuda a comprender por qué las empresas existen, de acuerdo con el premio Nobel Ronald Coase. Desde que las blockchains pueden procesar las transacciones sin intermediarios, su impacto potencial en los costes y la competición es profundo.

Diagrama 4

Fuente: Traducido de McKinsey

O fijémonos en el aprendizaje mecánico (machine learning), cuyo potencial apenas hemos empezado a explorar. Está empezando a combinarse con otras tecnologías en una gama de formas inesperadas. Recientemente, un equipo del Hospital Metodista de Houston desarrolló un algoritmo que traduce textos de los diagramas de los pacientes del hospital en una predicción del riesgo de cáncer 30 veces más rápido de lo que puede un humano.

Los efectos combinatorios están revolucionando muchos aspectos de las tecnologías biológicas. La secuenciación genética de bajo coste basada en la enorme potencia de cálculo está sentando las bases del desarrollo de la “medicina de precisión” y proporcionando a la gente datos que pueden influir en sus decisiones vitales. Los avances en ciencia de los materiaes han permitido el desarrollo de stents (usados ampliamente para ensanchar arterias atascadas) que se disuelven naturalmente después de haber terminado su trabajo, liberando potencialmente a los pacientes de medicaciones a largo plazo. Los sensores para llevar puestos (wearable) o ingeribles, mientras tanto, se están desarrollando para aumentar la efectividad de terapias con medicamentos ayudando a asegurar que las medicaciones se toman y que las respuestas fisiológicas se supervisan.

Los efectos de combinar la tecnología pueden ir más allá que los productos o servicios que una empresa provee para alterar la propia definición de lo que una empresa hace. La industria del automóvil, por ejemplo, ya no trata sólo de construir coches. A medida que se fusionan la inteligencia artificial y la potencia de cálculo con vehículos avanzados y productos de consumo, las empresas están pensando en cómo pueden suministrar “soluciones de movilidad” o incluso soluciones de redes de servicios, dado el tamaño de las baterías en los vehículos eléctricos. Esto es ruptura en toda regla.

Y todo se está acelerando. Los efectos combinatorios de Arthur están acumulando el efecto de la ley de Moore, creando más alcance para innovar y para concebir nuevos negocios. Los líderes con imaginación y vision de futuro que puedan mantener el ritmo de cambio tienen oportunidades sin precedentes.

C2B: El cliente en el asiento del conductor

La digitalización ha aportado a los consumidores un menú siempre en aumento de bienes y servicios entre los que elegir, algunos de los cuales son gratuitos. Muchos bienes y servicios por los que los consumidores solían pagar están ahora disponibles en línea a un toque o un clic. Sólo las páginas en inglés de Wikipedia llenarían el equivalente de 2300 enciclopedias si se imprimiesen. Skype, que permite a los usuarios hacer vídeo y audiollamadas gratuitas a otros usuarios de Skype, proporciona más de dos millardos de minutos de llamadas cada día. Y la variedad infinita significa que casi cualquier gusto o preferencia está siendo atendido. Piensa en los detergentes en Amazon, donde los clientes pueden encontrar una selección de polvos para lavadora con olor a fresa pensados exclusicamente para utilizar con ropa negra.

En un entorno donde tantos costes tan pequeños y una variedad proliferante de mercados segmentados, os clientes están capturando más de la plusvalía. Sólo en los Estados Unidos, Internet proporciona a los clientes un bienestar anual no retribuid de 100.000 millones de dólares. Por ejemplo, tomemos el tráfico global de datos móviles y los ingresos: Entre 2008 y 2020, se espera que los datos móviles crezcan en más de 900 veces, mientras que los ingresos por los datos crecerán según los pronósticos sólo 3.25 veces (Diagrama 5).

Diagrama 5

Fuente: Traducido de McKinsey

Los clientes también están ocupando el asiento del conductor en orientar los productos que las empresas desarrollan. Pueden comunicarse con las empresas directamente y en gran número por primera vez. Lo que quieren es más variedad, más especificidad y una mayor expresión de su identidad. Google tiene fama por su práctica de incorporar rápidamente los comentarios de los usuarios en el diseño del producto. El fabricante de teléfonos móviles Xiaomi contacta directamente con los consumidores en persona o en línea. Adidas ha construido incluso “SpeedFactories” operadas por robots que crean zapatillas diseñadas por consumidores individuales, mientras que Doob Group capacita a los consumidores para escanear sus cuerpos y crear figurines únicos impresos en 3D.

Todavía está por ver cómo evolucionará la voluntad de los clientes de pagar un servicio exclusivo. Ahora mismo, como Ray Kurzweil, el futurista y ahora director de ingeniería en Google, indicó recientemente, “Hay un mercado de código abierto con millones de productos gratuitos, pero la gente todavía gasta dinero en leer a Harry Potter, ver el último taquillazo o comprar música de su artista favorito”. Estos ejemplos pueden parecer excepciones, pero como señaló Kurzweil, “la coexistencia de un mercado gratuito de código abierto y un mercado propietario” es también “la dirección en la que nos movemos con la ropa.” (3) En un mundo así no sólo serán los clientes quienes tendrán más opciones; las empresas también tienen más decisiones que tomar sobre sus modelos de negocio y cómo crean valor.

Revolución de ecosistema

En un artículo clásico de 1960 de Harvard Business Review, Theodore Levitt pedía a los lectores que pensasen, “¿En qué negocio estás realmente?”. Porque la digitalización y la difuminación de las fronteras de la industria, la pregunta de Levitt necesita un añadido: “¿Y cuál es tu ecosistema?” Los negocios pueden agruparse en tres categorías, con los ecosistemas emergiendo como una potente fuente de creación de valor y como un terreno de competición de alto voltaje:

  • Cadenas de valor lineales, que dominaron la mayor parte del siglo 20, formadas por una serie de pasos que añaden valor con el objetivo de producir y vender productos: piensa en el montaje de automóviles.
  • Plataformas horizontales, que ganaron relevancia con el ascenso de los ordenadores personales a internet, atraviesan las cadenas de valor. Las empresas que operan bajo este modelo tienen activos duros y una arquitectura sofisticada, típicamente construida alrededor de software que añde valor y pilas tecnológicas.
  • Ecosistemas “todos con todos”, como los de Uber y Airbnb, que han surgido recientemente. Estas empresas también operan en el centro de plataformas, pero sus activos son con diferencia más ligeros.

Los agentes de plataformas horizontales como Google, Amazon y Facebook han estado creando valor durante años y actualmente cuentan como cinco de las diez mayores empresas de los EE.UU. por categoría de mercado (Diagrama 6). Y los juegos horizontales no sólo son digitales. Las empresas de todas las bandas aún envían sus diseños a la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que confía en sus fábricas de sofisticados semiconductores para convertir diseños brillantes en chips de alto rendimiento.

Diagrama 6

Fuente: Traducido de McKinsey

La plataformas horizontales líderes han cambiado los depósitos de valor rápida e impredeciblemente. La reducción de la industria de los discos compactos desde los 17 millardos de dólares en ventas en EE.UU en 2001 hasta los 2 millardos una docena de años después, a medida que las ventas de descargas de música, suscripciones y sincronizaciones se han estancado, es un ejemplo bien conocido de cómo los rupturistas “destruyen millardos para crear millones”. Hasta el momento, muchas de las industrias tradicionales que han soportado estas rupturas aún existen, pero su estructura, y los agentes que capturan la mayor parte del valor, son a menudo irreconocibles en relación con la era previa a la plataforma.

Ahora los modelos “todos con todos” han tomado la delantera. Estas empresas están en el centro de consistemas basados en plataformas, y a diferencia de los agentes horizontales, tienen una menor carga de activos. Alibaba es el mayor minorista del mundo medido en volumen de mercancía bruta, y no tiene ningún almacén. El proveedor de alojamiento mayor del mundo, Airbnb no es dueño de habitaciones, la empresa de taxis más grande del mundo, Uber, no posee coches – y ninguna de esas empresas existía hace diez años. Esto es ruptura, aunque la capacidad de permanecer de los modelos todos con todos está por ver, dadas las bajas barreras a la creación de plataformas basadas en software.

Las líneas de demarcación entre categorías empiezan a difuminarse a medida que las cadenas de valor, las plataformas y los ecosistemas se abren, crecen y se combinan. Las cadenas de valor lineales no son inmunes: Under Armour, un líder en ropa y accesorios de deporte, ha anunciado planes para construir la mayor plataforma conectada de ejercicio físico del mundo.

En el panorama actual que evoluciona rápidamente, los líderes se enfrentan a un continuo de posibilidades: construir un ecosistema, utilizar la plataforma de alguien, seguir con su labor de cadena de valor lineal, o moldear alguna combinación de los anteriores. Navegar en este crisol significa en última instancia hacerse preguntas duras sobre las fuentes de diferenciación y ventaja posicional de una empresa, y poner todas las opciones sobre la misa, incluso si eso conlleva la ruptura o la canibalización del propio negocio.

Un nuevo orden social

La mayor oportunidad de todas -y probablemente la mayor necesidad- trasciende a las empresas y la competición. Si los líderes de los sectores privado, público y socal pueden cooperar para crear un nuevo orden social, forjarán un futuro mejor para los individuos y para un amplio espectro de instituciones. La colaboración será  un factor crítico para superar las fuerzas que están minando la apertura, para conducir el progreso de la clase media y para alentar la experimentación que recarga el crecimiento y reorienta la desigualdad de los ingresos.

Los líderes de negocios suelen dedicar el 30 por ciento de su tiempo en compromisos externos, pero según su propia evaluación, pocos lo hacen con efectividad. Para más líderes empresariales, “dar el paso adelante” y “jugar un papel decisivo en conducir soluciones”, como dice el CEO de Unilever Paul Polman, necesitarán hacer más para incrustar las preocupaciones de la sociedad en sus prioridades de negocio, para hacer el compromiso social para integral de su estrategia y para adoptar una mentalidad de largo plazo.

El lado oscuro

El progreso triunfa con apertura, y la apertura significa casi por definición vulnerabilidad. Internet, por ejemplo, ha traído consigo peligros críticos incluso aunque haya desencadenado un milagro de negocios y social. Los actos cotidianos, como conectar tu teléfono al coche vía Bluetooth, crea vulnerabilidades que la mayoría de nosotros no tenemos en cuenta. Los costes de luchar contra las ciberamenazas están creciendo hasta cifras billonarias. Mientras tanto, los países dañinos están frustrando a la comunidad global, y las tensiones de combatir el terrorismo están reverberando en el mundo entero. El número de incidentes terroristas y de víctimas sigue siendo relativamente pequeño pero ha estado creciendo; los niveles de muertes por terrorismo a finales de 2015 fueron más de cinco veces mayores que en 2001.

A veces, la cooperación internacional puede contrarrestar el poder destructivo que se concentra en las manos de unos pocos. Pensemos cómo múltiples países se unieron para contraatacar a los piratas de la cuenca somalí a comienzos de 2010, ahorrando a la economía mundial cerca de 18 millardos de dólares al año (Diagrama 7).

Diagrama 7

Fuente: Traducido de McKinsey

Lograr la resiliencia digital también requiere colaboración. Como mínimo, se necesita más colaboración entre los líderes inter-función responsables de las decisiones relacionadas con la seguridad en un negocio. En un mundo interconectado, las empresas también pueden necesitar explorar las plataformas compartidas y la compartición de datos sobre las amenazas de ciberseguridad a través de las fronteras de sus propios negocios e industrias. A medida que los líderes buscan el equilibrio correcto entre competir con efectividad, vigilar las murallas corporativas y colaborar en la autodefensa, estarán ayudando a redefinir lo que significa vivir juntos con seguridad en nuestro mundo interdependiente.

Progreso de la clase media

La marea creciente de progreso no ha elevado a todos los buques por igual. La globalización y la automatización están polarizando el mercado de trabajo, con más en camino a medida que las capacidades en aumento de aprendizaje mecánico aumentan la posibilidad de automatizar un amplio espectro de tareas en mercados desarrollados y emergentes (Diagrama 8). A medida que los trabajadores de salarios medios se ven desplazados, muchos se ven forzados a negociar a la baja, reduciendo sus ingresos y presionando a los trabajadores de bajo salario existentes. También hay una disparidad creciente de los ingresos. Los trabajadores con estudios avanzados han visto en general crecer sus ingresos, mientras que los salarios de los que sólo tienen diplomas de enseñanza medio se han estancado, y los salarios de los que no obtuvieron un diploma de instituto han decaído. El desempleo juvenil ha alcanzado el 50 por ciento o más en varias de las principales economías desarrolladas.

Diagrama 8

Fuente: Traducido de McKinsey

Las tendencias demográficas están exacerbando la situación. El número de trabajadores ganando un salario para cada dependiente está cayendo a medida que la población envejece, haciendo que sea más difícil para la sociedad  dar sustento a los jóvenes y los viejos. Los programas de asistencia como los planes de pensiones están extraordinariamente infradotados.

La confianza ha caído en picado entre la amenazada clase media. Segmentos significativos de las democracias occidentales tienen ahora una percepción negativa de la inmigración y culpan a sus gobiernos por las políticas fallidas. En conjunto, el 60 por ciento de la población activa, con educación universitaria y de la banda superior de ingresos expresan confianza en las empresas, el gobierno, los medios y las organizaciones no gubernamentales (ONGs). Pero sólo el 45 por ciento del resto de la población opina igual. Esta brecha de confianza es mayor en Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos, y la confianza general de las puntuaciones de confianza de los distintos países ha decaído hasta los niveles más bajos en más de cinco años.

Una parte central de la narrativa detrás de la campaña “Leave” del Reino Unido y la campaña de Trump en los Estados Unidos era que los líderes de las princiaples instituciones se habían olvidado de la clase media. Los líderes empresariales pueden ayudar a reconstruir esa confianza. De hecho, los ciudadanos esperan esto de ellos. En una encuesta de 2015, (4) más del 80 por ciento de los empleados estaban de acuerdo en que una empresa puede “emprender acciones específicas que aumenten los beneficios y mejoren las condiciones económicas y sociales en la comunidad donde operan”.

La necesidad del progreso de la clase media no es sólo un problema de los mercados desarrollados. A medida que la nueva clase consumidora mundial toma la delantera, está luchando por oportunidades más allá de los roles de nivel de entrada, y observando la polarización de los ingresos que a menudo acompaña a la industrialización. Algunos de los actos de equilibrado de los ICASA antes descritos, como la transición de China desde un modelo de crecimiento guiado por la inversión a uno guiado por la productividad, determinarán el éxito de las clases medias en esos mercados.

Experimentos de crecimiento económico

En su carrera a a presidencia en 1932 durante las profundidades de la Gran Depresión, Franklin Roosevelt observó: “El país necesita y, a menos que yo malinterprete su carácter, el país demanda, una audaz y pesistente experimentación”. Estamos en la cúspide de una nueva ola de experimentación hoy, porque no hay respuestas claras a algunos de los desafíos que se ciernen sobre nosotros.

La primera prueba es el crecimiento. No hay consensos sobre cómo se ha atascado en marchas cortas durante años, o hacia dónde apunta. El economista de la Universidad Northwestern Robert Gordon arguyó en su libro de 2016, “El auge y caída del crecimiento americano” (The Rise and Fall of American Growth), que la frenada de la productividad que empezó en 1970 tiene posibilidades de continuar y lastrar el crecimiento. Otros investigadores, incluidos nuestros colegas del McKinsey Global Institute, argumentan que la automatización que permiten la inteligencia artificial, la robótica y otros avances elevarán probablemente la productividad -lo que aumentaría el crecimiento, dado que esas ganancias de productividad van de la mano con trabajos y demanda de bienes y servicios, como lo han hecho en el pasado. ¿Lo harán?

Una cosa que parece clara es que muchas herramientas políticas de crecimiento han llegado a sus límites. Los bancos centrales y los gobiernos en el mundo desarrollado respondían a la crisis financiera reduciendo drásticamente los tipos de interés (Diagrama 9), creando facilidades innovadoras para mantener el crédito fluyendo, y en algunos casos sacando de la ecuación a agentes financieros y no financieros. Se probaron diferentes mezclas de austeridad y reformas estructurales. Cuando se demostraron insuficientes para reiniciar el crecimiento, los líderes del mundo entero intentaron nuevos y a veces superpuestos experimentos políticos, en busca de una solución más efectiva. Y siguen debatiendo sobre alternativas, algunas aún no probadas. La lista combinada es larga e incluye facilitación cuantitativa (QE), dinero en helicóptero (también llamado el QE del pueblo), mutualizacion de deuda (Europa), monetización de deuda (Japón), salario mínimo garantizado (Brasil), y enormes programas de estímulo combinados con una revisión normativa (los Estados Unidos).

Diagrama 9

Fuente: Traducido de McKinsey

Estamos entrando en un terreno inexplorado también en otras áreas. A medida que el mundo envejece, se necesitarán nuevos enfoques para dar sustento a los jubilados que no han ahorrado bastante o que cuenta con los beneficios de la pensión y la sanidad que parecen insostenibles sin cargar brutalmente a los trabajadores de hoy y mañana. O fijémonos en el gasto en infraestructuras. El McKinsey Global Institute (MGI) piensa que el mundo necesitará gastar 3300 millones de dólares anuales entre 2016 y 2030 para seguir el ritmo del crecimiento proyectado -cerca de 1 billón de dólares más de lo que hemos estado gastando anualmente. La investigacion del MGI también sugiere que el gasto en infraestructuras puede recortarse hasta un 40 por ciento a través de un mejor diseño y ejecución de los proyectos – áreas que están en su punto para la experimentación público-privada.

Los resultados de la experimentación – con respecto al crecimiento, envejecimiento, infraestructuras, desigualdad de ingresos, y más- tendrán consecuencias espectaculares par anuestro mundo, para el entorno de los negocios y para el desempeño de las empresas. el análisis de nuestros colegas sugiere que el 30 por ciento de los beneficios empresariales puede orientarse hacia los problemas sociales y normativos, y que las acciones de las empresas que se conecten de forma efectiva con todos sus grupos de interés superarán a sus competidores en más de un 2 por ciento anual en promedio. Los empleados, también, recompensarán a las empresas que sean parte de los experimentos que están en camino. Cerca de un 85 por ciento de los empleados que trabajan en empresas comprometidas en problemas sociales dicen que están determinados a lograr su estrategia de liderazgo, motivados para el logro y tienen confianza en el futuro de su empresa -cerca de un 20 por ciento más en cada caso que los empleados de las empresas no comprometidas (5).

Saltos de crecimiento. Ruptura acelerada. Un nuevo orden social. Estas son fuerzas poderosas que requieren respuestas meditadas y que contienen las semillas de extraordinarias oportunidades. Los líderes que persiguen estas oportunidades deben cuestionar sus propias suposiciones e imaginar nuevas posibilidades. Los que lo hagan competirán con más efectividad; también serán más capaces de contribuir a soluciones más amplias, y en última instancia para una nueva y más inclusiva narrativa del progreso.

Neoliberalismo, la raíz de muchos de nuestros problemas actuales 

Este artículo de abril de este año escrito por George Monbiot en theguardian y que compartió un amigo mío hace poco me ha dejado pensativo. Me gusta que esté repleto de citas, citas que a lo mejor no entiendo, y con esa ignorancia me dedico a excavar, a indagar, a explorar un día sobre este ensayo periodístico que tiene visos de lucidez. Y lo primero que hago es ponerme a traducirlo de su inglés original.

Neoliberalismo – la ideología que está en la raíz de todos nuestros problemas

La crisis financiera, el desastre ambiental e incluso el ascenso de Donald Trump – el neoliberalismo ha jugado su papel en todos ellos. ¿Por qué ha fallado la izquierda a la hora de plantear una alternativa?

Fuente: blogspot.com

Fuente: blogspot.com

Imagina que la gente de la Unión Soviética no hubiese oído nunca hablar de comunismo. La ideología que domina nuestras vidas no tiene, para muchos de nosotros, nombre alguno. Menciónala en una conversación y se te recompensará con un encogimiento de hombros. Incluso si tus oyentes han oído el término antes, les costará trabajo definirlo. Neoliberalismo: ¿sabes lo que es?

Su anonimato es tanto un síntoma como causa de su poder. Ha jugado un papel protagonista en una considerable variedad de crisis: la crisis financiera de 2007, la deslocalización de la riqueza y el poder, de la que los Papeles de Panamá ofrecen poco más que un vistazo, el lento derrumbamiento de la sanidad y educación públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, la ruina de los ecosistemas, el ascenso de Donald Trump. Pero respondemos a esas crisis como si emergiesen de forma asilada, inconscientes al parecer de que todas han sido catalizadas o exacerbadas por la misma filosofía; una filosofía que tiene -o tenía- un nombre. ¿Qué mayor poder que actuar sin nombre?

La desigualdad se rebautiza como algo virtuoso. El mercado asegura que todo el mundo obtiene lo que merece. El neoliberalismo ha resultado tan generalizado que raramente lo reconocemos como una ideología. Parece que aceptamos la proposición de que esta fe utópìca, milenaria describe una fuerza neutral: una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero la filosofía surgió como un intento consciente de modelar la vida humana y cambiar el centro del poder.

El Neoliberalismo ve la competición como la característica que define las relaciones humanas. Redefine a los ciudadanos como consumidores, cuyas elecciones democráticas se ejercen mejor comprando y vendiendo, un proceso que premia el mérito y castiga la ineficiencia. Mantiene que “el mercado” entrega beneficios que nunca se podrían lograr mediante la planificación.

Los intentos de limitar la competencia se tratan como atentados contra la libertad. Los impuestos y las leyes deberían minimizarse, los servicios públicos se deberían privatizar. La organización del trabajo y el regateo colectivo de los sindicatos se muestran como distorsiones del mercado que impiden la formación  una jerarquía natural de ganadores y perdedores. La desigualdad se rebautiza como algo virtuoso: una recompensa a la utilidad y un generador de riqueza, que chorrea para enriquecer a todo el mundo. Los esfuerzos para crear una sociedad mas igualitaria son tanto contraproducentes como corrosivos moralmente. El mercado asegura que todo el mundo obtiene lo que merece.

Asumimos como propios y reproducimos su credo. Los ricos se convencen a sí mismos de que obtuvieron su riqueza a través del mérito, ignorando las ventajas – como la educación, la herencia y la clase social – que les han ayudado a asegurarla. Los pobres empiezan a culparse a sí mismos por sus fracasos, incluso si pueden hacer poco por cambiar sus circunstancias.

No importa el paro estructural: si no tienes un trabajo es porque eres poco emprendedor. No importa el imposible coste del alojamiento: si tu tarjeta de crédito está al límite, eres inútil y poco previsor. No importa que tus hijos ya no tengan un campo de juego escolar: si engordan, es por tu culpa. En un mundo gobernado por la competitividad, los que quedan atrás son definidos y se definen a sí mismos como perdedores.

Entre los resultados, como Paul Verhaeghe documenta en su libro “What About Me?” está la epidemia de la autolesión, los desórdenes alimenticios, la depresión, la soledad, la ansiedad por el rendimiento y la fobia social. Quizá no sea sorprendente que Inglaterra, en la que la ideología neoliberal se aplicado con el máximo rigor, sea la capital de la soledad de Europa. Todos somos neoliberales ahora.

El término neoliberalismo se acuñó en una reunión en París en 1938. Entre los delegados había dos hombres que alcanzaron a definir la ideología, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Ambos exiliados de Austria, vieron la socialdemocracia, ejemplificada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el gradual desarrollo del estado del bienestar de Inglaterra como manifestaciones de un colectivismo que ocupaba el mismo espectro que el nazismo y el comunismo.

Los padres del bicho sin nombre ni reemplazo. Fuente: i.ytimg.com

Los padres del bicho sin nombre ni reemplazo. Fuente: i.ytimg.com

En “The Road to Serfdom“, publicado en 1944, Hayek sostenía que la planificación del gobierno, aplastando al individualismo, conduciría inexorablemente al control totalitario. Como el libro “Bureaucracy“, de Mises, “The Road to Serfdom“, fue ampliamente leído. Llamó la atención de algunas personas muy ricas, que veían en la filosofía una oportunidad para librarse de las leyes y los impuestos. Cuando, en 1947, Hayek fundó la primera organización que diseminaría la doctrina del neoliberalismo – Mont Pelerin Society – recibía el apoyo financiero de millonarios y sus fundaciones.

Con su ayuda, empezó a crear lo que Daniel Stedman Jones describe en “Masters of the Universe” como “una especie de internacional neoliberal”: una red transatlántica de académicos, hombres de negocios, periodistas y activistas. Los ricos patrocinadores fundaron una serie de laboratorios de ideas que refinarían y promoverían la ideología. Entre ellos estaban el American Enterprise Institute, la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute.También financiaban puestos académicos y departamentos, en particular en las universidades de Chicago y Virginia.

A medida que evolucionaba, el neoliberalismo se fue volviendo más estridente. La visión de Hayek de que los gobiernos debían regular la competencia para prevenir la formación de monopolios abrió camino -entre apóstoles americanos como Milton Friedman– de que el poder monopolístico podría verse como una recompensa por la eficiencia.

Algo más ocurrió durante esta transición: el movimiento perdió su nombre. En 1951, Friedman estaba satisfecho de definirse como un neoliberal. Pero poco después de eso, el término empezó a desaparecer. Y lo que es aún más extraño, incluso cuando la ideología se volvió más radical y el movimiento más coherente, el nombre no fue sustituido por ninguna alternativa común.

Al principio, a pesar de su magnífica financiación, el neoliberalismo permaneció al margen. El consenso de la posguerra era casi universal: las prescripciones económicas de John Maynard Keynes fueron ampliamente aplicadas, el pleno empleo y el alivio de la pobreza eran objetivos comunes en los EEUU y en gran parte de la Europa occidental, las cuotas de impuestos a los más ricos eran altas y los gobiernos recaudaban resultados sociales sin dificultad, desarrollando nuevos servicios públicos y redes de seguridad.

Joseph Maynard Keynes. Fuente: www.claseshistoria.com

Joseph Maynard Keynes. Fuente: http://www.claseshistoria.com

Pero en los años 1970, cuando las políticas keynesianas empezaron a derrumbarse y las crisis económicas golpearon a ambos lados del Atlántico, las ideas ideas neoliberales comenzaron a entrar en la corriente principal. Como señalaba Friedman, “cuando llegó el tiempo en que tenías que cambiar, había una alternativa lista para ser escogida”. Con la ayuda de periodistas comprensivos y consejeros políticos, nociones de liberalismo, especialmente sus prescripciones para la política monetaria, se adoptaron por la administración de Jimmy Carter en los EEUU y por el gobierno de Jim Callaghan en el Reino Unido.

Después de que Margaret Thatcher y Ronald Reagan llegasen al poder, el resto del paquete llegó enseguida: enormes recortes de impuestos para los ricos, el aplastamiento de los sindicatos, la desregulacion, la privatización, la externalización y la competencia en los servicios públicos. A través del FMI, el Banco Mundial, el tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio, se impusieron las políticas neoliberales -a menudo sin consenso democrático- en gran parte del mundo. Sumamente destacable fue su adopción por partidos que antes pertenecieron a la izquierda: los laboristas y los demócratas, por ejemplo. Como apunta, Stedman Jones, “es difícil pensar en otra utopía que se haya llevado a cabo tan por completo”.

Puede parecer extraño que una doctrina que promete la elección y la libertad haya sido promovida con el eslogan “no hay alternativa”. Pero, como comentaba Hayek en una visita al Chile de Pinochet -una de las primeras naciones en las que el programa fue aplicado en su totalidad- “mi preferencia personal tiende más a una dictadura liberal que un gobierno democrático desprovisto de liberalismo”. La libertad que el neoliberalismo ofrece, la cual suena tan trapacera cuando se expresa en términos generales, resulta significar libertad para los pudientes, no para la chusma.

La libertad para los sindicatos y el regateo colectivo significa la libertad para suprimir los salarios. La libertad de las leyes significa la libertad para envenenar los ríos, poner a los trabajadores en peligro, cargar tasas de interés inicuas y diseñar instrumentos de financiación exóticos. Librarse de los impuestos significa librarse de distribuir la riqueza que saca a la gente de la pobreza.

Como Naomi Klein documentó en The Shock Doctrine, los neoliberales abogaban por el uso de las crisis para imponer políticas impopulares mientras la gente estaba distraída: por ejemplo, en las secuelas del golpe de Pinochet, la guerra de Irak y el huracán Katrina, que Friedman describía como “una oportunidad para reformar radicalmente el sistema educativo” en Nueva Orleans.

Donde no se puedan imponer las políticas neoliberales domésticamente, se imponen internacionalmente, mediante tratados de comercio que incorporen “arbitrajes de disputas entre inversores y estados“: tribunales extranjeros en los que las corporaciones pueden presionar para la retirada de protecciones sociales y ambientales. Cuando los parlamentos han votado restringir la venta de cigarrillos, proteger los recursos hídricos de las compañías mineras, congelar las facturas eléctricas o impedir que las firmas farmacéuticas estafar al estado, las empresas han demandado, a menudo con éxito. La democracia se reduce a un teatro.

El neoliberalismo no se concibió como un chanchullo de autoservicio, pero rápidamente se convirtió en uno. Otra paradoja del neoliberalismo es que la competencia universal se basa en la cuantificación y comparación universal. El resultado es que los trabajadores, los que buscan empleo y los servicios públicos de todo tipo está sujetos a un régimen quisquilloso y asfixiante de evaluación y supervisión, diseñado para identificar a los ganadores y castigar a los perdedores. La doctrina que Von Mises propuso, y que nos liberaría de la pesadilla burocrática de la planificación centralizada, ha creado en cambio una.

El crecimiento económico ha sido marcadamente más lento en la era neoliberal (desde 1980 en Reino Unido y los EE.UU.) que en las décadas precedentes, pero no para los muy ricos. La desigualdad en la distribución de tanto el ingreso como la riqueza, en 60 años de decadencia, creció rápidamente en esta era, debido a la aniquilación de los sindicatos, las reducción de impuestos, la subida de alquileres, la privatización y la desregulación.

La privatización o la mercantilización de servicios públicos como la energía, el agua, los trenes, la salud, la educación, las carreteras y las prisiones ha permitido a las empresas establecer cabinas de peaje frente a los activos esenciales y cobrar alquileres, ya sea a los ciudadanos o a los gobiernos, por su uso. El alquiler es otra forma de llamar a un ingreso no ganado. Cuando pagas un precio inflado por un billete de tren, sólo parte de la tarifa compensa a los operadores por el dinero que gastan en combustible, salarios, el parque móvil y otros elementos. El resto refleja el hecho de que te tienen fuera de control.

Los que poseen y explotan los servicios privatizados o semi-privatizados amasan magníficas fortunas invirtiendo poco y cobrando mucho. En Rusia y la India, los oligarcas adquirieron activos estatales a precio de ganga. En Méjico, a Carlos Slim se le concedió el control de casi todos los servicios de teléfono y pronto se convirtió en el hombre más rico del mundo.

La “financierización”, como indica Andrew Sayer en “Why We Can’t Afford the Rich“, ha tenido un impacto similar. “Como el alquiler”, argumenta, “el interés es un ingreso  no ganado que crece sin ningún esfuerzo”. A medida que los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos, los ricos adquieren un control creciente sobre otro activo crucial: el dinero. Los pagos de intereses, abrumadoramente, son un transferencia de dinero de los pobres a los ricos. A medida que los precios de las propiedades y la retirada de financiación estatal cargan a la gente con deudas (piensa en el cambio de becas de estudio a préstamos de estudio), los bancos y sus ejecutivos hacen limpieza.

Sayer asevera que las cuatro últimas décadas se han caracterizado por una transferencia de la riqueza no sólo de los pobres a los ricos, sino entre los rangos de los ricos: desde los que hacen su dinero produciendo nuevos bienes o servicios a los que hacen su dinero controlando los activos existentes y recopilando alquiler, interés o ganacias de capital. El ingreso ganado se ha suplantado por el ingreso no ganado.

Las políticas neoliberales están en todas partes acosadas por fracasos del mercado. No sólo son los bancos demasiado grandes para fallar, sino también las empresas ahora encargadas de prestar servicios públicos. Como Tony Judt resaltó en Ill Fares the Land, Hayek olvió que los servicios vitales nacionales no pueden dejarse derrumbar, lo que significa que la competición no puede seguir su curso. Los negocios captan los beneficios, el estado conserva el riesgo.

Cuanto mayor el fracaso, más extrema se vuelve la ideología. Los gobiernos usan las crisis neoliberales tanto como excusa como como oportunidad para reducir los impuestos, privatizar los servicios públicos que quedan, perforan la red de seguridad social, desregulan corporaciones y re-regulan a los ciudadanos. El estado que se odia a sí mismo hinca ahora el diente a cada órgano del sector público.

Quizás el impacto más peligroso del neoliberalismo no sean las crisis económicas que ha causado, sino la crisis política. A medida que se reduce el ámbito de actuación del estado, nuestra capacidad de cambiar el curso de nuestras vidas a través del voto también se contrae. En lugar de eso, la teoría neoliberal afirma que la gente puede ejercer su derecho a elegir mediante el gasto. Pero algunos tienen más para gastar que otros: en la democracia del gran consumidor o del accionista, los votos no están repartidos por igual. El resultado es una reducción del poder de los pobres y la clase media. A medida que los partidos de la derecha y la antigua izquierda adoptan políticas neoliberales similares, la reducción de poder se transforma en la privación de derechos. Grandes cantidades de personas han sido apartadas de la política.

Chris Hedges constata que “los movimientos fascistas no construyen su base sobre los políticamente activos, sino sobre los inactivos, los ‘perdedores’, que sienten, a menudo correctamente, que no tienen voz ni papel que jugar en la política establecida”. Cuando el debate político ya no nos habla a nosotros, la gente se vuelve receptiva a los eslóganes, los símbolos y la sensación. Para los admiradores de Trump, por ejemplo, los hechos y los argumentos parecen irrelevantes.

Judt explicó que cuando la espesa malla de interacciones entre las personas y el estado se ha reducido a nada más que autoridad y obediencia, la única fuerza que nos une es el poder del estado. El totalitarismo que Hayek temí tiene más probabilidades de emerger cuando los gobiernos, habiendo perdido la autoridad moral que nace de proporcionar servicios públicos, se reducen a “engatusar, amenzar y finalmente coaccionar a la gente para que les obedezcan”.

Como el comunismo, el neoliberalismo es el Dios que fracasó. Pero la doctrina zombie sigue deambulando, y una de las razones para ello es su anonimato. O mejor, un racimo de anonimatos.

Partidarios invisibles promueven la doctrina invisible de la mano invisible. Lenta, muy lentamente, hemos empezado a descubrir los nombres de algunos de ellos. Encontramos que el Institute of Economic Affairs, el cual ha protestado vigorosamente contra regulaciones adicionales de la industria tabacalera, ha sido financiado secretamente por British American Tobacco desde 1963. Descubrimos que Charles y David Koch, dos de los hombres más ricos del mundo, fundaron el instituto que montó el movimiento Tea Party. Nos enteramos de que Charles Koch, estableciendo uno de sus laboratorios de ideas, apuntó que “para evitar críticas indeseables, la forma en que la organización de controla y dirige no debería publicitarse abiertamente”.

Las palabras usadas por el neoliberalismo suelen ocultar más de lo que revelan. “El mercado” suena como un sistema natural que podría sustentarnos por igual, como la gravedad o la presión atmosférica. Pero está tenso con relaciones de poder. Lo que “el mercado quiere” tiende a significar lo que las corporaciones y sus jefes quieren. “Inversión”, como anota Sayer, significa dos cosas diferentes. Una es la financiación de actividades productivas y útiles para la sociedad, la otra es la adquisición de activos existentes para ordeñarlos mediante alquileres, intereses, dividendos y ganancias de capital. Usar la misma palabra para actividades diferentes “camufla las fuentes de la riqueza”, llevándonos a confundir la extracción de riqueza con la creación de riqueza.

Hace un siglo, los nuevos ricos fueron despreciados por los que habían heredado su dinero. Los emprendedores obtuvieron aceptación social haciéndose pasar por rentistas. Hoy, la relación se ha invertido: los rentistas y los herederos se hacen pasar por enmprendedores. Proclaman haber ganado su ingreso no ganado.

Estos anonimatos y confusiones se trenzan con la falta de nombre y localización del capitalismo moderno: el modelo de franquicias que asegura que los trabajadores no saben para quién trabajan; las empresas registradas a través de una red de regímenes secretos en ultramar tan complejos que ni la policía puede descubrir a sus propietarios y beneficiarios; los acuerdos fiscales que embaucan a los gobiernos; los productos financieros que nadie entiende.

El anonimato del neoliberalismo se protege fieramente. Los influidos por Hayek, Mises y Friedman tienden a rechazar el término, manteniendo – con algo de justicia – que hoy aún es un término peyorativo. Pero no nos ofrecen con qué sustituirlo. Algunos se describen como liberales clásicos o libertarios, pero ambas descripciones son engañosas y curiosamente modestas, ya que sugieren que no hay nada nuevo en The Road to Serfdom, Bureaucracy o los trabajos clásicos de Friedman, “Capitalism” y “Freedom“.

Por todo eso, hay algo admirable en el proyecto neoliberal, al menos en sus etapas iniciales. Era una filosofía distintiva, innovadora, promovida por una red coherente de pensadores y activistas con un claro plan de acción. Era claro y persistente. The Road to Serfdom se convirtió en el camino al poder.

El triunfo del neoliberalismo también refleja el fracaso de la izquierda. Cuando la economía del laissez-faire condujo a la catástrofe en 1929, Keynes concibió una teoría económica para sustituirla. Cuando la gestión de la demanda keynesiana llegó a sus límites en los 70, había una alternativ preparado. Pero cuando el neoliberalismo cayó en 2008 había… nada. Por eso el zombie sigue caminando. La izquierda y el centro no producido ningún nuevo marco general de pensamiento económico en 80 años.

Cada invocación de Lord Keynes es un reconocimiento del fracaso. Proponer soluciones keynesianas a las crisis del siglo XXI es ignorar tres problemas obvios. Es difícil movilizar a la gente detrás de ideas anticuadas; los defectos sacados a la luz en los 70 no se han ido; y, sobre todo, no tienen nada que decir sobre nuestro más grave problema: la crisis ambiental. El keynesianismo funciona estimulando la demanda del consumo para promover el crecimiento económico. La demanda del consumo y el crecimiento económico son los motores de la destrucción ambiental.

Lo que la historia del keynesianismo y el neoliberalismo muestran es que no basta con oponerse a un sistema roto. Debe proponerse una alternativa coherente. Para los laboristas, los demócratas y la mas amplia izquierda, la tarea principal debería ser desarrollar un programa económico Apolo, un intento consciente de diseñar un nuevo sistema, adaptado a las necesidades del siglo XXI.

Y, de postre a esta traducción que acabo de terminar, os dejo este enlace a un post que ha escrito un gran amigo mío sobre el capitalismo.

Globalización del agua, por Arjen Hoekstra y Ashok K. Chapagain

Este es un libro que me llegó hace más de 6 años, cuando la empresa me ofreció realizar un master sobre gestión del agua. Tenemos un servicio de biblioteca nutrido de miles de referencias punteras en gestión del agua, diseño, organización empresarial, manuales técnicos. Una tentadora Alejandría de la que salió hace ya demasiado tiempo un ejemplar de esta obra de 2001 que fui leyendo a trozos. El otro día por fin lo devolví, ya era hora. Fue mi buena obra del día, como otro renglón que tacharía Earl en la lista que lleva en el bolsillo de su camisa.

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Casi todos hemos oído hablar del concepto de la huella de carbono, que representa las emisiones de gases de efecto invernadero como consecuencia de nuestras actividades, la forma de desplazarnos, de dónde viene la fruta de verano que comemos en invierno con la calefacción a todo vapor y la ropa que nos ponemos, hecha por modernos esclavos que no vemos pese a lo conectadísimo que está nuestro mundo.

En waterfootprint.org explican el concepto de la huella hídrica, que es análogo. Es una medida que representa la apropiación humana de agua limpia en volúmenes de agua consumida o contaminada. No es ni mucho menos algo sencillo de calcular, pero en 2001 Arjen Hoekstra y Ashok K. Chapagain tenían hechas las cuentas y unas conclusiones que debían compartir por el impacto en nuestra forma de ver nuestro ilimitado derecho al disfrute de bienes y servicios, medido exclusivamente en términos monetarios.

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La huella hídrica de un producto o servicio puede ser directa o indirecta, según si se incorpora el agua o si se utiliza y desecha posteriormente.

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Fuente: waterfootprint.org

La huella puede ser verde, azul o gris.

La huella hídrica verde es agua procedente de la precipitación que se almacena en la zona no saturada del suelo y se evapora, transpira o se incorpora a los tejidos de las plantas. Es particularmente relevante para los productos agrícolas, hortícolas y forestales.

La huella hídrica azul is es agua que ha sido captada de recursos superficiales o subterráneos y que o bien se evapora, bien se incorpora en un producto o se toma de una masa de agua y se devuelve a otra, o se devuelve en un instante distinto. La agricultura de regadío, la industria y el consumo doméstico pueden tener cada uno su huella hídrica azul.

La huella hídrica gris es la cantidad de agua limpia necesaria para asimilar los contaminantes para alcanzar estándares específicos de calidad de aguas. La huella hídrica gris considera contaminación de fuentes puntuales descargadas a un recurso de agua directamente a través de un tubo o indirectamente a través de escorrentía o infiltración en el terreno, superficies impermeables u otras fuentes difusas.

Mediante el concepto de agua virtual incorporada a una mercancía, es posible trazar mapas del tráfico virtual entre los países del mundo y ver cuán descompensados están los balances en numerosos países. Con los ejemplos de Holanda, que trafica con el café del mundo entero y básicamente con gigametros cúbicos de agua virtual y Marruecos, que produce en su clima árido gran cantidad de hortalizas a costa de una inmensa incorporación de agua, o del norte y el sur de China, que trasvasan agua del norte lluvioso al sur productivo de alimentos para que el sur se lo revenda de vuelta, saltan a la vista aparentes disparates que los autores, siendo prudentes, atribuyen a causas políticas, estructurales o de otro tipo que no han sido incluidas en el análisis.

El caso es que las decisiones individuales de millones de personas, influenciadas por la creación de tendencias de mercado, por estándares de bienestar social abismalmente diferentes de un extremo del mundo al otro, pueden, sumadas, torcer al mundo de un modo incontrolable e irreversible. Algunos ejemplos me dejaron rascándome la coronilla: Un café consume cuatro veces más agua que un té. Para hacer una gota de café se necesitan 1100 gotas de agua. No voy a hablar de los miles de litros de agua que hacen falta para producir una hamburguesa o unos vaqueros. El 20% de la desecación del mar de Aral se debe indirectamente a los hábitos de consumo en los países de la UE25.

Y este libro tiene ahora datos con 15 años de edad. ¿Nos cruzaremos de brazos, cómodos con el pretexto de que los chinos y los americanos tienen la culpa? Una cosa que me ha sorprendido leyendo este libro es que pese a que la huella hídrica de China y la India son las mayores del mundo, si lo dividimos por su número de habitantes, tienen la menor huella individual (o de las menores). ¿Qué pasaría si en vez de dar el pisotón con que Mao amenazaba al mundo quisieran vivir al ritmo occidental?

Mindmap de wikinomics

Esto es una foto del mapa mental que usé para seguir la lectura de Wikinomics, de Don Tapscott.

image

1/12/12:

Lo he pasado a limpio en este mind map.

Wikinomía: ¿La multitud (ya sí) piensa y es inteligente?

Esta mañana he terminado de leer las 400 y pico páginas de “Wikinomics, la nueva economía de las multitudes inteligentes”, por los consultores canadienses Don Tapscott y Anthony D. Williams. Al escribir esto me entero (siempre tarde, cómo no) de que ahora han publicado “Macrowikinomics. Rebooting business and the world“, y creo que  es verdad que nos hace falta un reseteo.

Aquí abajo hay una foto parcial de la cubierta de Opalworks, con todos esos individuos pixelados esperando “co-crear”:

imageLa “wikinomía” que este libro intentaba capturar en 2007 es una especie de “tormenta perfecta”, una revolución mercantil más debida a un cambio de paradigma que no está muy claro si se ha producido del todo.

El caso es que los ejemplos que los autores cuentan y documentan casi suenan antiguos, o superados, ahora, más de cinco años después.

Y muchos otros ejemplos o visiones de futuro aún son hoy incipientes balbuceos, si no son por completo desconocidos en la mayoría de las empresas. Todavía vemos carteles de “enganchado a las redes sociales” como burdo reclamo de centros comerciales en que los mercaderes dan una connotación negativa a escuchar a su clientela allí donde hablan.

O en las empresas llamamos “wikis” a simples cementerios de documentos creados individualmente o recopilados a mano por los *freaks* de la casa a quienes los demás consideran como perdedores de tiempo y energía… Creo que va siendo hora de desarrollar nuevas habilidades, en persona y en equipo, la capacidad de retomar lo que otro a hecho o, mejor aún, de dejar que otro retome lo que estabas haciendo tú para continuarlo. Ojalá…

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General Electric le ha echado el ojo al agua

Parece que hay una clara tendencia. Después de que las constructoras parecen haberse desinflado del negocio del ciclo integral del agua, entran la utilities a asomarse.
El artículo de Díaz-Granados, presidente de GE en España y Portugal, en el suplemento de Negocios de hoy en El País, deja bien claro que es un polo de atracción. Después de negociar con el permiso para emitir CO2, ahora toca gestionar eficientemente y exportar conocimiento.

Krugman predice la tercera gran depresión

En su blog,  Paul Krugman anuncia la tercera gran depresión, más parecida a la larga depresión del XIX que a la aguda y profunda depresión de 1929. Paro a mansalva y gobernantes recurriendo a viejas doctrinas económicas, siendo ineficaces y apelando a ejemplos anecdóticos de Grecia y los países del borde de Europa (eso nos incluye a los españoles?).

No parece tanto que intente ser agorero como que pretenda influir en los próceres paralizados que usan recetas viejas para otros males económicos. Mejor será emplear bien el dinero que reducir el gasto, propone. ¿Le harán caso y dará resultado?