El caso de la reinvención digital, por McKinsey

Este artículo de Jacques Bughin, Laura LaBerge y Anette Mellbye publicado en la edición de febrero de 2017 de McKinsey quarterly trata de lo mucho que le queda por hacer a la industria en materia de transformación digital y la mejor forma de enfrentarse a la presión que la digitalización impondrá sobre los ingresos y los beneficios.

El caso de la reinvención digital

La tecnología digital, a pesar de su aparente omnipresencia, sólo ha empezado a penetrar en las industrias. A medida que continúa su avance, las implicaciones para los ingresos, beneficios y oportunidades serán extraordinarias.

A medida que emergen nuevos mercados, los nichos de beneficio cambian y las tecnologías digitales ganan terreno en la vida cotidiana, es fácil suponer que la digitalización de la economía está ya muy avanzada. De acuerdo con nuestra más reciente investigación, sin embargo, las fuerzas digitales todavía tienen que convertirse en la corriente principal. En promedio, las industrias están digitalizadas menos de un 40%, a pesar de la relativamente profunda penetración de estas tecnologías en medios, minoristas y alta tecnología.

A medida que la digitalización penetra más completamente, estropeará los ingresos y el crecimiento de algunos, especialmente, el cuartil inferior de las empresas, según nuestra investigación, mientras que el cuartil superior captura ganancias desproporcionadas. Las estrategias digitales audaces, estrechamente integradas serán el mayor factor diferencial entre las empresas que ganen y las que no, y las mayores retribuciones irán a los que inicien las rupturas digitales. Los seguidores rápidos con excelencia operacional y una excelente salud organizativa no les seguirán de muy lejos.

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Gamificación en Agbar y Suez

KTM advance es una empresa de creación de “juegos serios” que hizo este juego de Suez ambassadors allá por 2011. Se trata de que los empleados del grupo lo conozcan mejor y sean capaces de contar a sus contactos sus 4 objetivos y 12 compromisos (los que tenía entonces, antes de que empezara la “revolución del recurso” en que anda inmerso). Interesante iniciativa en la que jugando aprendemos más que en severos comité de ceño fruncido.

El caso es que ya tenemos un buen puñado de iniciativas que intentan ayudarnos a entender mejor los procesos, o a alcanzar un mejor desempeño en ellos, por medio del desafío lúdico que suponen. Los juegos tienen una importancia fundamental en los procesos de aprendizaje.

Por ejemplo, Pixi es una app que está disponible en Android y iTunes donde podrás consultar el consumo de agua de tu hogar gracias a tecnologías avanzadas (la telelectura) que ofrecen un detalle diario y compararlo con hogares similares al tuyo. Según las características, tu familia Pixi se identificará con un avatar que te permitirá participar en retos y foros para conseguir puntos y canjearlos por premios.

Captura de pantalla de Pixi. Fuente: itunes store

Captura de pantalla de Pixi. Fuente: itunes store

Durante el juego se activa la atención, debido a la curiosidad que supone experimentar con las reglas del juego, con la comprensión de qué es lo que hace ganar, o el descubrimiento de consecuencias inesperadas y que no hacen daño directamente.

Puede ser precisamente eso lo que capacita a la generación de los nativos digitales para entender intuitivamente cómo funcionan los ordenadores, la falta de miedo a unas desgracias insuperables que los GenX sí que tememos. Parece que interactuar con un sistema no les hace pensar en el siniestro HAL de “2001, una odisea del espacio”.

Autobiography, por Stephen Morrissey

Hace poco he terminado de leer en inglés el Autobiography, de Morrissey, animado por las reseñas que hablaban de jugosos cotilleos, de un polémico libro y, por qué no reconocerlo, atraído por mi fanatismo por los Smiths, que me salvaron del naufragio en mi adolescencia del instituto, y que me dieron permiso para ser un poco más pedante, para estar orgulloso de llevar gafas, para raparme el pelo de la nuca y los parietales al tiempo que me dejaba un imposible flequillo jopo tupé que yo creía me volvía muy interesante y sofisticado. Me gustaban esas canciones egocéntricas donde Morrissey se llamaba a sí mismo bocazas, pero pedía misericordia y que no le quemasen como a Juana de Arco. También recorría encantado las ramificaciones de las guitarras imposibles de Johnny Marr, siempre en segundo plano pero mereciendo un instrumental para él solo.

Menciones honoríficas

Dicen en theguardian que Mozz desprecia a la mayor parte de la gente con la que se encuentra, y a menudo por buenas razones. Es larga la lista de personas que menciona en el libro. Me he apuntado unas cuantas, y con cada una se despacha a placer, es bien cierto. Vemos cómo cumplió su sueño de grabar música con su ídolo de juventud David Bowie, como su relación creativa con Johnny Marr acaba en decepción cuando le dejó plantado en el juicio, en opinión de Mozzer, claro está. Andy Rourke y Mike Joyce se enzarzaron con él en un doloroso pleito por el reparto de los royalties, y en ese juicio el juez John Streets se extralimitó describiéndole como una persona de la que desconfiar, mentirosa y manipuladora, cuando todo lo que requería de su señoría el proceso era dirimir si correspondía o no repartir más dinero a sus compañeros de banda. El abogado de los demandantes, un tal Nigel Davis tenía una extraordinaria habilidad para humillar al testigo o al demandado, y para tergiversar cada frase que pronunciase para convertirla en argumentos favorables a su causa. Paul McCartney le propuso por mediación de una tercera persona hacerse una foto juntos y cuando Morrissey aceptó le dijo que ya no le interesaba. Los New York Dolls que seguían vivos eran más canallas de lo que cabía esperar, John Peel hizo bien poco por programar las canciones de Smiths en la radio, Rough Trade fue un desastre promocionando el disco, y Sire en Estados Unidos aún peor. Pero a pesar de eso las canciones volaron hasta sus oyentes, crearon adictos a sus mensajes irónicos, depresivos, poéticos y revolucionarios.

Mi opinión

Este libro, escrito con un vocabulario formal y a veces arcaico, lleno de matices y referencias a la obra pop de su autor, parece a menudo la venganza que muchos niños imaginan: “Cuando sea mayor, te vas a enterar. Me entrevistarán en la tele y contaré con todo lujo de detalles tus ofensas y las frustraciones que sufrí por tu culpa. Como cuando esperaba un juguete y me regalaste un pijama, como cuando me gustaba aquella chica y el abusón de la clase me puso en ridículo delante de ella, etc.”. Y lo cierto es que para mí ha sido una lectura muy adictiva, pese a la barrera que el idioma supone para mí, tenía ganas de saber más durante casi todo el libro.

Es cierto que el tramo judicial con el pleito del bajista de relevo y la cruel descripción que el juez John Streets de Morrissey se hacen más pesados de la cuenta. Probablemente los hechos fuesen más pesados para él, viéndose expuesto al público escarnio, abandonado (a su entender) por sus compañeros de grupo en una mezquina (también a su entender) reclamación económica por la contribución de cada uno a la creación de las canciones. Morrissey y Marr se llevaban la mayor parte de los ingresos, y el bajista y el batería un 10% cada uno. ¿Quién decidía el rumbo del grupo, el arte (siempre llamativo, personalísimo, por cierto) de las portadas de los discos, quién atendía a la prensa y les regalaba docenas de titulares con los que desollarle mostrándole como un personaje rarito, racista, egocéntrico, insoportable?

Esa es probablemente la principal esencia de los Smiths, la de sostener opiniones aparentemente escandalosas, o propias de otro tiempo, y defenderlas contra viento y marea, con la firme convicción de estar en lo cierto. ¿O es que no es escandaloso que matemos cada día miles de animales para comérnoslos triturados, o, peor aún, para tirar a la basura las sobras? Pues eso dice Meat is Murder. Y el ultraortodoxo Mozzer se levanta de la mesa y se marcha del restaurante si te ve pedir ancas de rana, o foie gras de oca, o cualquier otra de esas crueldades insostenibles que tan normales nos parecen. Será porque lo que tenemos delante de las narices no se ve. Necesitamos raritos, gente que cuestione lo que damos por sentado. Pero normalmente lo que hacemos es burlarnos de ellos y machacarlos.

Morrissey presenta, a mi modo de ver, una curiosa mezcla entre razón y emoción, ese cóctel egocéntrico de crueldad despiadada con los demás y extrema sensibilidad para uno mismo me suena de algo. Yo también tengo la piel fina y reparto sin cuartel chanzas y sarcasmos, especialmente con las personas a las que más aprecio. Y no me doy cuenta del daño que les causo. Y además, si alguna vez me devuelven mi propia medicina mi reacción inicial es considerarles seres crueles y vengativos. Pero mi dolor en ese momento es el mismo que el suyo. De eso me doy cuenta sentado aquí tranquilamente para escribir mis 500 palabras diarias, demasiado tarde para aquella vez. ¿A lo mejor a tiempo para la próxima?

Apéndice: Música, música, musica

The Smiths no editaron muchísimos discos que digamos. Sin embargo, causaron, en mi opinión, una considerable revolución en la música popular, consiguiendo sacarla de letras sin sentido y sonidos innecesariamente repetitivos. Puede que la tristeza que sobrevuela muchas de sus piezas sea un lastre, o que el afán de protagonismo de su frontman le hiciera empeñarse en lanzar eslóganes rimbombantes, que a pesar de todo han envejecido mejor que su autor.

Los Smiths en Spotify.

La verdad es que puedo saturar este post de vídeos de The Smiths, y de hecho me he dado el placer de colgar un buen montón a continuación:

El muchacho incómodo (nada del chico de la espina en el costado)

Por fin ha muerto la reina, muchachos, y se está muy solo colgando al final de una rama:

Pide por esa boca (la timidez está muy bien, y además te puede impedir hacer en la vida las cosas que te gustaría hacer)

Cleptómanos del mundo, uníos y tomad el poder

¿Y cuál es la diferencia?

Pánico en las calles de Londres (ahorquemos al pinchadiscos)

El corruptor de mozuelos (ese hombre encantador)

Detenme si has oído ya esta historia, porque eres una persona malvada y si te mueres puede que me sienta un poco triste, pero no lloraré

Guillermo, en realidad no era nada

Morrissey en Spotify

Por último, os dejo aquí una reseña sobre el libro en Icon.

Tu hogar smart está donde está tu robot, por McKinsey

En este artículo de Jean-Baptiste Coumau, Hiroto Furuhashi, y Hugo Sarrazin para McKinsey se habla de una tendencia ya antigua que parece estar a punto de eclosionar: los hogares hiperconectados.

Tu hogar inteligente está donde está tu robot

Dentro de una década, nuestros espacios vitales estarán realzados por un conjunto de nuevos dispositivos y tecnologías, llevando a cabo un abanico de funciones domésticas y redefiniendo lo que significa sentirse como en casa.

La promesa de dispositivos que no sólo cumplan nuestras necesidades domésticas sino que se anticipen a ellas ha estado ahí durante décadas. Hasta la fecha, esa promesa sigue ampliamente incumplida. Los avances como el termostato Nest de Alphabet (empresa matriz de Google) y el asistente personal Alexa de amazon son notables, pero el mercado en conjunto de la tecnología para el hogar sigue fragmentado, y el potencial de un hogar realmente inteligente sigue pendiente de hacerse realidad.

Vídeo: El auge de los robots domésticos. Cómo los negocios pueden prepararse para la siguiente oleada de innovación
http://c.brightcove.com/services/viewer/federated_f9?isVid=1&isUI=1

Hay un punto de inflexión que podría estar a mano. La potencia aumentada de cálculo, la analítica avanzada de datos y la emergencia de la inteligencia artificial (IA) están empezando a cambiar la forma en que nos enfrentamos a nuestras ocupadas vidas. La visión que presentamos en este artículo puede parecer “ahí fuera”, pero simplemente representa la confluencia de esos desarrollos tecnológicos y la constatación de tendencias existentes. Esas tendencias, unidas con lo que está al borde del horizonte, según nuestra investigación, nos sugieren que dentro de una década, muchos de nosotros viviremos en “hogares inteligentes” que incorporarán un ecosistema inteligente y coordinado de software y dispositivos, o “homebots“, que gestionarán y realizarán tareas domésticas y que incluso establecerán vínculos emocionales con nosotros.

Un hogar inteligente será similar a un sistema nervioso central humano. Una plataforma central, o “cerebro”, estará en el núcleo. Robots domésticos individuales de distintas potencias de cálculo irradiarán de esa plataforma y realizarán una amplia variedad de tareas, incluidas las de supervisar a otros robots. Los robots domésticos pueden ser tan diversos como sus roles: grandes, pequeños, invisibles (como el software que se ejecuta en los sistemas o productos), compartidos y personales. Algunos robots domésticos serán acompañantes o asistentes, otros planificadores de riqueza y contables. Tendremos robots como entrenadores, limpiadores de ventanas y gerentes domésticos por toda la casa.

Ya estamos entrando en esta nueva era. En dos años, esperamos ver más elementos interconectarse en nuestro espacio vital – la primera etapa formativa de un nuevo ecosistema del hogar. En cinco años, numerosas herramientas y dispositivos en el hogar se verán afectados. Y en diez años, los hogares inteligentes se convertirán en un lugar común y normalmente contarán con dispositivos y sistemas con inteligencia independiente y apariencia de emociones.

Ese nivel de mejora del hogar representa oportunidades, amenazas y cambios sustanciales para los electrodomésticos y dispositivos que han sido parte de nuestra vida en el hogar durante generaciones. El nuevo hogar se construirá sobre un cimiento de plataformas y ecosistemas, cuyos productores necesitarán establecer nuevos niveles de confianza con sus clientes. La competición tendrá lugar no sólo por los consumidores que habitan el hogar inteligente sino por las interacciones entre los consumidores y los robots domésticos que cada vez más darán forma al comportamiento de compra. No es demasiado temprano para que un amplio abanico de agentes empiecen a sentar las bases para el éxito en el hogar del futuro.

Los robots que Kraftwerk celebraban hace más de 30 años ya están a la puerta de nuestra casa. Fuente: http://thestar.ie/

Los robots que Kraftwerk celebraban hace más de 30 años ya están a la puerta de nuestra casa. Fuente: http://thestar.ie/

El nuevo panorama de los robots domésticos

Cuando nos enfrentamos a los hogares inteligentes que están por venir, hay dos características fundamentales que destacan poderosamente.

Plataformas

Las plataforms proporcionarán el fundamento para integrar los distintos dispositivos al mismo tiempo que proporcionarán una interfaz coherente para el consumidor. Entre los que van en cabeza están Amazon, Apple, Google, y Samsung; las start-upsen varios puntos del ciclo de desarrollo serán también parte de la mezcla. Los ganadores entregarán omnipresencia a través de hardware de conectividad ubicua y transportable a cualquier lugar, así como integración, con bots colaborando entre sí y conectando a productos y servicios de terceros. Si el pasado reciente sirve de indicación, es probable que los estándares de  múltiples plataformas evolucionen. Esto presentará complejidad tanto para los clientes como los negocios pero también promoverá nuevas oportunidades, de nicho.

Ecosistemas de productos y servicios

Los desarrolladores crearán bots que se enchufarán a las nuevas y variadas plataformas. A corto plazo, esta combinación de plataformas y bots madurará en un ecosistema de productos y servicios. Las empresas de plataformas probablemente desarrollarán sus propios bots guiados por IA (los descendientes del Alexa de Amazon y el Siri de Apple, por ejemplo). Muchos otros creadores desarrollarán bots domésticos únicos que se integrarán en diversas plataformas, de forma muy similar a cómo las aplicaciones de hoy se han desarrollado para Android e iOS, las cuales soportan el impresionante ecosistema de dispositivos móviles que vemos ahora.

También es probable que emerja una jerarquía: podemos esperar un “bot maestro” que actúe como el director general, haciendo malabares con muchos servicios; “bots de servicio” que se manejen un conjunto de gfunciones relacionadas con alguna tarea más compleja como gestionar contenidos multimedia; y “bots de nicho” que realicen tareas simples, como limpiar las ventanas. Por ahora, dejemos aparte las magnificas visiones de un único robot como Rosie la Robot de Los Supersónicos sustituyendo a una ama de llaves humana con uniforme; pensemos en cambio en múltiples bots realizando tareas separables, específicas. Un alcance bien definido presenta mucho menos riesgo de error. “Si tienes un robto en casa”, apunta Gary Marcus, un profesor futurista de la universidad de Nueva York, “no puedes tenerle chocando demasiado con tus muebles. No quieres que meta a tu gato en el lavavajillas ni una vez”.

La confianza será imprescindible

Para comprender mejor la oportunidad del robot doméstico y los posibles obstáculos para su realización, dirigimos estudios domésticos y de diario móvil en Japón y los Estados Unidos con docenas de consumidores que ya están usando productos o servicios de IA donde viven. Encontramos que la satisfacción con los dispositivos inteligentes individuales es elevada. Hoy, la gente está bastante dispuesta a invitar a los robots domésticos a sus vidas para ocuparse de un amplio espectro de casos de uso: desde realizar tareas individuales hasta completar un conjunto más completo de tareas o incluso a gestionar ciertos elementos del cuidado de niños y personas mayores.

Pero también encontramos que hay una variable crucial que determinará la velocidad y extensión con la que los consumidores adoptarán verdaderament los hogares inteligentes gestionados por robots domésticos. El factor abrumadoramente determinante para la aceptación por los consumidores que salió a luz en nuestra investigación es la confianza. La confianza se basa inicialmente en la capacidad del robot para realizar su tarea, como es de esperar. Pero eso no siempre sale como estaba planeado. Pero una vez que la confianza se establece, la gente está dispuesta a ceder más responsabilidades a los dispositivos y sistemas movidos por IA. Una clave para crear esa confianza sera crear bots que sean más que meros autómatas. Después de todo, los humanos están programados para la emoción. nuestra investigación confirmó que los clientes están satisfechos cuando un bot completa una tarea, pero están encantados cuando hay un elemento emocional, más personal en cómo lo hace el robot.

Competir por medio de homebots

Al mismo tiempo que los competidores en el espacio del hogar inteligente están tratando de imaginar cómo crear confianza, también deben aprender cómo competir en un nuevo panorama donde los ganadores están influyendo en los propios homebots. A medida que las interacciones consumidor-homebot se conviertan en nuevo nexo de competición, una gama de agentes necesitarán nuevas habilidades en el diseño de bots, en lanzar al mercado productos y servicios para ellos, y construir modelos de negocio que exploten su posición en el centro del hogar.

Diseñar bots

Cada vez más, los diseñadores se adentrarán e incluso harán avanzar la ciencia de datos para desarrollar soluciones que vayan más allá de identificar percepciones estáticas. Probablemente eso conllevará soluciones que al menos en parte estén guiadas por IA, con el fin de reaccionar instantáneamente y evolucionar constantemente hacia lo que los consumidores necesiten. Comprendiendo a los consumidores mediante una gama de planteamientos que incluyan la investigación etnográfica y hallazgos generados por la IA, los diseñadores pueden ayudar a guiar a las empresas a través del complicado enredo de interacciones y los diversos modelos de adopción. Esperamos que las soluciones migren de los interfaces dominados por las pantallas a interacciones más físicas e incluso atmosféricas. Las empresas que tengan modelos de adopción más atractivos e intuitivos entre los robots y los consumidores -y que puedan lograr una penetración significativa antes que los demás- tendrán la ventaja competitiva.

Para convertirse en máquinas que sean realmente parte de las vidas domésticas de la gente y para establecer una confianza genuina, los bots necesitaran conectar y relacionarse con los humanos. Eso es difícil, y eso va más allá de la IA, adentrándose en la emoción articial (EA). La EA utilizar atributos como el tono, la actitud y los gestos que comunican emociones para construir una conexión emocional. Pensemos en Alexa. Varios de nuestros entrevistados nos dijeron que piensan en Alexa como una amiga. Eso no se desarrolla sólo proporcionando el horario de los trenes cuando se lo preguntas. Viene porque Alexa evoca una sensación de apoyo, por medio de su sensible omnipresencia y su matizada interacción vocal. Interactuar con Alexa es realmente como hablar con una amiga.

Poniendo en el mercado productos y servicios para bots

A medida que los consumidores confíen más en los bots y a cambio otorguen más control a los robots sobre la gestión de sus hogares, la gente se implicará menos en la toma activa de decisiones que ocurre en la vida doméstica cotidiana. Para los proveedores de bienes y servicios para el hogar, esto significa que los bots se convertirán cada vez más en el cliente- o al menos en un intermediario importante entre un negocio de venta y un comprador humano.

El marketing para bots da ciertamente un nuevo significado al término “llamadas robóticas”. Pero también plantea un riguroso desafío: ¿Cómo pueden los negocios posicionar sus productos y servicios para un robot de forma que el consumidor humano permita de forma pasiva o confirme activamente una operación de compra (ver diagrama)? Esperamos que la misión del técnico de mercados sea comparable a los pasos que uno da para colocar un producto o servicio en cabeza de un resultado de búsqueda de internet. Del mismo modo que las empresas se concentran en la optimización de motores de búsqueda, tendrán que desarrollar metadatos y sistemas de etiquetado optimizados para los robots domésticos.

Diagrama

Fuente: Traducido de McKinsey.com

Fuente: Traducido de McKinsey.com

Dada la simplicidad de las compras automatizadas y las reposiciones de muchos productos domésticos, los vendedores necesitarán concentrase en entrar en el “conjunto de criterios” de un robot doméstico y optimizar sus características para ser los ganadores en las probables comparaciones incrustadas en un algoritmo de decisión de compra. Esto apela a un planteamiento que es mucho más difícil que “uno y hecho”. Dada la velocidad y el alcance de la IA, los proveedores deberán monitorizar los comportamientos de compra continuamente y vigilar los próximos movimientos de sus competidores.

Los retos son muy reales; un cambio en las preferencias de la IA en favor de un producto de la competencia podría reducir la demanda a cero. La otrora omnipotente fuerza intangible de una marca puede ahora quedar reducida a una suma tangible de sus partes. A medida que la IA recopila entradas de las redes de consumidores, experiencias de consumidor desagradables o comentarios negativos podrían tener un impacto casi inmediato en las preferencias de compra de los bots. como resultado, la analítica y el estudio del mercado deben ser rápidos, reactivos y ágiles. Los consumos que no pueden entretenerse en buscar la adquisición correcta o a los que les sobrepasa la complejidad de opciones pueden encargar a un bot doméstico que escanee constantemente basándose en preferencias individuales variables (como el coste, el aspecto y la vida útil).

Modelos de negocio en evolución

Esperamos que surja una amplia variedad de modelos de negocio para robots domésticos. No sólo podrían adquirirse o alquilarse par auna tarea específica, la gente podría compartirlos o alquilarlos a otros. Es concebible que los robots interconectados trabajen juntos entre varios hogares para, por ejemplo, aumentar la potencia de procesamiento, compartir gastos o incluso organizarse en cooperativas de compradores para beneficiarse de comprar en lotes. Cada uno de esos modelos crea oportunidades para nuevos flujos de ingreso.

La mayor fuente de valor podría venir de los datos. Los bots adquirirán y generarán montañas de información, y esos puntos de datos serán críticos para productos y servicios cada vez más guiados por los datos. Los datos serán fuentes de conocimiento e incluso productos de pleno derecho. Y comprender las implicaciones, las oportunidades y la información sobre el hogar inteligente no será el trabajo a tiempo parcial de alguien. Requerirá un equipo dedicado a hojear los datos, desarrollar estrategias, gestionar alianzas, y conducir experimentos que se convertirán en parte inherente de la creación de valor.

Sentando las bases

Los negocios que buscan competir en el hogar inteligente pueden empezar haciendo los deberes pronto. Una red de robots funcionales es, en efecto, un ecosistema de capacidades. Cada bot necesitará seguir protocolos estándar para comunicarse con los demás. Pero mientras una casa puede estar limitada por cuatro paredes, un ecosistema de bots se extiende por el éter; tiene que hacerlo, ya que los bots necesitarán interactuar con los mercados y las redes del mundo. Los coches inteligentes, los wearables y los dispositivos móviles no son más que algunos ejemplos. Como hablan entre sí todos estos sistemas será el desafío fundamental de la TI para el futuro previsible.

En el lado técnico, la maestría requiere un conocimiento profundo de las tecnologías de la IA y cómo colaboran entre sí. En el frente estratégico, vale la pena el esfuerzo de identificar cuáles son o pueden ser en un futuro las ventajas competitivas de tu empresa y entonces imaginar cómo esas ventajas podrían alinearse con las oportunidades de valor del robot doméstico que tienes probabilidades de surgir. REcuerda: el hogar inteligente requerirá que distintas facciones trabajen juntas. No es demasiado pronto para tomar nota de los agentes que están desarrollando capacidades complementarias (o competitivas en potencia), y considerar las oportunidades para potenciales alianzas. Lo más importante: ten presente que el éxito de los robots domésticos y los hogares inteligentes no trata sólo de tecnología. Más bien, los hogares inteligentes y los bots tratan de cómo nos hace sentir la tecnología. El objetivo es cubrir las necesidades de los consumidores humanos y hacer que una casa dé la sensación de ser un hogar.

Del átomo (de la molécula) al bit

En una de mis visitas de trabajo a la Ciudad del Agua, en la zona franca de Barcelona, me encontré con este metro cúbico de metacrilato que se ve en el centro de la foto. Es un instrumento ya clásico para provocar la reflexión en diversos debates: si comparamos el precio de este metro cúbico de agua con el de un metro cúbico de agua embotellada, vemos un salto de tres órdenes de magnitud, y eso sin contar el coste ambiental de todo ese plástico yendo a parar al mar.

Pero en los recientes debates sobre la remunicipalización, lo de que el agua no es un negocio, etcétera, nos puede dar por pensar en si lo que venden las empresas privadas (y públicas, a ver si es que en Sevilla o en Madrid no hay que pagar por el servicio de agua) no es un metro cúbico de agua.

Si eso fuese así, el vídeo del hombre con bigote, pelo en pecho y cadena de oro metido en la bañera y repartiendo el agua de esa misma bañera de mala gana tendría algo de cierto. No se cobra por el agua. De hecho, quien cobra por el agua es el estado, con las concesiones administrativas y las tasas de utilización de agua. Se cobra por el servicio, por traer ese agua desde el subsuelo, los ríos, lagos, embalses o el mar hasta una instalación que permita potabilizarla, y después transportarla por una extensa red de tuberías, con bombeos que consumen energía eléctrica, con sistemas de control sanitario, sistemas de “control de trafico del agua”, personas que aseguren que funciona todos los días, a todas horas, con las manos o con la cabeza. Y que recojan el agua usada hasta instalaciones donde se acondicione para devolverla al medio natural. Todo ello cumpliendo una cantidad de regulaciones comunitarias, nacionales, autonómicas y locales para garantizar la calidad del servicio, y al fin al cabo, del recurso que se entrega al usuario de ese servicio.

No se cobra por los átomos de agua, se cobra por entender y gestionar el proceso que asegura que lleguen a casa y se recoja de casa el producto usado. Si fuesen patatas o libros, no tendríamos estos apasionados debates que a menudo no tienen un fundamento sólido. Al hablar de agua conectamos con el animal que duerme en el centro de nuestros cerebros, en el paleocórtex, donde se desencadenan las respuestas instintivas a estímulos que no dejaban tiempo para pensar si lo que se quería era sobrevivir. Podríamos hablar de eso pausadamente, sin alegatos del tipo “yo primero”, y entender las posiciones mutuas sin intentar aprovecharlas para lanzar mensajes que sean bien acogidos por los votantes. Se tomarían decisiones responsables que evitasen el despilfarro de recursos, cosa que ocurre en uno y otro bando mientras el medio se estropea cada vez más y nosotros, todos, somos ajenos a que estamos pidiendo más de lo que el planeta nos puede conceder.

Hoy en día, más que nunca, es necesario hablar sobre la base de datos objetivos. Las opiniones se agitan con tanta facilidad que pronto nos veremos apoyando disparates que nos dejarán sin margen de reacción. Las instalaciones que en siglos pasados se construyeron para que llegase el agua a los domicilios, para que las calles no fuesen un estercolero insalubre, necesitan un mantenimiento para seguir funcionando con fiabilidad. Los recursos deben administrarse con visión conjunta, dando prioridad a lo que va primero y dejándose de posturas interesadas disfrazadas de sabios consejos por el bien común. ¿Estamos preparados para eso?

Tecnológicamente sí. Disponemos de herramientas más potentes a cada día, a cada minuto que pasa. Podemos analizar conjuntos de datos cada vez mayores sobre cómo funciona cada sistema que compone este proceso, de sensores en miles de millones de dispositivos, de hogares hiperconectados, de sistemas para la telelectura del consumo en cada hogar, de apps para saber si mi casa consume más o menos que la media de hogares similares al mío, y que convierten en un juego el ser más responsable con el uso que cada uno hace del recurso. Tenemos máquinas que aprenden y que nos aconsejan a qué hora es mejor activar los bombeos para llenar los depósitos, que nos avisan de la llegada de una tormenta para que nos preparemos y evitemos desbordamientos del alcantarillado al medio, de instalaciones que regeneran el agua residual y permiten reutilizarla para regar y prevenir la escasez allí donde el recurso es escaso. Pero todo ese despliegue requiere invertir. No es un capricho, es supervivencia (de todos, no de las empresas de aguas). Mejor dejar de lado el postureo, por muy bien que quede decir que el agua es de todos, o precisamente porque el agua es de todos, es necesario hacer que sea sostenible abastecerse de agua.

Un esquema del modelo de planificación natural

Creo que no es ningún secreto mi fanatismo por fracasar una y otra vez en el Getting Things Done de David Allen. Uno de los cientos de motivos para mi fracaso es dedicarme sólo a las partes de este esquema que me son más gratas. Si antes de empezar ningún proyecto siguiese cada una de las etapas de este esquema, sería probable que algunas veces llegase al acierto.

Tengo libreta nueva. Las últimas páginas de la libreta tienen algunas chuletas de referencia: 

  • un enunciado de mi propósito, un cuadro de mando con el avance de mis proyectos prioritarios, 
  • un calendario compacto del año en curso como el que regala Jeroen Sangers a cambio de tu dirección de correo electrónico, 
  • un esquema del proceso de captura, procesamiento, organización, revisión y ejecución,
  • la lista del project planning trigger list, unas preguntas que conviene hacerse en el proceso natural de planificación
  • un dibujo del “mapa del tesoro” con mis sueños y pesadillas plasmados,
  • un calendario en DIN A3 donde señalo los días en que he hecho algo de mis nuevos hábitos (escribir a mano, publicar al menos una vez por semana aquí, hacer ejercicio, correr, tener detalles, avanzar mis proyectos profesionales, cocinar, grabar mi música, leer y ayudar a mis hijas con sus estudios)

Le he pegado una tira de papel que me sirve para enganchar el bolígrafo. Es casi de tamaño A5, así que cabe en el bolsillo de mi abrigo y si viendo Sierra Nevada o la Alhambra se me ocurre algo, lo apunto al instante y sé que no se me olvidará antes de evaluar si es buena idea o no.

Esa libreta es mi cuartel general, mi herramienta de captura y mi arma de pensar. Le he puesto mi dirección de casa y del trabajo. Aunque nació de una pérdida (la de mi hipster PDA) no me apetece perderla. Y ahora sabéis un poco más de esta reciente obsesión que me tranquiliza y me ayuda a centrarme y aclarararme.

21 Errores en el email del trabajo que todo el mundo acepta

Un artículo de Berto Pena en thinkwasabi hace una interesante recopilación de formas de usar mal el correo contra las que sin embargo no nos rebelamos.

Fuente: La linterna de diógenes https://lalinternadediogenes.wordpress.com/

Fuente: La linterna de diógenes https://lalinternadediogenes.wordpress.com/

Añado otro para que sean 22: escribir larguísimos correos con densos párrafos, auténticas novelas, sin una síntesis, sin dejar claro qué esperamos que haga el interlocutor.