The no asshole rule, o cómo prevenir una cultura tóxica en las organizaciones

Un amigo y compañero del trabajo (mi primer jefe solía bromear en serio con lo de: “compañeros y, sin embargo, amigos”), hace ya más de un año, me mencionó este artículo de junio de 2007 en una conversación sobre el ambiente de trabajo y las consecuencias de los estilos de liderazgo . Con nuestro par de décadas de experiencia laboral cada uno, tenemos, supongo, nuestra propia lista involuntaria de gente que nos ha complicado la vida, nos ha impedido crecer, nos ha contagiado (provisionalmente, espero) una mentalidad logrera, caprichosa y tiránica, jerarquizada y presentista, absorbente, como de una exprimidora de personas para las ambiciones individuales.

Sinopsis visual (obra de Dani Saveker) de The No Asshole Rule, por Robert I. Sutton. Fuente: https://www.visualsynopsis.com/full-collection/the-no-asshole-rule-bob-sutton-visual-synopsis-by-dani-saveker

El artículo de Flore Fauconnier, de JDN Management, es una reseña sobre el libro Objectif Zèro-Sale-Con (“Objetivo cero imbéciles”, o cero idiotas), de Robert Sutton, un profesor de Ciencia e ingeniería de la gestión y de Comportamiento organizativo de la Universidad de Stanford. Captó mi atención. Pues nada, hoy empiezo a traducirlo aquí, y si encuentro referencias complementarias las introduciré.

Los imbéciles en la empresa: un rompecabezas que hay que resolver urgentemente

Si ha habido un estallido este año (2007) en la publicaciónes sobre gestión, está claro que ha sido el de “Objetivo cero imbéciles”, de Robert Sutton. Su foco: esas personalidades tóxicas son algo más que una simple molestia en el trabajo, minan profundamente el rendimiento global de la empresa. BAsándose en recientes -y muy seria- investigaciones en materia de gestión y psicología, demuestra cómo los gerentes pueden y deben despejarlos de su empresa.

Pero antes de nada, Hervé Laroche, profesor de gestión en la ESCP-EAP y prologuista de la edición francesa, nos ofrece esta necesaria advertencia: “Si un respetado profesor de Stanford escribe sobre los imbéciles, es que sólo un vocabulario directo permite hacer ver una realidad que las empresas actuales pasan por alto más o menos deliberadamente”. ¡Ya estamos avisados!

Portada del libro. Fuente: https://www.bobsutton.net/book/no-asshole-rule/

¿Cómo se les reconoce?

En primer lugar, identificarlos

Para Hervé Laroche, no hay posibilidad de error: “Se les reconoce por los efectos que producen. Tras interactuar con ellos, uno se siente desgraciado, humillado, ignorado o malinterpretado. Y con ellos, esta sensación se produce repetidamente.” En general, esta conducta se ejerce sobre las personas menos poderosas. “¡No se debe confundir a un imbécil con un tonto! No se atreverá con alguien más fuerte”.

En su obra, Robert Sutton arroja luz sobre las doce “faenas” clásicas del comportamiento cotidiano de los imbéciles. Él los llama los doce del patíbulo:

  • Lanzar insultos personales
  • Invadir el espacio personal de los demás
  • Imponer contactos físicos inoportunos.
  • Proferir amenazas y practicar formas de intimidación verbales o no verbales.
  • Disimular bajo bromitas sarcásticas intenciones vejatorias.
  • Enviar correos electrónicos enloquecedores.
  • Criticar el estatus social o prefisional.
  • Humillar en público.
  • Interrumpir groseramente cuando otro interviene.
  • Lanzar ataques hipócritas.
  • Mirar aviesamente.
  • Tratar a las personas como si fuesen invisibles.

¿Quiénes son en realidad?

Pero ¿por qué son tan perversos?

Según Hervé Laroche, pueden clasificarse en tres grandes categorías o personalidades de comportamiento insoportable.

  • Los que muestran un exceso de ambición. Todavía no tienen acceso al estatus superior y quieren conseguirlo. Los otros no son más que medios para servir a sus deseos. Se preguntan con impaciencia para qué les servirán los que les rodean. “Pero no son los peores…”
  • Los que se creen superiores a todo el mundo. “Al final, dado que muchas señales a su alrededor les convencen de ello: mucho dinero, personal a su servicio, la costumbre de ver todos sus deseos satisfechos… Se creen de una raza diferente”. Confunden sus deseos con realidades y humillan o ignoran con facilidad a los que les rodean.
  • Los que no están seguros de sí mismos. No están seguros de su estatus – estatus social, diploma, título… “A quienes además están en una sociedad donde los estatus son un poco ambiguos, esta incertidumbre les pesa”. Es típico que se trate del paranoico, del acosador.

¿Cómo se les puede gestionar en el día a día?

“¡Evitando en lo posible tener nada que ver con ellos!” aconseja Hervé Laroche. Pero esto no siempre es posible.

  • “A los primeros, dándoles la sensación de que les vamos a ser útiles”, o que al menos no seremos un obstáculo.
  • Ante los segundos: aguantarlos, “no se puede hacer otra cosa”.
  • En cuanto a los terceros, “dándoles un poco de confianza”. Pero de forma indirecta, o si no estaremos reforzando su paranoia.

Calcular su coste para la empresa

Rotación, baja motivación, descenso del rendimiento… Las personalidades nefastas tienen un impacto muy tangible. Para Robert Sutton, las empresas deberían poner todo el interés en considerar la cuestión en términos de coste, para cobrar conciencia del problema de forma racional y por fin afrontarlo. Su ensayo recopila los factores que hay que tener en cuenta.

Daños a las víctimas y los testigos

  • Frustración de los esfuerzos: Se hacen más esfuerzos para evitar los malos encuentros, superarlos, evitar los reproches que para ejecutar las tareas.
  • Deterioro de la “seguridad psicológica” e instauración de un clima de miedo que reduce la iniciativa de los empleados, sus ganas de asumir riesgos y sus posibilidades de progresar a partir de sus propios errores y los de los demás – la franqueza puede no ser la mejor política.
  • Pérdida de motivación y de energías.
  • Deterioro de la salud mental y física debido al estrés.
  • Posible deterioro de las capacidades mentales.
  • Las vejaciones reiteradas pueden transformar a las víctimas en imbéciles.
  • Absentismo.
  • Elevada rotación del personal (más las horas laborales dedicadas a buscar otro empleo).

Consecuencias para los imbéciles

  • Las víctimas y los testigos dudan sobre si ayudarles, cooperar con ellos o darles malas noticias.
  • Represalias por parte de las víctimas y testigos.
  • Imposibilidad de desplegar todo su potencial en la empresa.
  • Humillación cuando se denuncia su comportamiento.
  • Pérdida del empleo.
  • Impacto negativo y duradero sobre su carrera.

Consecuencias para la dirección

  • Dedicación para apaciguar, calmar, aconsejar o sancionar a los imbéciles.
  • Tiempo dedicado a apaciguar a los colaboradores víctimas de un imbécil, pero también a los clientes, proveedores, contratistas o toda persona ajena importante víctima de un imbécil.
  • Tiempo dedicado a reorganizar equipos o servicios para limitar los datos de los imbéciles.
  • Tiempo dedicado a reclutar y formar a los sustitutos después de la salida de los imbéciles o de sus víctimas.
  • Agotamiento de los dirigentes que conduce a una reducción de su inversión personal y a un mayor desgaste moral.

Gastos jurídicos y de gestión de recursos humanos

  • Sesiones de terapia para la gestión de la ira y otras formaciones para reeducar a los imbéciles, así como los honorarios de los consultores, coaches y terapeutas internos y externos.
  • Costes de asesoría jurídica interna y externa.
  • Costes de los acuerdos amistosos y de los litigios emprendidos por las víctimas.
  • Costes de los acuerdos amistosos y de los litigios emprendidos por los imbéciles hábiles en materia legal (en particular por los procedimientos por despido abusivo).
  • Costes de seguros médicos.

Menos cooperación, menos cohesión, menos esfuerzo “libremente aceptado”

Cuando los imbéciles están al mando: Efectos negativos sobre la empresa

  • Impedimentos a la mejora de los sistemas establecidos.
  • Debilitación de la innovación y la creatividad.
  • Menos cohesión, perturbaciones en la cooperación interna.
  • Menos esfuerzo “libremente aceptado”.
  • Coste de de las represalias ejercidas por las víctimas contra la empresa.
  • Menos colaboración por parte de las empresas y agentes externos.
  • Aumento de las tarifas facturadas por los agentes exteriores – “plus por haber trabajado con imbéciles”.
  • Dificultad para atraer al mejor talento.

¿Qué hacer con ellos?

Una vez que la empresa está convencida del daño potencial de estas personalidades, le queda decidir el plan de acciones que le permitirá evitar esos daños.

No contratarlos

Como apunta Hervé Laroche: “Evidentemente, esto es fácil de decir. El problema es que son frecuentemente personas muy seductoras para el reclutador. Las empresas buscan personas ambiciosas, competentes, incluso agresivas ya que tienen un rendimiento potencialmente mayor… El reclutador puede por lo tanto interpretar positivamente una actitud que por otra parte sea perfectamente nefasta”.

Si la empresa elige a priori no seleccionar estas personalidades nocivas, podrá poner en marcha varias precauciones para sus reclutamientos: informarse sobre los candidatos, hacer que varias personas les evalúen, sin olvidar ponerles en situación para observar mejor su comportamiento.

Desanimarles

Para Hervé Laroche, “hay que hacerles irse lo antes posible y, si no se puede, hay que aislarlos. ¡Como si fuesen material radiactivo! Hay que hacerles comprender que bajo ningún concepto se recompensará su comportamiento.”

Pero, una vez más, las cosas no son tan sencillas. “Dado que es fácil detectar al imbécil ineficaz, pero al imbécil competente y eficaz, bien no se le detecta inmediatamente, bien se desea conservarlo a pesar de todo”. De ahí que la pregunta del “coste del imbécil” que se plantea Robert Sutton en su obra. Por lo tanto habrá que contemporizar…

“Es cierto que la empresa tiene cuidado, en Francia, con las cuestiones de acoso moral, de la violencia psicológica, del acoso sexual…” Está escrito en la ley que las empresas tienen incluso una obligación de prevención. “Dicho esto, estas nociones son difíciles de introducir en las capas de gestión. El gestor ve el desempeño de un lado y el comportamiento de otro, el cual, por su parte no se tiene en cuenta en el ERP…” el ejercicio de un juicio fino está lejos de ser sencillo.

Caso particular: está al mando…

¿Y si el imbécil es su propio jefe? ¿El CEO? Para encarar esta situación extremadamente delicada, Hervé Laroche ve cuatro actitudes posibles:

La primera: si se puede, abandonar la empresa.

La segunda: Aislarse psicológicamente para no sufrir los ataques. “Podemos ayudarnos de técnicas zen, como la de la ‘bajada del rápido’: no luchar contra la corriente – so pena de empeorar la situación-, mantener los pies por delante y protegerse”.

La tercera: Tomar pequeñas represalias. Robert Sutton ilustra esta posibilidad por la iniciativa de una asistente que, harta de que su jefe se sirviese él mismo de su reserva personal de galletas, decidió un día “tender una trampa” en sus galletitas. Un largo paso por el aseo le disuadió una buena temporada de volver a repetirlo… Más allá de la anécdota, Hervé Laroche insiste en la importancia psicológica de “marcar un límite”. “En las situaciones difíciles, es muy importante tener la sensación de mantener un poco el control sobre lo que nos ocurre”, añade.

Última solución: Organizar una resistencia colectiva: “la resistencia puede, por otra parte ser muda y eficaz”, destaca.”Pero, con más amplitud, lo que hay que recordar, es que somos más fuertes en equipo que a solas, incluso aunque sea él quien tiene el poder”.

Chat con Hervé Laroche

¿Hay imbéciles famosos? ¿Oficios propicios a que proliferen? ¿Cómo contener a nuestro propio imbécil interior? Hervé Laroche, profesor de gestión empresarial y estrategia en la ESCP-EAP y prologuista de la edición francesa de “Objetivo Cero Imbéciles” respondió a las preguntas de los lectores de JDN Management y explicó cómo crear un entorno de trabajo civilizado, con garantías de estar “libre de imbéciles”.

¿Cómo define usted a un imbécil? ¿Cómo distinguir un imbécil crónico del que simplemente está de mal humor?

Un imbécil se reconoce por los efectos que produce sobre los demás; uno se siente despreciado, humillado, agredido, o al menos no reconocido… Y el que produce este efecto, a menudo, de forma reiterada es un imbécil “certificado”. Por otra parte, claro está, nadie está libre de comportarse mal.

¿En qué conductas cotidianas se les reconoce?

Carecen de consideración por los demás, no les escuchan, se muestran perentorios, agresivos, intolerantes, no se abren a las ideas y sugerencias, imponen sus criterios, los expresan como evidencias, desprecian las objeciones… e incluso pueden ir más lejos: profieren comentarios agresivos, insultos, alusiones fuera de lugar…

¿Y por qué son nocivos para la empresa?

Generan costes ocultos, en forma de desmotivación, desapego, véase absentismo o enfermedad para los empleados. Peto también efectos colectivos: falta de cooperación entre los individuos, falta de creatividad, etc. Y más aún: pérdidas de tiempo en reparar los desperfectos que producen e incluso sus errores.

¿Hay modos de calcular el coste para la empresa de estas personalidades nocivas? ¿Hay estudios que lo hagan?

Hay un ejemplo de cálculo en el libro de Sutton acerca de un vendedor, un excelente profesional, pero imbécil patentado. El principal punto que hay que identificar es el tiempo dedicado a gestionar al imbécil. Puede ser una primera aproximación fácil de realizar: contar cuántas horas hemos pasado ocupándonos de esta persona y de la gente a la que ha hecho daño, y convertirlo a términos salariales. A continuación hay otros puntos, pero dependen de las situaciones. Hay un método general que aporta el libro, pero por lo que sé ¡todavía no se ha integrado en los ERP!

¿Qué medidas pueden tomar las empresas?

En primer lugar ¡no contratarles! A continuación, desanimarles y seguir mostrándoles que sus conductas no serán recompensadas, incluso aunque tengan un buen desempeño (según criterios estrictamente gerenciales). Por último, si ya los tenemos dentro, evitar que se reproduzcan: los imbécil tienden a reclutar otros imbéciles…

Si alguien se porta mal con los demás, tiene todas las probabilidades de convertir a sus víctimas en imbéciles como él. Erradicar estas conductas nocivas es por lo tanto urgente. ¿Cómo se puede tratar este problema…. lo más rápido posible?

Sí, tiene usted razón. Es contagioso. Por lo tanto se debe dar apoyo a la víctima para que no tenga la tentación de unirse a los imbéciles. O desplegar una resistencia colectiva.

¿Cómo, durante una selección de personal, se puede detectar alguien cuya conducta corre el peligro de ser nociva una vez contratada?

El imbécil ineficaz es fácil de identificar. Lo difícil es el imbécil que tiene un bonito currículum. Una forma de hacerlo es preguntarse si los signos de rendimiento y competencia no pueden ocultar también signos negativos propios de un imbécil. Una buena forma de fomentar esto es someter al candidato a varias evaluaciones, varias entrevistas y conversar en libertad acerca de ellas.

¿No le parece que hay ciertas profesiones, o ciertos tipos de empresa en los que se tiene más éxito siendo un imbécil?

Ciertamente. Se han documentado muchos casos en profesiones donde la reputación personal es muy importante, por ejemplo, en el mundo del espectáculo, los medios, la publicidad… Las empresas que tienen una cultura muy agresiva, que fomenta la competición interna son, está claro, terreno abonado para los imbéciles.

Según su experiencia ¿los imbéciles son los mismos en Francia que en Estados Unidos?

En general, sí. Hay sin duda diferencias, en las raíces (cultura nacional, status sociales, etc.) y en las formas de expresión, pero el punto importante es que la tendencia me parece que va hacia la equiparación.

¿Qué debemos hacer cuando el imbécil es el mejor elemento del equipo?

Si es usted alguien frío y calculador, hacer balance: ¿Aporta más de lo que cuesta? Para ello, hay que tener presente que lo que aporta se suele ver con facilidad, mientras que lo que cuesta está a menudo oculto. Si es usted menos calculador y si pone el largo plazo por delante, entonces puede que haya que pensar en separarse de él (si puede usted hacerlo).

El imbécil de uno será el amigo del otro ¿no? (y viceversa…) ¿No somos todos el idiota de alguien? ¿Cómo se asegura uno mismo de no ser un imbécil?

En general hay cierto consenso sobre el imbécil certificado. Para el resto, todo el mundo tiene “sus favoritos”, es normal. Pero que no te gusta alguien no le convierte en un imbécil, para la mayor parte de la gente. En cuanto a uno mismo, más vale no estar seguro de no serlo: mantener ese temor es el medio más seguro de evitar convertirse en uno.

¿Hay imbéciles útiles en las empresas?

Hay estudios de psicología que muestran que un imbécil puede ser muy útil… utilizándolo como contraejemplo. Le muestra a todo el mundo cómo no hay que ser.

¿Cuáles son los estudios serios en los que se ha basado Robert Sutton?

Está claro que no puedo hacer aquí la lista completa. Son estudios psicológicos, de psicología social, en en lo que llamamos organizational behavior, es decir, estudios de los comportamientos en las organizaciones (en especial cuestiones relacionadas con el poder, el liderazgo, los roles, la cooperación, etc.). Las referencias están en el libro.

Sutton emplea un vocabulario usado en la vida cotidiana pero raramente en los libros y su tono es muy emocional. ¿Por qué generan reacciones como éstas los imbéciles? ¿Por qué tenemos tantas dificultades para tomar la distancia necesaria ante su conducta?

Porque afectan a cuestiones fundamentales: la identidad personal, el reconocimiento, la autoestima; y a retos importantes: el trabajo, la carrera, etc. Además, hay algo de transgresor, de escandaloso en su conducta, ya que violan las reglas sociales que cada uno tiene profundamente asumido que debe respetar (incluso aunque a veces cueste un gran esfuerzo).

Cuando se ha sido víctima (del tipo Oso Amoroso colaborativo) de imbéciles patentados ¿cómo no amargarse, desconfiado y desilusionado hasta el punto de volverse uno mismo un imbécil?

Siempre existe esa tentación, es comprensible. Pero no todos los imbéciles son felices y no están necesariamente orgullosos de sí mismos tampoco. Sobre todo, lo que quizá haga falta es aprender a ser menos idealista (Oso amoroso…) sin convertirse por eso en un imbécil.

¿Sabe de dónde viene la idea de este libro? Y por su parte ¿por qué se inclina por este problema en particular?

Es un problema que crece y que representa un desafío cada vez más importante. Puede que haya más imbéciles. Puede también que sus efectos sean cada vez más devastadores y cada vez menos tolerados, porque las personas están hoy en día mucho más comprometidas personalmente con su trabajo y su empresa. Están por lo tanto más expuestos, son más vulnerables.

¿No hay más imbéciles, o por lo menos da la impresión de haber más, con las comunicaciones por email? ¿Qué solución habría?

No creo que el correo electrónico produzca por sí mismo imbéciles. Pero favorece las reacciones inmediatas, emocionales, y eso provoca reacciones en cadena… Y, claro, los imbéciles pueden aprovecharse de eso.

Usted imparte clases en la escuela de comercio ¿cree que podría existir una pedagogía que impidiese que algunos (pero ¿cuántos, por otra parte?) futuros gerentes sean también futuros imbéciles?

Sí, por supuesto, y se practica a menudo: aprendizaje de la psicología y del comportamiento en las organizaciones, estancias “sobre el terreno”, en particular. No digo que no pueda hacerse más, pero no creo que el problema tenga su origen en la formación inicial.

Cuando se ha tenido un comportamiento de imbécil ¿qué debe hacerse para “reparar el daño”?

Hacer lo que deberíamos haber hecho la primera vez: escuchar, reconocer… En general, basta con eso,la gente sabe distinguir un caso patológico de un accidente aislado.

¿Cree usted que la sociedad actual favorece la “creación” de imbéciles? ¿La globalización los fomenta?

En ciertos aspectos, sí: la valoración de la competición, recompensa a los individuos más que a los colectivos, privilegios concedidos a algunos, etc. Pero por otro lado, también permite la toma de conciencia del fenómeno.

Para saber más

El autor

Robert Sutton es profesor de gestión en la Stanford Engineering School. Estudia los vínculos entre los conocimientos en gestión y la organización de la toma de decisiónes, la innovacuión y el rendimiento. Ha publicado más de cien artículos en revistas. Objetivo cero idiotas (The No Asshole Rule) es su cuarta obra.

El prologuista

Hervé Laroche es profesor del departamento de Estrategia, Personas y Organización de la Escuela de negocios ESCP-EAP. Diplomado de Estudios Superiores de Comercio (Hautes études commerciales, HEC) y doctor en ciencias de gestión, trabaja sobre el análisis de los procesos cognitivos que influyen en la formación de la estrategia, sobre las cuestiones de la fiabilidad de la toma de decisiones frente a los riesgos así como sobre el papel de los mandos intermedios en la organización.

Para leer

  • Work Matters, el blog personal de Robert I. Sutton
  • https://www.bobsutton.net/
  • Robert Sutton (2010) The No Asshole Rule: Building a Civilized Workplace and Surviving One That Isn’t (en inglés). 238 páginas, Business Plus.
  • Robert Sutton (2010) Objectif zéro-sale-con. Prólogo de Hervé Laroche. (en francés) 160 páginas, Editions Vuibert.

El rey pálido, de David Foster Wallace

Sigo obsesionado con el triste y grande David, con su mezcla de horror y atracción por el solipsismo, su odio a la metaficción demostrado por medio de la meta-meta-(n metas)-metaficción, su sentido del humor que te cosquillea el intelecto para despertarlo. Hace un tiempo me embarqué en esta auto-ficcio-biografía (El rey pálido) de cuando “trabajó” en la Agencia Tributaria de Peoria, Illinois. Es su obra póstuma, en la que estaba trabajando cuando su enfermedad mental se lo llevó por delante.

Portada de la edición ampliada en Debolsillo (Fuente: librotea)

Iba a ponerme a releer el libro, pues me dejé este post a medio hacer hace ya meses, pero resulta que José Luis Amores lo hizo en 2011 un millón de veces (o más) mejor de lo que yo podría hacerlo aunque me lo releyese cien veces y las cien veces entendiese algo de lo que va más allá de mis gafas.

La novela, que parte de que a alguien podría interesarle la vida de los inspectores de hacienda (eso ya es para el autor ponerse un desafío digno de un saltador con pértiga), se dedica a inspeccionar el aburrimiento, una de las peores, y en la actualidad más difundidas, formas del sufrimiento humano. Estos inspectores de hacienda miran una y otra vez declaraciones de impuestos intentando encontrar indicios de que una inspección presencial, con los costes que conlleva, tiene probabilidades de detectar un fraude, que ese fraude se puede cobrar, y que lo que vaya a cobrarse se más que lo que costó capturarlo. Un trabajo de artesanía en las mesas “Calambre”, que dan precisamente eso, calambres insoportables por la inmensa cantidad de horas de su vida que estos inspectores dedican a leer y releer declaraciones de impuestos. La organización socio-política de la agencia revela todo un sistema de castas y un movimiento revolucionario que plantea reemplazar ese trabajo por la inteligencia artificial de los ordenadores, revolución contra la que se rebela gran parte de los afectados, así como otros que hacen reflexiones ético-filosóficas sobre el derecho que puede tener el estado a entrometerse así en la vida de sus administrados.

Es lo que pasa con esto de escribir, que resulta inabordable (quizá también lo fue para él). Esa descripción minuciosa, donde cada detalle milimétrico, o microscópico, en que el autor fija su mirada, tiene la capacidad de comunicar partes esenciales del mensaje. Como en el prefacio, donde te dice que todo lo incluido en el libro es rigurosamente cierto, pese a que en la contraportada también dice claramente que “esto es una obra de ficción”. En ese mismo prefacio, la nota al pie acerca del número de la seguridad social del autor ya te está contando que el autor trabajó en la agencia tributaria (la IRS), porque ese número contiene un “9”, y sobre lo que significa haber trabajado allí alguna vez. O sea, que una nota, que solía ser una bifurcación en el curso principal de una historia, resulta ser un acelerador a hipervelocidad para que avances en la trama. Es verdad que su suicidio fue un desastre. Para él, para su familia, para la cultura occidental, que se ha quedado huérfana.

Nos han quedado, después del desastre, algunas cosas interesantes, que suelto aquí, sin orden ni concierto, pero que ilustran un poco más este libro muy recomendable, vigente, necesario:

  • Una lectura de fragmentos de su libro aún no publicado para la fundación Lannan en Santa Fe, Nuevo Mexico:
  • Un vistazo, de aperitivo, a la enorme colección digital y física de materiales de The Pale King (cuadernos, borradores, fotocopias, correcciones, anotaciones, etc.) y otros documentos de D.F. Wallace que el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas pone a disposición de los investigadores.
  • Iba a hacer una lista de personajes, pero siempre hay alguien que la ha hecho antes, como en todo: https://figurativeink.wordpress.com/2011/10/19/david-foster-wallace-the-pale-king-character-list/.
    • Los números entre paréntesis son la primera página en que aparecen en la primera edición en tapa dura.
    • Claude Sylvanshine (5), Reynolds (6), 356 Jensen, Jr., Dr. Lehrl, Systems Director (7) , Merri Eloise Prout aka Dr. Yes (19), Vincent Bussy (20), Frederick Blumquist (27), 315, Leonard (29) Stecyk, Lane A. Dean, Jr. (36), Sheri (38) Fisher, Toni Ware (54), Donald Jones (80), Kenneth “Type of Thing Ken” Hindle (80), 107, Chris Acquistipace (84), Cusk (91) David 317, D.P. Tate (101), Richard Glendenning (128) , DeWitt, Jr. 157, Rosebury (129), Gene Nichols (143), Stuart A., Jr. Gaines (145), 352, Lotwis (150), Chris Fodle (154) “Irrelevant” 257, Robert Atkins (281), Ms. Neti-Neti (285), F. Chahla 2K, Bob McKenzie (285), Marge van Hool (299), Garrity (315), Pam Jensen (332), Hurd (347, 351), Gestine Lumm (347, 352), Todd Miller (352), “Colorado” Todd Bondurant (352), Sheehan (356), Julia Drutt Chaney (357), Eugine E. Rosebury (358), Gary Yeagle (358), Shinn (371), Cardwell (425), Meredith Rand (446), Shane Drinion aka Mr. X (448).

La muerte de un mujeriego

A lo mejor hay una buena traducción al castellano de este artículo de wikipedia (yo no la he encontrado), o bien podría intentar otra invasión a Leonard Cohen, tras mi fallido intento con la enorme entrevista final que concedió a David Remnick, un redactor de The New Yorker poco antes de publicar “You want it darker“. En esa incursión fallida intercambié correos con alguien de Condé Nast que pensaba cobrarme por publicar en este blog una traducción hecha por mí y acotada con mis impresiones personales del artículo. Eso me pasa por preguntar. Así que ahora está por aquí, archivada en algún sitio y a lo mejor la hago disponible enviando un enlace y una contraseña a los lectores del blog que me la pidan. Por el momento, me conformaré con el primer plan: traducir el artículo y si alguien quiere ponerlo en la wikipedia en español, pues ¡adelante!

Portada de Death of a Ladies’ Man, de Leonard Cohen (1977). Fuente: wikipedia

Death of a Ladies’ Man (La muerte de un mujeriego) es el quinto álbum de estudio de Leonard Cohen, producido y co-escrito por Phil Spector. El álbum era en cierto modo una despedida del estilo mínimalista típico de Cohen, al utilizar el método de grabación del Muro de Sonido de Phil Spector, que incluía vistosos arreglos y múltiples pistas de instrumentos en superposición. El álbum se lanzó originalmente en Estados Unidos por Warner Bros, y en CD y en el resto del mundo por el sello habitual de Cohen, Columbia Records.

Lanzamiento: 13 de noviembre de 1977
Grabación: Junio y julio de 1977
Duración: 42:34
Sello: Warner Bros (lanzamiento original), Columbia (reedición)
Productor: Phil Spector

Contenido

  1. Trasfondo
  2. Grabación
  3. Portada del álbum
  4. Críticas
  5. Resultado comercial
  6. Versiones y actuaciones en directo
  7. Lista de canciones
  8. Elenco
  9. Listas
  10. Libro
  11. Referencias
  12. Enlaces externos

1. Trasfondo

A mediados de los años 1970, tanto Cohen como Spector estaban en un bajón comercial. Aunque seguía siendo popular en Europa, Cohen nunca había logrado el éxito en los Estados Unidos a que Columbia aspiraba. Spector había creado éxitos como “Be My Baby” y “You’ve Lost That Lovin’ Feelin’” con sus técnica de producción del “muro de sonido” en los años 1960, y obtuvo algo de éxito a primeros de los 1970 produciendo álbumes de John Lennon y George Harrison; sin embargo, su comportamiento se volvió cada vez más errático.

La locura fue en aumento cuando Spector se unión con Lennon para grabar un proyecto de viejas canciones de rock and roll llamado “Roots“, que al final apreció en 1975 bajo el título “Rock ‘n’ Roll“. Las sesiones tuvieron lugar en medio de una niebla de drogas, alcohol y un séquito de allegados mientras el atribulado Lennon atravesó ebrio su lamentable “fin de semana perdido” (lost weekend). En el libro de 2003 “Phil Spector: Wall of Pain”, el biógrafo Dave Thompson recuerda un famoso incidente cuando Spector disparó una pistola en el estudio. “Oye Phil, si me vas a matar, mátame”, observó Lennon con sequedad, “pero no me jodas los oídos, Me hacen falta”. Esa conducta no le hizo ningún favor a la reputación de Spector, y a medida que los éxitos fueron escaseando se le veía cada vez más en la prensa del rock como una vieja gloria.

Como apunta Ira Nadel en las memorias de 1996 sobre Cohen “Various Positions: A Life of Leonard Cohen”, hay distintas versiones sobre cómo Cohen y Spector se convirtieron en colaboradores:

Las notas del disco afirman que Marty Machat, que era el abogado de Spector así como el de Cohen, les presentó. Según Cohen, esto ocurrió entre bambalinas después de una de sus actuaciones en el Troubadour en Los Ángeles. Spector, de forma poco habitual, había dejado su bien protegido hogar para ver a Cohen, y en el espectáculo estaba extrañamente silencioso. Spector invitó entonces a Cohen a su casa, la cual, a causa del aire acondicionado, estaba helada, a unos “cero grados centígrados”, recordaba Cohen… Spector cerró la puerta con llave, y Cohen reaccionó diciendo., “ya que estamos encerrados, podríamos escribir algunas canciones juntos”. Fueron junto al piano y empezaron esa misma noche. Durante más o menos un mes escribieron (y bebieron) juntos y Cohen lo recuerda como un período generoso, aunque tuviese que llevar un abrigo casi todo el tiempo en la congelada casa de Spector.

El biógrafo Anthony Reynmolds escribe en el libro de 2010 “Leonard Cohen: A Remarkable Life” que su amiga y compatriota canadiense, la cantautora Joni Mitchell, trató de disuadir a Cohen de trabajar con Spector, ya que Mitchell había presenciado parte de la locura entre Spector y Lennon en Los Ángeles, pero inicialmente -al menos en la fase de escritura de las canciones- los dos se llevaron bien. El compositor John Prine, que también presenció las extravagancias del productor cuando fue invitado a su casa para componer juntos una canción, le dijo asombrado a Paul Zollo, de la revista Bluebird Railroad, que en cuanto Spector “se sentaba con un instrumento, estaba normal”. Las cosas cambiarían cuando Cohen y Spector entraron en un estudio, con la paranoia del productor tomando el control y Cohen sintiendo cada vez menos apego por el proyecto.

2. Grabación

Spector usó tres estudios para el álbum, aunque su preferido seguía siendo el complejo Gold Star Studios situado en al 6252 del Boulevard de Santa Monica, cerca del cruce con la Vine Street de Hollywood. Spector reclutó un ejército de los músicos de estudio más prestigiosos de Los Ángeles para tocar en las canciones, incluyendo a los guitarristas Dan y David Kessel, los baterías Hal Blaine y Jim Keltner, y el intérprete de pedal steel Al Perkins, entre muchos otros. Era precisamente ante un nutrido público, sin embargo, que se activaba la faceta megalómana de Spector, y pronto Cohen se sintió abrumado. Hablando con Sylvie Simmons, de Mojo, en 2001, Cohen describió sus emociones en aquella época:

Era una de esos períodos en que era incapaz de hablar, y no estaba en condiciones de resistir la muy fuerte influencia de Phil y, al final, su apropiación del disco. Había muchas armas en el estudio y muchísimo licor, una atmósfera peligrosa en cierto modo. Tenía también guardaespaldas fuertemente armados. Le gustaban las armas – a mí también me gustaba, pero normalmente no llevo una encima, y es difícil ignorar un 45 sobre la consola. Cuando estaba trabajando a solas con él, era muy amable, pero cuanta más gente hubiese en la sala, más salvaje se ponía Phil. No podría evitar admirar la extravagancia de su actuación, pero al final no podía mantenerme firme.

Durante una enigmática interacción detallada en las biografía de Cohen escrita por Ira Nadel, Various Positions, Spector apuntó con una pistola cargada a la garganta de Cohen, la amartilló, y dijo, “Te quiero, Leonard”. Quedamente, Cohen respondió “Espero que me quieras, Phil”. Nadel también escribió que la grabación de la pista de nueve minutos que da título al álbum comenzó a las 7:30 de la tarde y duró hasta las 2:30 de la mañana con los músicos de sesión trabajando a cuádruple turno, algo típico del conjunto de las sesiones. Otra noche, el poeta Allen Ginsberg y Bob Dylan pasaron por allí y Spector les ordenó que cantasen los coros en la escandalosamente burlesca “Don’t Go Home with Your Hard-On” (“No te vayas a casa con esa erección”). La mayoría de las canciones trata temas de sexualidad desbocada y voyeurismo brutal, como en “Paper Thin Motel” (“Motel fino como el papel”) : “The walls of this hotel are paper thin/ Last night I heard you making love to him” (“Las paredes de este motel son finas como el papel / Anoche te oí haciendo el amor con él”), y están expresadas en el grandilocuente despliegue de esplendor sónico de Spector. La boyante “Fingerprints” (“Huellas dactilares”) es una pieza folklórica llena de violines que recuerda el amor de Cohen por la música country. Las versiones tempranas de “Iodine” (“Yodo”, llamada entonces “Guerrero”) y “Don’t Go Home with Your Hard-On” fueron presentadas en concierto ya en 1975 (con música atribuida a John Lissauer) y están ampliamente disponibles en grabaciones pirata. Como informa Anthony Reynolds en sy biografía de 2010 de Cohen, las sesiones ni siquiera terminaron “oficialmente”:

Un día Phil simplemente dejó de volver por el estudio, quedándose con todas las cintas (como hizo con los masters de Lennon) y continuando para mezclarlas a solas. Cohen estaba atónito. No consideraba sus voces grabadas como versiones definitivas en absoluto. Por lo que a él respectaba no eran más que voces de “guía” para beneficio de los músicos. Esperaba haber podido dedicar tiempo a mejorar su forma de cantarlas, pero con Spector teniendo las cintas como rehenes en un lugar desconocido eso parecía ahora imposible, a menos que llevase a su propia pandilla de guardaespaldas a derrotar a los de Spector. “Tenía la opción de contratar mi propio ejército privada y luchar con él sobre esto en Sunset Boulevard o dejarlo correr… lo dejé correr”.

El hijo de Marty Machet, Steven, cerró un trato con Warner Bros. para lanzar el disco, un disco sobre el que Cohen siempre albergó emociones encontradas. “Estoy demasiado avergonzado de la verdad sobre lo que ocurrió allí”, confesó Cohen a Adrian Deevoy, de l revista Q, en 1991. “La gente se resbalaba con las balas del suelo, las armas acababan en las hamburguesas, había armas por todas partes. No era un sitio seguro. Era un caos, pero era parte de la época. Las drogas tenían bastante que ver. Pero me gusta Phil, y el instinto era acertado. Lo haría de nuevo”. En una entrevista para el documental de 2005, “I’m Your Man“, Cohen expresó su decepción con el disco y dijo que sentía que las canciones “se habían alejado” de él; también que era el favorito de los “punks” así como de su hija. Para cuando salió al mercado, sin embargo, fue mucho menos generoso en su respuesta pública acerca del álbum, llamando la producción de Spector “una catástrofe”[1]. De las ocho piezas del álbum, “Memories” (“Recuerdos”) fue la única que Cohen tocó con regularidad en sus conciertos (en las giras de 1979, 1980 y 1985). Al parecer la canción le gustaba lo suficiente para incluirla en su película artística experimental “I Am a Hotel“, como la única pieza no instrumental junto con otras cuatro canciones que han cosechado, en general, una mejor respuesta de sus seguidores: “Suzanne“, “Chelsea Hotel #2”, “The Guests” (“Los invitados”) y “The Gypsy’s Wife” (“La esposa del gitano”). Una versión “des-Spectorizada” de “Memories” acabó publicada cuando el álbum de Cohen “Field Commander Cohen: Tour of 1979” se lanzó en 2001. Esta versión incluye un solo de saxofón distinto del de la versión del álbum.

En 1978, Cohen publicó un libro de poesía con el título ligeramente modificado “Death of a Lady’s Man” (La muerte de un hombre de una sola mujer). No tiene nada en común con el álbum, con sólo una excepción: contiene el poema “Death of a Lady’s Man”, que es idéntico a la letra de la canción que titula el álbum.

3. Portada del álbum

La foto mostrada en la portada de Death of a Ladies’ Man es muy similr a la del álbum de Art Garfunkel de 1975 Breakaway. Las notas de la edición del álbum de Cohen desvelan que la foto fue tomada por un “fotógrafo ambulante anónimo en un restaurante polinesio olvidado”. Muestra (de izquierda a derecha) a Eva LaPierre, Cohen y Suzanne Elrod, madre de Adam y Lorca Cohen.

Portada de Breakaway, de Art Garfunkel (1975). Fuente: wikipedia

4. Críticas

Death of a Ladies’ Man fue publicado provocando una confusión generalizada y críticas generalmente negativas, dejando aturdidos a muchos fans irredentos de Cohen. Rolling Stone tituló su reseña con “La pesadilla doo-wop de Leonard Cohen” y observó: “Demasiado del disco suena como el extrovertido más ampuloso del mundo produciendo y arreglando al introvertido más fatalista del mundo”. The Toronto Star declaró en grandes caracteres “Leonard Cohen es para sádicos musicales”. Mientras que defiende el álbum, el articulista Dave Thompson de Allmusic concede: “También es verdad que una escucha superficial del álbum sugiere que todo esto no era más que una mezcolanza de nociones locas lanzadas al aire para ver dónde aterrizaban”[2]. En 2010, el biógrafo de Cohen, Anthony Reynolds, seleccionó elogiar únicamente “True Love Leaves No Traces” (El amor verdadero no deja huellas), describiendo la canción, cantada por Cohen con Ronee Blakley, como “tan luminosa y bella como cualquier cosa que cualquier hombre pudiese dejar grabado en cinta”.

Valoraciones reseñadas
FuenteValoración
AllMusic4/5 [2]
Christgau’s Record GuideB-[3]
Soundsfavorable [4]

5. Resultado comercial

Hasta 1978, el álbum fue uno de los más vendidos de Cohen en Suecia.[5]

6. Versiones y actuaciones en directo

Death of a Ladies’ Man ha inspirado menos versiones que ningún otro álbum de Cohen, pero tanto “True Love Leaves No Traces” como “Don’t Go Home With Your Hard-On” fueron versionadas en el álbum de tributo “I’m Your Fan[Link Spotify]. Las canciones fueron interpretadas por Dead Famous People y el dúo de David McComb y Adam Peters, respectivamente. “Memories” también ha sido versionada al menos cinco veces por otros artistas, que incluyen a John Danielle de The Mountain Goats y Will Toledo de Car Seat Headrest, aunque el último modifica considerablemente la letra. “Iodine” obtuvo, que se sepa, tres interpretaciones en la gira europea de Cohen de 1979. The Last Shadow Puppets interpretaron una versión de “Memories” en su gira de otoño de 2008. El cantante sueco Svante Karlsson mencionó el título del álbum en la canción “I Nöd & Lust” (del álbum de 2010 “Tro Inte Att Du Känner Mig”) en la que el personaje femenino lo escucha en sus auriculares durante un viaje en tren. En 2013, Guitars and Bongos Records publicó la versión de Greg Ashley del álbum Death of Ladies’ Man al completo. Kimberly Morrison, también conocida como “The Duchess”, de The Duchess and The Duke! aportó algunos coros. La foto de portada de Greg imita la foto original de Cohen, pero reemplaza las mujeres por dos maniquíes.[6]

Portada de la versión íntegra de Death of a Ladies’ Man por Greg Ashley (2013). Fuente: Guitars and Bongos

7. Lista de canciones

Todas las canciones son de Leonard Cohen (letra) y Phil Spector (música)

Cara A

  1. True Love Leaves No Traces” – 4:26
  2. Iodine” – 5:03
  3. Paper Thin Hotel” – 5:42
  4. Memories” – 5:59

El cierre incluye una cita del single de 1958 de The Shields “You Cheated, You Lied”[7][8], y una referencia al cantante pop de la era clásica Frankie Laine.

Cara B

  1. I Left a Woman Waiting” – 3:28
  2. Don’t Go Home with Your Hard-On” – 5:36
  3. Fingerprints” – 2:58
  4. Death of a Ladies’ Man” – 9:19

8. Elenco

  • Art Blaine – guitarra
  • Hal Blaine – batería
  • Ronee Blakley – coros, aparece en “True Love Leaves No Traces”, “Iodine” y “Memories”.
  • Bobby Bruce – violín
  • Brenda Bryant – coros
  • John Cabalka – dirección artística
  • Conte Candoli – trompeta
  • Leonard Cohen – autor, voz
  • Ron Coro – diseño
  • Jesse Ed Davis – guitarra
  • Billy Diez – coros
  • Steve Douglas – flauta, saxofón, vientos
  • Oma Drake – coros
  • Bob Dylan – coros
  • Gene Estes – percusión
  • Venetta Fields – coros
  • Gerald Garrett – coros
  • Terry Gibbs – percusión, vibráfono
  • Allen Ginsberg – coros
  • Bruce Gold – ingeniero, ingeniero ayundante
  • Barry Goldberg – teclados
  • Tom Hensley – teclados
  • David Isaac – guitarra
  • Pete Jolly – tecldos
  • Jim Keltner – btería
  • Dan Kessel – órgano, sintetizador, guitarra, teclados, coros
  • David Kessel – guitarra, coros
  • Clydie King – coros
  • Sneaky Pete Kleinow – guitarra, pedal steel, guitarra
  • Michael Lang – teclados
  • Larry Levine – ingeniero
  • Charles Loper – trombón
  • Sherlie Matthews – coros
  • Bill Mays – teclados
  • Don Menza – flauta, saxofón, vientos, arreglos de viento
  • Jay Migliori – saxofón
  • Art Munson – guitarra
  • Bill Naegels – diseño
  • Ray Neapolitan – bajo eléctrico y contrabajo
  • Al Perkins – pedal steel, guitarra slide
  • Ray Pohlman – bajo, guitarra
  • Emil Richards – percusió
  • Don Randi – teclados
  • Jack Redmond – trombón
  • Bob Robitaille – sintetizador, ingeniero ayudante, programación de sintetizadores
  • Devra Robitaille – sintetizador, productora
  • Stan Ross – ingeniero ayudante
  • Phil Spector – guitarra, compositor, teclados, coros, productor, arreglos vocales, arreglos rítmicos
  • Nino Tempo – arreglista
  • Bill Thedford – coros
  • Julia Tillman Waters – coros
  • Oren Waters – coros
  • Lorna Willard – coros
  • Robert Zimmitti – percusión

9. Listas

Lista (1977)Máxima posición
Álbumes Australia (Kent Music Report)[9]85
Álbumes Noruega (VG-lista)[10]20
Álbumes Suecia (Sverigetopplistan)[11]15
Álbumes Reino Unido (OCC)[12]35
Posiciones del álbum en listas de ventas (fuente: Wikipedia)

10. Libro

Cohen publicó el libro Death of a Lady’s Man en 1978. No tiene nada en común con el álbum, con sólo una excepción: contiene el poema “Death of a Lady’s Man”, que es idéntico a la letra en la canción que da título al álbum.

En 2009, el escritor escocés Alan Bissett lanzo su tercera novela, Death of a Ladies’ Man, que hace referencias a Cohen por todo el texto.

11. Referencias

  1. ^ Nadel, Ira B. Various Positions: A Life of Leonard Cohen. Pantheon Books: New York, 1996.
  2. ^a ^bReseña en Allmusic
  3. ^ Christgau, Robert (1981). “Consumer Guide ’70s: C”Christgau’s Record Guide: Rock Albums of the SeventiesTicknor & FieldsISBN 089919026X. Consultada el 23 de febrero de 2019 – via robertchristgau.com.
  4. ^ Reseña en Sounds magazine 
  5. ^ Schulman, Leif (21 January 1978). “From The Music Capitols Of The World – Stockholm”. Billboard. p. 122. Consultada el18 de septiembre de 2019.
  6. ^ “Guitars and Bongos Records.” Product RSS. N.p., 2013. Web. 06 Abr. 2015.
  7. ^ “The Shields- You Cheated”. YouTube. 12-04-2008. Consultado el 10-01-2012.
  8. ^ “You Cheated, You Lied Lyrics The Shields”. Mp3lyrics.org. 1926-03-27. Consultada el 10-01-2012.
  9. ^ Kent, David (1993). Australian Chart Book 1970–1992. St Ives, N.S.W.: Australian Chart Book. p. 68. ISBN 0-646-11917-6.
  10. ^ “Norwegiancharts.com – Leonard Cohen – Death of a Ladies’ Man”. Hung Medien. Consultada el 24 de noviembre 2016.
  11. ^ “Swedishcharts.com – Leonard Cohen – Death of a Ladies’ Man”. Hung Medien. Consultada el 24 de noviembre de 2016.
  12. ^ “Leonard Cohen | Artist | Official Charts”UK Albums Chart. Consultada el 24 de noviembre de 2016.

12. Enlaces externos

Principles of Karst Hydrogeology, por Antonio Pulido

Recuerdo que cuando era más pequeño me encantaba fisgonear en las estanterías de libros. Soy un poco rata de biblioteca, por si no os habéis dado cuenta. Y se ve que me viene de antiguo. En la facultad de ciencias de la Universidad de Granada, en la biblioteca del Centro Cultural Infantil que en tiempos estuvo en la calle Jardines, en el recodo del despacho de mi padre en el chalé, detrás de la mesa de despacho de algún jefe, director o trabajador con despacho, en un trastero de las oficinas de Emuasa, cualquier anaquel de esos me estaba llamando en silencio para leer los lomos torciendo el cuello, hojear al azar, soñar con tener tiempo y energía para leer tanto como apetecía leer. De los ratos de espera en la facultad de ciencias, que ahora me parecen paréntesis infinitos que debí aprovechar mejor, recuerdo esos libros magníficos, caros, prestigiosos, editados con mimo, de la Springer Verlag, con ese caballo de ajedrez y esa limpieza visual y de contenido. Libros de ciencia. Palabras mayores.

Ahora mi padre ha puesto su apellido y el de sus padres en el costado de uno de esos libros de la Springer Verlag, y ha ordenado, con la ayuda de mi madre, todo lo que ha aprendido y enseñado sobre lo que más le ha apasionado en su vida profesional: el Karst.

Fotos, diagramas, gráficas y mapas, alguno de los cuales recuerdo haber coloreado cuando se preparaba para obtener su merecida cátedra, sobreponiéndose a las derrotas (que siempre son provisionales), a las pequeñas traiciones (que sirven para abrir los ojos) y ganándose el apoyo y el respeto de su equipo, sus colegas e incluso de sus cordiales enemigos, que alguno tendrá, como todos tenemos alguno.

Podría ponerme en ridículo (un poco más) disertando sobre el contenido del libro, fingiendo una capacidad de la que carezco. Pero me parece más significativo hablar de la pasión por conocer, por comprender y explicar cómo funcionan las rocas partidas y disueltas cuando el agua las atraviesa y las moldea, las ahueca y las excava, las levanta como cúpulas, las derrumba en simas y poljés. Con tiempo todo se logra, el deterioro da paso a otras cosas, a formas bellas, a catedrales subterráneas, embalses enormes y ríos subterráneos, sifones donde exploradores subterráneos, los espeleólogos, se la juegan a ciegas por si hay alguna bolsa de aire al otro lado, antes de que se ahogue, grietas donde se exponen a la claustrofobia más aplastante y maravillas incontables en la oscuridad.

Como indica el subtítulo de este libro de texto de la serie Springer Texbooks, en él se exponen los modelos conceptuales, los análisis de series temporales y la explotación de aguas subterráneas, con esta estructura:

  1. Materiales kársticos y pseudokársticos
  2. Karstificación y formas
  3. Modelos conceptuales de acuíferos kársticos
  4. Análisis de hidrogramas
  5. Análisis de series temporales
  6. Modelos matemáticos
  7. Hidrogeoquímica y calidad del agua
  8. Exploración y explotación

Cada capítulo termina con un resumen y una serie de actividades propuestas para profundizar en ese mundo subterráneo del que se puede saber mucho más de lo que creemos a primera vista.

Os dejo aquí el aperitivo del “Front Matter” del libro para que os pique la curiosidad: Link

Cómo está el tiempo de tu parte, por Bridget Watson Payne

Estoy a punto de empezar el post como en un confesionario católico, intentando recordar cuántos meses hace que no paso por aquí, pero eso confundiría mis intenciones con algo parecido a un ánimo de ofender. Así que me quedo con este comienzo borroso. Es un comienzo como otro. Una reanudación.

Por fin ha terminado 2020, como si 2020 tuviese la culpa de las cosas malas que hayan pasado durante 2020. Todos esos lugares comunes que me dedico a observar perdiendo el tiempo curioseando en los estados de WhatsApp de mis contactos (aunque a veces son fuente de carcajadas o de necesarios desengaños), lugares comunes, decía en mi fárrago incipiente, que dicen que 2021 no tiene por qué ser mucho mejor, que las vacunas van despacio o que alguien malicioso nos ha robado nuestros derechos mientras nosotros estábamos, inocentes de todo, a lo nuestro, consumiendo, contaminando y todo eso.

Para mí ha sido un año en que he logrado unas cuantas de las metas que me propuse a primeros de año. Mi familia está más fuerte que nunca, he corrido 1080 km (en cómodos plazos), he ayudado a mi equipo y hay quien ha confiado en nuestro trabajo. Muchos compañeros y compañeras me han ayudado a realizar las metas de los equipos. Aunque todo el mundo tienda, según parece, a calificarlo como un mal año, por más que nos haya puesto a prueba y muchas personas hayan sufrido o hayan sucumbido, hay mucho por lo que dar las gracias en este año, al menos para mí.

Pero también he vivido mucho tiempo de este año bajo la losa de la presión de no tener tiempo suficiente para hacer todo lo que de un modo u otro caía dentro de mi esfera de responsabilidad. Eso de correr como el conejo de Alicia, con el reloj en la mano, llegando tarde a todo, no apretando lo suficiente donde quería apretar. He aplicado como un muyahidin de la productividad todas las técnicas-magdalena (ahora explico esto de la magdalena) que he hojeado (con prisa, pero con curiosidad). Una especie de thriller acelerado de principio a fin de año, un crescendo de A Day In The Life de 365 días más o menos, con pausas de una o dos semanas en medio. Tiendo a caer en la trampa de la actividad, en vivir como un hamster en la rueda en una carrera sin sentido, agotadora, estéril.

Bueno, pues el último día del año me encontré por casualidad con este librito, hecho a medida de hamsters como yo, porque se lee en una hora, está hecho de bocados cortos de medio minuto cada uno, y te cuenta tres cositas que se olvidan con facilidad y que me ha venido bien que me recuerden acerca de todo eso de gestionar ese invento humano, infinito, ingestionable, que es el tiempo.

Cómo el tiempo está de tu parte‘, de Bridget Watson Payne, trata de poner la pasión en el centro, más que de tener un orden inflexible o una serie de reglas infalibles que te conviertan en un robot triturador de tareas.

Portada del libro. Fuente: @WatsonPayne en twitter.

Esas tres cositas que el libro nos recuerda son:

  1. Priorización
  2. Procrastinación (de la buena)
  3. Bolsillos (sí, bolsillos)

1. Prioridades

Tú marcas las prioridades. Estás al mando. No de todo, pero sí de un montón de cosas. Eres como el médico de urgencias que elige entre el paciente moribundo o el del brazo roto. Decían los romanos que las águilas no se entretienen con las moscas. Pues eso. Elige presas dignas de la grandeza que aspiras alcanzar.

2. Procrastinación de la buena

La procrastinación es como una herejía de la productividad ¿no? Pues resulta que hay una clase buena de postergación, la de dejar (para después, para que hagan otros o para nunca), actividades que no forman parte del núcleo duro de tus prioridades.

Es un concepto de un tal Paul Graham, que dice que en vez de trabajar en lo que tienes programado o encargado, puedes trabajar en: (a) nada, (b) algo menos importante, (c) algo más importante. Este último tipo de procrastinación, trabajar en algo más importante, es el bueno.

3. Bolsillos

Esto de los bolsillos es, quizá, junto con los truquitos de la parte final del libro, lo más interesante. Tendemos a hacer suposiciones sobre las circunstancias necesarias para el éxito laboral, sentimental, el bienestar de la familia, la creatividad, la forma física o el activismo por las causas que nos importan. Suposiciones como la de que un trabajo creativo debe pagarte el sustento y debe realizarse a tiempo completo y otras falacias limitantes por el estilo.

Pero en realidad nuestros días están repletos de “bolsillos” de tiempo. Como cuando te encuentras un billete de 20 € en un abrigo, esos bolsillos, todos juntos, dan para desarrollar lo que sea que te apasione. A trocitos, en horarios prefijados, virutas de tiempo que vas labrando y usando en lo que te importa de verdad, en llamar a tus seres queridos para que estén un poco menos lejos, en hacer ejercicio, en leer, dibujar, pasear. O en no hacer nada. Que eso también hace falta, y ayuda a que cuando hagas, hagas con más energía, pasión, impacto en tus metas.

Hay una lista genial de trucos y consejos, contadas como breves viñetas de las vidas de gente de verdad, personas reales que tienen que comprar papel higiénico, cuidar de niños, hacerse la comida, pero que no están esperando a que el milagro de dos semanas seguidas sin sobresaltos se les aparezcan delante como por arte de magia para dedicarse a lo que de verdad les hace soñar, latir, disfrutar de la vida. No hacen falta dos semanas de desconexión (aunque no vienen mal), hacen falta los breves ratitos mágicos e inspirados que estaban ahí escondidos en los bolsillos.

Las magdalenas

Dije un poco más arriba que iba a explicar esto de las magdalenas. No negareis que el título atrae más clicks que “Pros y contras de las técnicas de productividad”. El caso es que las técnicas de productividad son como las magdalenas en varios aspectos: aportan gratificación instantánea, son fáciles de aplicar, agradables, pero, por desgracia, a partir de la tercera te hacen perder agilidad.

Magdalenas de productividad. Dosifica bien o el atracón te pasará factura. (Fuente: Wikipedia)

Corremos el peligro de ponernos al servicio de nuestras técnicas, de que pierdan el sentido y la finalidad. ¿Para qué es la revisión semanal, si se convierte en una mañana de sábado perdida rebuscando y ordenando fotos del móvil? Se trata de ganar control y perspectiva, de preparar el éxito, grande o pequeño, en las semanas venideras. No es tachar tonterías irrelevantes en una lista y seguir en el mismo sitio (o más atrás) en relación con lo que quieres conseguir

Puntas y trucos

O lo que es lo mismo, consejos y trucos. Me niego a decir “tips”, soy así de boomer, como me dice mi hija adolescente.

1. Ponlo en tu calendario. Y una vez puesto, créetelo.

2. Sincroniza tu lista de tareas y tu calendario, haciendo un híbrido de las dos cosas, por ejemplo: (a) dedicando 10 minutos cada mañana a insertar elementos de tu lista de tareas en los huecos libres de tu calendario, como citas, (b) asignando una fecha de ejecución, en lugar de una fecha de vencimiento, a cada nueva tarea que añadas, (c) anota en las tardes o noches de tu calendario cuándo harás la colada, te ocuparás de tus impuestos o de simplemente relajarte, (d) incluso llevarlo tan lejos como deshacerte de tu lista entera de tareas, llevando cada tarea que surja directamente al calendario; esto funciona mejor en calendarios electrónicos que en los de papel, ya que será inevitable ir moviendo las cosas de sitio. La idea central es la misma en todos los casos: pones a tu lista de tareas y al tiempo de que dispones a trabajar en equipo en lugar de a competir entre sí.

3. La temible bandeja de entrada. Pon límites razonables al correo electrónico y emplea el tiempo que ganarás en otros trabajos más importantes. Tres tácticas expuestas por Jocelyn K. Glei en Unsubscribe: How to kill email anxiety, avoid distractions and get real work done son: (a) no hagas los emails en primer lugar, (b) dedica al correo solo dos o tres bloques de tiempo al día, de media hora o una hora como mucho, reservados en tu calendario como citas, (c) no tengas tu bandeja de entrada abierta en el escritorio mientras estés trabajando en otras cosas. Por último, decide tu tasa personal de no respuesta (“de los correos que recibo y que requieren una respuesta por mi parte, contesto a un x%”)

4. Empieza por el trabajo de verdad. No procrastines con las cosas que atañen a tu verdadera esencia, a tu alma, a quién eres y qué eres. Dales prioridad a esas cosas.

5. Ve a donde esté la energía. Dedícate a lo que te entusiasma y aprovecha la energía que esto produce. Cuando te otorgas la autoridad para decidir qué es lo mejor que se puede hacer a continuación funcionamos mejor y más rápido.

6. El programa férreo. Otra forma de destinar tiempo a lo importante es hacer las mismas cosas a las mismas horas, tanto si tienes ganas como si no.

7. No abandones tu trabajo habitual. Mejor que eso, haz hueco para tus otras pasiones fuera de tu horario de trabajo.

8. Confía en tu sistema. (O monta un sistema del que te puedas fiar). No puedes llevar tus tareas en la cabeza. Esto es GTD del de toda la vida: capturar, procesar, etc

9. Pon tus grandes metas en tu lista de tareas. Ya sea como un primer paso pequeño y manejable, ya como la gran meta, para que te salte ante los ojos cada semana y te fuerces a pensar en cómo lograrla. Tú mandas en tu lista, no tu lista en ti.

10. Pequeños trocitos de tiempo, frecuentemente. Hacer algo pequeñito todos, todos los días te llevará lejísimos.

11. Horarios de trabajo alternativos. Por ejemplo 9/80: trabajar 80 h en 9 días en vez de en 10, con lo que libras un viernes sí y otro no para tus tareas personales, vida en familia, proyectos paralelos o relajarte sin más.

12. Trabajo mental por la mañana, físico por la tarde, como Ernest Hemingway.

13. No trabajes cuando no estás trabajando. ¿Es tu nómina lo bastante cuantiosa como para pagar todo tu tiempo?

14. Suelta el teléfono. Un cesto en la entrada de casa para soltar el móvil, una caja de faraday en el restaurante, cargadores en el salón en vez de en el dormitorio, o un día a la semana sin móvil en la familia.

15. Libera tiempo para las amistades.

16. Dedica tiempo a no hacer nada. La productividad debería permitirnos ganar tiempo improductivo, para tomar un café en una terraza, dar un paseo o leer tranquilamente un buen libro.

17. Elige en qué te concentras. Recobra tu tiempo para lo que te hace feliz.

Pues nada, que aunque no lo parezca, el tiempo está de nuestra parte.

Bibliografía

El libro está lleno de fuentes de información muy interesantes. Aquí van:

Delibes, RAE, 1975 y el cambio global

Por casualidad me he encontrado este artículo en Ágora, que juega con el título del “disputado voto del señor Cayo” y conmemora los 100 años del nacimiento de Miguel Delibes, y eso me ha llevado a leer su discurso de ingreso en la Real Academia Española, donde hace un alegato ecologista que me ha sorprendido. Sobre todo por lo poco que hemos avanzado desde entonces en mitigar las sombrías tendencias que denunciaba este serio vallisoletano hace ya 45 años.

Ingreso de Miguel Delibes en la RAE, el 25 de mayo de 1975. Fuente: rae.es

Me tocó, supongo que como a muchos de la generación X, leer detenidamente a Delibes, no sé si para el colegio o como ejercicio de lectura. Llevar gafas te hace creerte un intelectual cuando eres pequeño y antipático. Había un montón de tomitos de bolsillo de destinolibro por mi casa. Me gustaba ver las portadas y los lomos de esos libros.

Chorradita interactiva con dos portadas de destinolibro. Fuente: internet

Aunque lo primero que leí con ganas fue El tercer ojo, la impostura de T. Lobsang Rampa sobre el Tíbet que podría ser el equivalente a la paella con chorizo de Jamie Oliver, más tarde me atreví a meterme en esos libros ceñudos (no sé por qué cuando pienso en Delibes, el primer adjetivo que me viene a la mente es eso: serio) de las ratas, la sombra del ciprés es alargada, el príncipe destronado, el camino. Me los leía y no me enteraba de nada (me sigue pasando con todo lo que leo, lo de Delibes y lo demás), me ponía muy serio, intentaba identificarme con los personajes. La verdad es que era una prosa que se leía de corrido, que fluía y no tenía ampulosos adornos ni las varices coaguladas de, por ejemplo, este mismo párrafo. A veces escribía un comentario de texto que demostraba a las claras lo que estaba yo afirmando dos renglones mas atrás: que no me había enterado de nada, pero que me masajeaba el ego con una sensación de logro, de cumplimiento y que más tarde se convirtió en garabatos en libretas y hoy en letras digitalizadas en este bloguete.

Bueno, pues este señor serio con gafas de concha, cazador, castellano, de pocas palabras, resulta que tenía conciencia ecológica y que dedicó su participación en la academia más rancia de nuestro rancio país a darse cabezazos contra el muro de incluir palabras del campo en el diccionario (de enterrarlas en el cementerio, como diría Cortázar) y a defender, con ganas y con argumentos que por desgracia siguen muy pero que muy vigentes, un retorno a la sensatez desde nuestros hábitos malsanos como sociedad.

El discurso se titula “El sentido del progreso desde mi obra” y analiza cómo en su obra intuye que el desarrollismo es una falacia, que los avances que hacemos en ciertas direcciones en nombre del progreso son a costa de retrocesos en otras, y a menudo en direcciones o facetas de nuestra existencia que no deberíamos perder.

Los títulos de los apartados de su discurso dan una pista de a qué se refiere don Miguel: El sentido del progreso desde mi obra, El progreso, El signo del progreso, El deseo de dominación, La Naturaleza agredida, a) La Naturaleza desvalijada, b) La Naturaleza envilecida, Mi obra y el sentido del progreso. La pista es que incluso hace cerca de 50 años vivimos enloquecidos con la tecnología, nos generamos necesidades artificiales, queremos movernos deprisa aunque sea a costa del aire, del espacio, de los recursos y pese a eso (o quizá por eso), somos cada vez más infelices y enfermos.

Y como los poetas y los filósofos tienen el privilegio de preguntar sin responder, pues ahí nos quedamos. Hay un problemón ambiental, global. ¿Qué hacemos? Eso, en otra ventanilla.

La broma infinita, de David Foster Wallace

Hace ya unos cuantos días terminé de leer por segunda vez “Infinite Jest”, un libro que David Foster Wallace escribió durante tres años y publicó en 1996. Lo primero que se suele mencionar sobre este libro es su número de páginas y la cantidad de notas a pie de página que contiene. Podríamos quedarnos en lo evidente y no rascar más allá. Me quedaré en lo relativamente obvio nada más, y llegaré hasta donde alcance, o eso voy a intentar.

David Foster Wallace en una lectura de 2006, sin bandana y con agua embotellada, qué le vamos a hacer. Fuente: Wikipedia

La primera vez que lo leí fue en inglés y lo acabé hace algo más de un año (diciembre 2018), y ahora lo he leído en castellano, lo que me ha permitido estar un poco menos lejos de creer entenderlo.

Algo que puede hacer que sea complicado entender lo que quiere decir es el estilo cambiante de David y el uso de varios artificios superpuestos unos encima de otros, por lo que llegar a algo como un esquema de los personajes, lo que ocurre, o incluso en qué año ocurre, es una labor de lija. Vas raspando oropeles que puso David y al final llegarás a la madera, si es que eso es lo que te interesa. Lo peor es que esto es contagioso y me parece que yo también estoy poniendo oropeles en este articulito de blog. Con razón llevo posponiéndolo dos años. Sólo faltaría que para unas 500, o 1000, o las palabras que termine durando este texto, tardase más que Wallace en escribir el tomo inmenso que me llevó a escribir esto. Pero podría pasar.

Creo que “La broma infinita” rebasa el lío de personajes de “Cien años de soledad”, “La colmena” u otras novelas corales. Valga este esquema como prueba.

¿Lo entiendes, o te hago un dibujo? El mapa mental de la broma infinita. Fuente: sampottsinc.com

Lo encontré en este wiki donde los lectores se ayudan entre sí a interpretar este tomo inmenso. También está el desafío de Infinite Summer de leerlo en el verano de 2009, a 75 páginas por semana.

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1079 páginas que condensan el infinito. Fuente: https://infinitejest.wallacewiki.com/

Precisamente ahora pienso que lo más atractivo de esta novela es que creo que es imposible de convertir en una peli. En el inmenso spoiler del inmenso párrafo que veréis a continuación, os daréis cuenta como yo de que es imposible de resumir sin perder sabor por el camino. Y no es sólo por mi infalible técnica literaria, capaz de despojar de sabor todo lo que cuento como la madre de Woody Allen era capaz de retirar todo vestigio de sabor del pollo. No es sólo por eso, es porque la broma es infinita, no cabe, no sé cómo consiguió meterla en sólo mil y pico páginas. ¿Su capacidad de síntesis es otra de las bromas que tiene dentro el libro? Puede ser.

Tripas

Alerta de destripamiento de la trama (que podría acabar como el que intentase contar las páginas del libro de Arena de Borges, con salpicaduras de tripas de trama, con granos de arena, con infinitas páginas por todas partes…). El resto de este párrafo intenta torpemente resumir la trama del libro: Bueno, el caso es que los artificios que él mismo se iba inventando a medida que inventaba esta historia enorme son ingeniosos y complejos casi todos. Te cuenta dos historias que de algún modo están entrelazadas con varias docenas de otras historias. Después de todo este tiempo, yo creo que los principales personajes en la novela son David de adolescente tenista (Hal Incandenza) y David de post-adolescente adicto a las drogas (Don Gately). Hal es un interno en una escuela de alta competición regentada por su madre, la cual es viuda de James (“él mismo”) Incandenza, un extravagante óptico (de los que construyen lentes cercanas a la física de la luz, no de los que te venden gafas que se rayan por mucho cuidado con que las limpies) que dio varios tumbos profesionales hasta convertirse en un cineasta vanguardista (infumable y desagradable como una mezcla entre varios directores infumables y desagradables que se te puedan ocurrir). James, el padre de Hal, se suicidó metiendo la cabeza en un microondas modificado tras años de alcoholismo, infidelidades a su esposa hipercontroladora y tras crear una pieza de entretenimiento (así llamaba James “él mismo” a sus películas) tan entretenida que quienes la vean no pueden hacer otra cosa que verla, abandonan toda su vida, sus necesidades fisiológicas, sus lealtades, todo, por seguir mirando una y otra vez la pieza en cuestión. La pieza es la broma infinita, un arma, en realidad, que unos terroristas canadienses separatistas (unos activistas quebequeses aficionados a la sopa de guisantes que van todos en sillas de ruedas por culpa de un extraño juego / desafío / rito iniciático que consiste en saltar por delante de un tren en marcha en el último momento, después de que su oponente en el desafío salte y antes de que el tren te atropelle, te mate o te lisie, que es lo que les suele ocurrir a los miembros del grupo independentista que medran en la organización, de ahí que se les llame los Assasins des fauteuils roulants. Suelen hacer sus siniestras apariciones en grupo, todos en sus sillas, hartos de los Estados Unidos y de Canadá, que han reconfigurado sus territorios para adaptarse al cambio global (que se distingue del cambio climático en que el cambio global lo provoca la actividad humana) mediante un trueque de terrenos, terrenos que no tan casualmente eran de Québec, un trueque que les permita deshacerse de la inmensa cantidad de residuos que producen unos y otros lanzándolos por los aires desde Boston y alimentando una singularidad física (que el propio James-él-mismo-Incandenza contribuyó a descubrir) que es algo así como un agujero negro de la basura que necesita más y más basura para no estallar, y ahí estamos los productores de basura del mundo para lanzarle basura con catapultas. Me estoy perdiendo, pero es lo que pasa con esta broma. Es infinita, desparrama un sarcasmo quemado y venenoso más allá de sus más de mil páginas. La familia de Hal está traumatizada y destrozada. Hal tiene un hermano, Orin, que se dedica al fútbol americano (dejó el tenis porque sólo sabía hacer enormes y precisas voleas, cambió el brazo por la pierna y lanza patadas a seguir enormes y precisas) o que en realidad se dedica a buscar mujeres casadas, las seduce con un conjunto repugnante de técnicas de manipulación, se acuesta con ellas y a continuación las deja hundidas y mancilladas. Para él parece una especie de venganza porque su padre, James “él-mismo” etc, sedujo, antes de morir, obviamente, a su novia, una chica tan guapa que era monstruosa por su belleza y que era fan del cine incomprensible de James. Eso y el suicidio de James hicieron polvo a Orin y a la madre de Hal y Orin y esposa de James. La escuela de tenis de Enfield, donde Hal está interno fue otro de los proyectos de la errática carrera profesional de James. Los alumnos de la escuela, con su férrea disciplina de entrenamientos, arengas y preparativos para que la fama de la alta competición no les destroce la mente y la vida, viven en realidad ya medio destrozados; o están locos, o son ya adictos a la marihuana (como en el caso Hal), las pastillas, los hongos, las drogas de diseño o los calmantes de todo tipo. Tienen todo un sistema de aprovisionamiento de orina “limpia” procedente de los alumnos más jóvenes y puros para cuando se producen las redadas de controles anti-dopaje, por ejemplo. Un par de calles más allá de la colina desmochada donde está la Academia Enfield de Tenis está la Casa Ennet, un hogar de rehabilitación de toxicómanos donde Don Gately está cumpliendo parte de la condena a la que le ha arrastrado su adicción a los opioides, en la huida de una infancia atroz con una madre alcohólica y un padrastro metódicamente maltratador (hacia su madre). Don es enorme, una mole valiente y noble que usaba su cabeza para detener las puertas de los ascensores cuando jugaba al fútbol en el instituto y que fue perdiendo todo lo poco que tenía por culpa de la adicción. Se fue especializando en colarse en casas desactivando la alarma y llevándose lo que pudiese vender para conseguir más opioides inyectables, pero una noche amordazó a un canadiense francófono (quebequés, precisamente) que estaba muy resfriado y que no consiguió hacerse entender antes de amordazarle y murió asfixiado. El caso es que Don se desengancha y termina siendo cuidador de un montón de yonquis que están en esa casa, y los vas conociendo, y todos son de verdad y cada uno con un drama enorme o con miserias enormes de las que no consiguen escapar. Gente de verdad que David conoció en hogares de rehabilitación similares y que aquí están retratados con más crudeza que en una canción de Lou Reed. Don es un héroe doliente, y hacia el final de libro lo demuestra dando una paliza de muerte a cuatro enormes quebequeses vestidos de hawaiianos a los que un interno de la casa Ennet adicto a la cocaína ha hecho una faena terrible al matar a su perro por pura diversión. Persiguiendo al adicto, los enormes quebequeses llegan hasta la casa armados hasta los dientes y Don defiende a sus malditos adictos dándoles a los matones una paliza mortal digna de una peli de Tarantino por la crudeza irónica con que se describe.

En este libro, entre bromas y veras, se cuentan experiencias reales de adicción y crueldad, de depresión y suicidio. David acabó sus días de creatividad inmensa, de inteligencia y cultura colosales, derrotado por una depresión crónica que culminó tristemente con su suicido a los 46 años de edad el 12 de septiembre de 2008. En este libro hay síntomas fáciles de detectar a toro pasado. Hay burlas en medio de unos dramas terribles, señales de alerta por todas partes. Más de una vez he estado hablando con mi pareja en la vida de lo que deben de sufrir las personas que son inteligentes, muy capaces en algo. Inteligentes de verdad, que entienden la realidad en sentido abstracto, captan las leyes que subyacen a todos los fenómenos que observamos y entre los que los mortales de a pie navegamos sin hacernos muchas más preguntas. ¿Es posible ser de verdad inteligente y ser feliz?

Los cerebritos viven acosados por los matones del instituto hasta que encuentran algún refugio en la ciencia, en las artes o en algo que les retribuya por esa habilidad hiperdesarrollada que tienen, pero siguen sin ser capaces (o pocos encuentran su camino en esos laberintos) de integrarse con los demás, si no es renunciando a esa curiosidad y habilidad especial que algunos tienen, si no es fingiendo que no tienen esa curiosidad.

Entonces, ahora lo que pienso es que David Foster Wallace pudo haber sacrificado todo eso, viviendo y creando con urgencia enormes obras como esta, como sus artículos en Harper’s, como sus reflexiones sobre la filosofía, el infinito, la cultura, la tele y la miseria, para echarnos una mano a los demás a soportarlo, ya que él iba a sucumbir. Aunque fuese un acosador, igual que Franzen difícilmente podría ser más despreciado por representar el privilegio masculino y blanco o Lennon por maltratador disfrazado de pacifista. Todas estas cosas ayudan a desbancar la idolatría y tratar de hacer algo por uno mismo, ¿no?

Hasta la vista allá arriba, por Pierre Lemaître

Esta novela histórica de Pierre Lemaître ambientada en los años posteriores a la guerra del 14-18 recibió el Goncourt en 2013, y fue adaptada al cine.

Me lo prestó mi madre, a quien se lo regaló mi prima. A ella le recuerda a mi bisabuelo Jules, que fue un poilu y perdió una pierna por uno de los millones de obuses que alemanes y franceses se lanzaban entre sí en una espantosa guerra de trincheras que Louis Ferdinand Céline ya retrató con la crudeza que hacia falta. El recuerdo que mi madre siempre me cuenta del grand-père Jules era que se dejaba tirar del mostacho por los niños que se quedaban embelesados de su espesor y longitud. Les animaba a que tirasen del bigote, para que comprobasen que pese a su espectacularidad no era postizo: “Tira, tira sin miedo”.

Portada del libro

Creo que en este libro se trata de otra cosa que de la oscuridad inmunda de destruir una generación entera en una guerra de trincheras y desgaste. Habla de generales insensibles y soldados condenados, de traiciones y miserables engañándose unos a otros, de una amistad entre hombres, donde uno admira incondicionalmente al otro (un poco como el Gran Meaulnes, de Fournier, a mi incompleto parecer) y donde “buenos” y “malos” hacen casi lo mismo, lo que pueden. Pero los “buenos” son simpáticos y eso se subraya una y otra vez para que sus maldades sean menos malas que las de los malos, cuyo pecado principal es la antipatía y el éxito en medio de la ruina de todos los demás. Está la rebeldía del hijo díscolo (admirado y cuidado por su amigo) que no se atiene a las expectativas de su padre, que se engancha a los opiáceos con el patrocinio de su amigo admirador. Se engancha para soportar el dolor de su espantosa mutilación en la guerra, o sólo para soportar la existencia en este mundo injusto e imperfecto, quién sabe. Lo cierto es que el dramatismo crudo de esta historia se cuenta un poco medio en broma, casi como si fuera un cómic de Astérix y Obélix, un poco menos heroicos, pero bromeando en medio del sufrimiento para ayudarse, para soportarlo. El final es de esos de justicia poética, de karma circular bien cerrado, un trágico castigo a Prometeo por robar el fuego sagrado que quizá sea lo que más me ha impactado de este libro.

No hace falta esperar a la peli para leerlo, por dos razones: porque ya ha sido adaptada al cine, como decía al principio, y porque merece la pena esta historia triste, conmovedora y bien contada. O así me lo ha parecido a mi.

El trailer de la peli:

La edición española en Salamandra: https://salamandra.info/libro/nos-vemos-alla-arriba

El hombre de mazapán, por J. P. Donleavy

Tengo un buen amigo librero del que ya he escrito antes. Suele recomendar libros que parecen deprimentes, pero en el fondo están llenos de una ingenua esperanza por un mundo mejor que podría estar a la vuelta de la esquina para los anarquistas que lo intenten. Y yo siempre le hago mucho caso a su consejo, como optimista cínico que soy, deseando derrumbar mi cinismo o que mi cinismo derrumbe el optimismo de una vez por todas.

Bueno, pues le vi hablar bien de James Patrick Donleavy (recomendando este artículo publicado un años después de su fallecimiento), como lo haríamos tú o yo para hablar de alguien a quien has conocido desde siempre y aunque nadie hiciese caso a tu recomendación (en realidad, fue la primera vez que recuerdo haber leído ese nombre). Y me puse a buscar “El hombre de mazapán” que aparece como su título más destacado.

El autor y boxeador callejero en sus años mozos ante una copa. (Fuente: IMDB)

El hombre de mazapán

El hombre de mazapán (The Ginger Man) es una novela de J. P. Donleavy publicada por vez primera en París en 1955. La historia está ambientada en el Dublín (Irlanda) de la posguerra, en 1947. Tras su publicación fue prohibida tanto en Irlanda como en los Estados Unidos de América por obscenidad.

Portada de la primera edición, de 1955. Fuente: Wikipedia (cómo no)

El protagonista, Sebastian Dangerfield (Sebastián Campo-de-peligros o Lleno-de-peligros), es un irlandés nacido en Nueva York, inmigrante, pobre de oficio, borracho y salido que se supone estudia en Trinity College. Jamás cumple una promesa, menos al San Oliverio cuya imagen en miniatura lleva siempre en un bolsillo. Hace tanto daño a su prójimo, y con tanto descaro y maldad, que a ratos su historia se te hace insoportable.

He traducido más abajo el artículo de la wikipedia en inglés sobre este libro, he añadido algunos enlaces y vídeos y al final he dejado en su sitio mi opinión, más abajo:

Trasfondo

Brendan Behan, amigo y colega escritor de Donleavy, fue la primera persona que leyó el manuscrito completo. El libro fue rechazado por numerosos editores, pero The Manchester Guardian  publicó varios pasajes, llamando al libro “un triunfo cómico”.

Behan le habló a Donleavy de Olympia Press, una editorial en lengua inglesa con sede en París que había producido obras de Samuel Beckett, y Donleavy logró que publicasen su libro, pero se puso furioso cuando descubrió que lo hicieron bajo su sello de pornografía.

En su autobiografía de 1994, La historia del hombre de mazapán , Donleavy escribió: “Di un puñetazo en su portada verde, como fue publicada en la serie apócrifa y pornográfica Traveller’s Companion, y declaré en voz alta: ‘Aunque sea lo último que haga, vengaré a este libro.'” Donleavy y el propietario de Olympia Press, Maurice Girodias, se enzarzaron en pleitos legales durante décadas. The Guardian comentó: “Veinte años más tarde, las dos partes seguían demandándose mutuamente bajo el nombre de empresas fantasma -Donleavy era la “Empresa Un Cualquiera Sin Importancia” (‘The Little Someone Corporation’)- sin que se vislumbrase un final. El propio Girodias se declaró en bancarrota, y planeaba volver a comprar su amada Olympia Press en una subasta en París. Donleavy se enteró de la vebta y envió a su esposa a Francia con una gran suma en efectivo. Cuando la puja rebasó los 8000 $, a Girodias se le acabó el dinero. La misteriosa mujer (a los ojos de Girodias) hizo una última puja, y la Olympia Press pasó a manos de Donleavy.

Acogida

El hombre de mazapán ha vendido 45 millones de copias en todo el mundo y nunca ha dejado de imprimirse. Fue nombrada una de las 100 mejores novelas del siglo XX por la Modern Library en 1998. El libro se reimprimió en 2001, y se volvió a publicar el 29 de julio de 2010 en Grove Press.

En 1958, Norman Podhoretz, el editor de Commentary, anotó en The New York Times que:,”En los últimos meses, un gran número de primeras novelas logradas de un modo destacable y escritas por americanos había aparecido, todas ellas adornadas con las habituales exclamaciones de entusiasmo de los editores en la sobrecubierta. Lo que es más sorprendente, algunas de ellas -notablemente Home From the Hill de William Humphrey y El hombre de mazapán de J. P. Donleavy- justifican ese entusiasmo. […]Lo que realmente hace de El hombre de mazapán un trabajo vital es el hecho de que refleja y comenta dramáticamente los absurdos de una edad que se aferra a valores en los que simplemente no puede creer y es incapaz de reunir el coraje para encontrar cuáles son en realidad sus convicciones morales”.

Escribiendo en The Guardian  en 2004, James Campbell juzgó que “El hombre de mazapán aún se lee bien hoy, una vez que uno se acostumbra a su estilo precipitado, sus frecuentes frases sin verbos, el cambio de tiempos verbales y el balanceo maníaco entre primeras y terceras personas mientras se lanza a atrapar los pensamientos balbuceantes del protagonista […] En otros lugares, la prosa va dando saltos de forma aliterativa, con matrices de Joyce y Dylan Thomas. Muchos capítulos terminan con un retazo en verso, un hábito que comenzó en el primer libro de Donleavy y se convirtió en su firma”.

En la reedición de 2010 de El hombre de mazapán, Jay McInerney anotó en la introducción que el libro “ha lanzado sin duda miles de bolas curvas, pero también ha inspirado a legiones de escritores con su voz narrativa vívida y visceral y la acentuada lírica de su prosa”.

Adaptaciones

Donleavy escribió una adaptación al teatro de El hombre de mazapán , dirigida por Philip Wiseman, la cual se estrenó en Londres en septiembre de 1959, con Richard Harris en el papel de Dangerfield. En octubre, la obra se estrenó en Dublín, también protagonizada por Harris, y fue cancelada después de tres representaciones, debido a lo ofensiva que era la obra según los críticos de Dublín, y tras las protestas de la Iglesia Católica. Todo esto está registrado por Donñeavy en la publicación en 1961 por Random House de la obra con un ensayo de Donleavy, “Lo que hicieron en Dublín con el hombre de mazapán (una obra de teatro)”.

La BBC produjo una versión televisiva de 90 minutos de la obra, dirigida por Peter Dews , y se emitió el 23 de marzo de 1962 en el Reino Unido. Ann Bell interpretó a Marion Dangerfield, Ronald Fraser a Kenneth O’Keefe, Ian Hendry a Sebastian Balfe Dangerfield, y Margaret Tyzack hizo de Miss Frost.

Imagen de la producción televisiva de la BBC en 1962. (Fuente: IMDB)

Donleavy pidió al director George Roy Hill que filmase la novela (los dos, junto con Gainor Crist, habían asistido juntos a Trinity), pero a Hill le pareció que perdería perspectiva porque el proyecto estaría demasiado cerca de su corazón y su época como un joven de Trinity.

Se ha documentado (Horton, Andrew (2005). The Films of George Roy Hill. McFarland. pp. 26–27. ISBN978-0-7864-1931-9.) que en 2005 hubo conversaciones con el actor Johnny Depp sobre protagonizar una película basada en la novela. Los rumores sobre el proyecto empezaron a aflorar cada año o dos desde 1998, incluyendo viajes de Depp a Dublín para trabajar en un guión con Donleavy, y Depp enrolando a Shane MacGowan para un papel, pero parecía que nunca se pondría en marcha. En 2006 parecía que las cosas iban tomando forma, con Depp seleccionando a un director, Laurence Dunmore (The Libertine). Al parecer, el interés se desvaneció con el éxito de Piratas del Caribe. Depp volvió a Irlanda para reunirse de nuevo con Donleavy en el verano de 2008. En junio de 2009, Donleavy aún tenía esperanzas de que Depp empezaría con el proyecto en serio.

El libro también inspiró canciones con el mismo título. La primera fue grabada por Geoff MuldaurFritz Richmond, and John Sebastian en el álbum de Elektra en 1964 The Blues Project (EKL-264). (Sin embargo, las notas de la cubierta de este álbum indican que la canción era un tributo a Richmond).

Una segunda fue escrita y grabada por el cantautor australiano Brian Cadd y fue lanzada como el primer single de su álbum de debut epónimo, lanzado en octubre de 1972.

and was released as the first single from his self-titled debut album, released in October 1972.[18][19]

Mi experiencia, mi opinión

Tampoco es que le importe a nadie, ni tengo muy claro haber entendido bien este libro. Escribo de memoria lo que recuerdo de cuando lo leí, en inglés, hace ya unos cuantos meses. Esas barreras no justifican mi ignorancia ni mi indolencia, pero allá voy.

Es un libro atropellado, como indicaron algunos de los que reseñaron su estilo (no sé si en tono de queja). Creo que todo pasa muy rápido, que las estrecheces y la ignominia hicieron a James Patrick retratarse a sí mismo con toda crudeza, con parte del odio a uno mismo que casi todos cultivamos. La reflexión de ‘¿Por qué diablos hice eso?’ deja paso a simplemente contar lo hecho, sin tapujos, sin maquillaje. De ahí a que se tenga que convertir en una obscenidad, o que haya que prohibirlo como se prohibió, o relegarlo a una editorial de porno parisino, creo que media un abismo. Es un afán que me intriga, esto de esconder las joyas que el arte ha construido, aunque haya sido buceando en la, con perdón, mierda.

Porque mi recuerdo es que el relato es duro, crudísimo, pero desde la distancia de un humor enloquecido, la mirada horrorizada hacia lo espantosa que es la juventud, de un nihilismo atroz. Porque el protagonista, me da la sensación, no es que esté buscando su sitio. Es que no quiere ningún sitio de lo que esta sociedad le propone, o entre lo que se ve obligado a elegir. Se niega a elegir y para eso somete a todos sus conocidos y conocidas a las peores humillaciones, mentiras y traiciones. Un canalla entre los canallas que podría haber en Dublín con el hambre de después de una guerra mundial demoledora. No sólo se derrumban las casas con las bombas, pero el libro no habla de nada de esto.

Habla a toda prisa de lo que este canalla hace cada día, de cómo salta de impago en impago, del frío y el vino, de pedir a crédito a un tendero, pobre de él, que no le conoce y a pesar de ello le ofrece hasta un jamón, y mantequilla en abundancia y comida y bebida como para varios meses. El protagonista es de la clase de gente que ha motivado esos cartelitos y azulejos mundanos del tipo ‘Hoy no se fía, mañana sí’, que ha hecho que para ser tendero de barrio debas ser desconfiado.

Me hace pensar en el sufrimiento que producen las personas que no son capaces de ser de fiar. Y probablemente esas personas poco fiables también sufran. Que un autor te pueda hacer reír con esto es, puede ser, escandaloso. Pero creo que es algo que merece la pena, algo que hay que compartir, no algo que haya que enterrar bajo la censura . Y por suerte la vida se abrió camino y el libro triunfó pese a todo lo que tuvo en contra.

Bibliografía

  • 1961: The Ginger Man: A PlayRandom House. (título alternativo; 1961: What They Did in Dublin, With The Ginger Man, A Play. Macgibbon & Kee.)

Anarquía en acción. La práctica de la libertad, por Colin Ward

Tengo un amigo librero. No tiene una librería-papelería, con libros de texto, forros de PVC ni compases, lo que seguro le permitiría una holgura y una tranquilidad económica adicional. Tiene una librería librería. Con libros antiguos y nuevos, todos ellos sus criaturas. Los conoce, a algunos los ama como a un hijo, y ellos (los libros) a veces se rebelan en el trastero, parece que se reproducen, se interpolan y refutan entre sí, abren bibliotecas de Babel de libros de arena con infinitas páginas en los huecos que hay entre ellos. Y cuando Javi abre la puerta del trastero intentan caerse encima de él en un abrazo. Letal, pero abrazo.

Le gustaría jubilarse de librero, pero el innombrable Voldemort prime que te atiende a deshoras a base de espiar tu conducta de compras impulsivas y el amparo que las leyes dan a esos negocios le está dejando sin mucho sitio.

Pues nada, que mi amigo librero es de los que no rechazan un café, confían en el servicio de correos (el electrónico no, el de cuando Bukowski era cartero, que ya es confiar), en el sistema de códigos postales y en entender a sus clientes, quienes dudan con curiosidad sobre qué libro llevarse o, en mi caso, sobre que libro regalar a alguien que Javi no conoce. Y Javi me recomendó tres libros deliciosos, tanto que casi me daba pena regalárselos a mi padre. Pero lo hice, se los regalé, y hoy mi padre me ha prestado uno de ellos.

Colin Ward

Colin Ward (Wanstead, 1924 – Ipswich, 2010) fue un escritor anarquista británico. Ha sido llamado “uno de los más grandes pensadores anarquistas del último medio siglo, y un historiador social pionero”

Vida

Ward nació en Wanstead, Essex. Se hizo anarquista mientras estaba en el ejército británico durante la segunda Guerra Mundial. Como suscriptor de War Commentary, el equivalente durante de la guerra de Freedom, fue citado en 1945 desde Orkney, donde prestaba servicio, para dar testimonio en el juicio celebrado en Londres contra los editores por publicar un artículo presuntamente orientado a seducir a los soldados para que desatendieran su deber o su lealtad. Ward rechazó robustamente seducción alguna, pero los tres editores (Philip Sansom, Vernon Richards y John Hewetson) fueron declarados culpables y condenados a nueve meses de prisión.

Fue un editor del periódico anarquista inglés Freedom entre 1947 y 1960, y el fundador y editor del periódico mensual anarquista Anarchy entre 1961 y 1970.

Desde 1952 a 1961, Ward trabajó como arquitecto. En 1971, se convirtió en el Jefe de Educación para la asociación de planificación Town and Country. Publicó profusamente acerca de educación, arquitectura y planificación urbana. Su libro más influyente fue El niño en la ciudad (1978), sobre la cultura callejera de los niños. Desde 1955-6, Ward fue profesor emérito de Vivienda y Política Social en la London School of Economics.

En 2001, Ward fue nombrado Doctor Honorífico de Filosofía en la Universidad Anglia Ruskin.

Pensamiento

Anarquismo

La filosofía de Ward aspiraba a eliminar las formas autoritarias de organización social y reemplazarlas con formas auto-gestionadas, no jerárquicas. Esto se basa en el principio de que, en palabras de Ward, “En pequeños grupos cara-a-cara, las tendencias burocratizantes y jerárquicas inherentes a las organizaciones tienen menos oportunidades de desarrollarse”. Admiraba especialmente el sistema suizo de democracia directa y cantones en que cada cantón es conducido por sus miembros, quienes tienen el control sobre las leyes que se les aplican, aunque desaprobaba muchas de las políticas que este sistema instauró.

“Creo que las ideas sociales del anarquismo: grupos autónomos, orden espontáneo, control de los trabajadores, el principio federativo, dan lugar a una teoría coherente de la organización social que es una alternativa válida y realista a la filosofía social autoritaria, jerárquica e institucional que vemos aplicada por todas partes a nuestro alrededor. El ser humano se verá compelido, declaraba Kropotkin, ‘a encontrar nuevass formas de organización para las funciones sociales que el Estado cubre por medio de la burocracia’ e insistía en que ‘mientras no se haga esto nada se hará. Creo que hemos descubierto lo que estas normas de organización deberían ser. Ahora tenemos que crear las oportunidades de ponerlas en práctica”.

Asuntos urbanos

La mayoría de los trabajos de Ward trata con el problema del alojamiento rural y los problemas de la superpoblación y las normas de planificación en Gran Bretaña, para las cuales propuso soluciones anarquistas. Era un admirador ferviente del arquitecto Walter Segal, quien estableció un sistema de ‘constrúyelo tú mismo’ en Lewisham que significaba que las tierras que eran demasiado pequeñas o en las que era difícil construir de forma convencional eran entregadas a la gente, quien con la ayuda de Segal construiría sus propios hogares. Ward estaba muy interesado en la idea de ‘constrúyelo tú mismo’, y dijo en respuesta a la proposición de eliminar todas las leyes de planificación: ‘No creo en dejar libertad absoluta, los ricos asesinan impunemente cuando eso ocurre. Pero quiero que el sistema de planificación sea lo suficientemente flexible para dar una oportunidad a las personas sin hogar’. En su libro Cotters and Squatters (Aparceros y okupas), Ward describió el desarrollo histórico de costumbres informales de apropiarse de terrenos para alojarse que creció con frecuencia en oposición a sistemas constituidos legalmente de propiedad de la tierra. Ward describió costumbres ancestrales en muchas culturas similares a la tradición galesa del Tŷ unnos o ‘casa de una noche’ construida en suelo común.

Ward incluyó un pasaje de su antepasado anarquista, Peter Kropotkin, quien dijo del paisaje vacío y asilvestrado de Surrey y Sussex a finales del siglo XIX: ‘en todas direcciones veo casas de campo abandonadas y jardines de frutales camino de la ruina, toda una población ha desaparecido.’ El propio Ward fue más allá para observar: ‘Precisamente un siglo después de que se escribiera este testimonio, los campos estaban vacíos otra vez. Cincuenta años de subsidios habían hecho millonarios a los propietarios de tierras de labor por medio del cultivo mecanizado y, con una crisis de sobre-producción; la Unión Europea estaba premiándoles por no cultivar nada en parte de sus tierras. Sin embargo, había menos oportunidades que nunca en la historia para los pobres sin hogar. Los hijos crecidos de las familias locales no pueden subirse al carro del alojamiento’. La solución de Ward era que ‘debería haber algún sitio en cada parroquia donde sea posible para la gente construir sus propios hogares, y debería permitírseles hacer un poquito cada vez, empezando de una forma sencilla y mejorando la estructura con el tiempo. La idea de que una casa debería estar completa de una vez antes de que puedas obtener una licencia urbanística y una hipoteca es absurda. Mira las casas de este pueblo. Muchas de ellas han desarrollado su carácter a través de siglos -un poco de medieval en la parte trasera, con adiciones Tudor y Georgianas.’

Educación

En su principal publicación teórica, Anarquía en Acción (1973), Colin Ward, en un capítulo titulado “No más escuelas”, diserta sobre la genealogía de la educación y la escolarización, en particular examinando los escritos de Everett Reimer e Ivan Illich, y las creencias del educador anarquista Paul Goodman. Muchos de los escritos de Colin en los años 70 del siglo XX, en especial Streetwork: The Exploding School (1973, con Anthony Fyson), se centraron en prácticas y espacios de aprendizaje fuera del edificio del colegio. Al presentar Streetwork, Ward escribe: “[este] es un libro sobre las ideas: ideas sobre el entorno como el recurso educativos, ideas de la escuela de las preguntas inquisitivas, la escuela sin paredes…”. El mismo año, Ward contribuyó a Education Without Schools (editado por Peter Buckman) debatiendo sobre ‘el rol del estado’. Argumentaba que “un rol significativo del estado en los sistemas educativos nacionales del mundo es el de perpetuar la injusticia social y económica”.

En The Child in the City (1978), y más tarde The Child in the Country (1988), Ward “examinó los espacios cotidianos de las vidas de la gente joven y cómo pueden negociar y rearticular los diversos entornos donde habitan. En su texto más temprano, el más famoso de los dos, Colin Ward explora la creatividad y la singularidad de los niños y cómo cultivan ‘el arte de hacer que al ciudad funcione’. Argumentaba que por medio del juego, la apropiación y la imaginación, los niños pueden contrarrestar las intenciones e interpretaciones del entorno construido basadas en los adultos. Su texto más reciente, The Child in the Country, inspiró a numerosos científicos sociales, notablemente al geógrafo Chris Philo (1992), para que prestaran más atención a la gente joven como un grupo ‘oculto’ y marginado en la sociedad”.

El libro

“Anarquía en acción” es un libro que explora el pensamiento y la práctica del anarquismo y que se publicó por primera vez en 1973.

Portada. Fuente: Wikipedia

El libro es una introducción al anarquismo pero se diferencia considerablemente de otros al concentrarse en la posibilidad de un anarquismo arraigado en la experiencia cotidiana, y no necesariamente vinculado con las luchas industriales y políticas. Sus ideas están fuertemente influidas por Peter Kropotkin y su concepto de la Ayuda Mutua. Ward basa su texto en evidencias sociológicas, antropológicas, cibernéticas, de psicología industrial y de la experiencia en vivienda, planificación urbana, educación, trabajo, juego y servicios sociales. Ward aboga en favor de alternativas anarquistas a los sistemas universales de gobierno y jerárquicos de organización social. Esto se opone a un buen número de tendencias convencionales de la izquierda socialistas, porque Ward era bastante crítico acerca del estado del bienestar.

Citas

“El argumento de este libro es que una sociedad anarquista, una sociedad que se organiza a sí misma sin autoridad, siempre existe, como una semilla bajo la nueva, enterrada bajo el peso del estado y su burocracia, el capitalismo y su desperdicio, su privilegio y sus injusticias, el nacionalismo y sus lealtades suicidas, las diferencias religiosas y su separatismo supersticioso”.

¿La anarquía se diferencia del socialismo en que no es utópica?

A veces me pongo retórico (pedante, inepto, machacón, elige tu adjetivo) con mis títulos de apartados, como en esta ocasión. Puede que sí, aunque en realidad no entiendo tanto de teoría política como para sostener decentemente una opinión. Lo cierto es que lo que encontré leyendo este libro (hace un poco de tiempo desde que lo leí y ahora escribo un poco de memoria) fue la sensación de que la idea recibida de que el anarquismo consiste en disturbios y poner bombas no casa mucho con las ideas constructivas, prácticas, que buscan el bien común que encontré en este libro.

No para de poner ejemplos sorprendentes de cómo personas desfavorecidas fueron conquistando de forma pacífica espacios desocupados, desperdiciados durante la nefasta gestión del gobierno. Después de la 2ª guerra mundial había en numerosas zonas de Gran Bretaña complejos militares espléndidamente equipados para alojar a oficiales que nunca entraron ahí. Los sin techo (a causa de los bombardeos) de los alrededores fueron ocupando esos espacios. Lo rompedor era poner por delante de la sacrosanta “Seguridad Nacional” el bienestar de las personas concretas y palpables. Tiene gracia cómo la policía quería requisarles a Colin y su pareja peligrosísimas máquinas de escribir que utilizaban para plasmar lo que pensaban sobre tanto disparate oficial, jerarquía y burocracia.

Lo que me pareció muy interesante de este libro es que demuestra limpiamente, en la larga tradición de charming librepensadores y ateos de Inglaterra, que:

  1. Ley no es necesariamente igual a Orden, ni a Justicia.
  2. Anarquía no significa Desorden, ni Destrucción, ni Ley de la Selva (a menudo Capitalismo o Neoliberalismo sí que significa Ley de la Selva)

Mi sensación es que es más un Hack the System que F*ck the System que, además ha venido ocurriendo desde que los humanos han vivido colectivamente, es decir, desde que existimos. Siempre toca organizarse y actuar, y la opción de hacer algo nuevo, a la vista de que lo antiguo tiene defectos y consecuencias nefastas, es una oportunidad para que la creatividad y el bien común se abran camino.

Obra del autor

  • Talking Green (2012)
  • Autonomy, Solidarity, Possibility: The Colin Ward Reader (editada por Damian F. White and Chris Wilbert) (2011)
  • Anarchism: A Very Short Introduction (2004)
  • Cotters and Squatters: The Hidden History of Housing (2004)
  • Talking Anarchy (con David Goodway) (2003)
  • Sociable Cities: The Legacy of Ebenezer Howard (con Peter Hall) (1999)
  • Reflected in Water: a Crisis of Social Responsibility (1997)
  • Havens and Springboards: The Foyer Movement in Context (1997)
  • Stamps: Designs For Anarchist Postage Stamps (ilustrado por Clifford Harper) (1997)
  • Talking to Architects (1996)
  • New Town, Home Town (1993)
  • Freedom to Go: After the Motor Age (1991)
  • Influences: Voices of Creative Dissent (1991)
  • Talking Houses: 10 Lectures (1990)
  • Undermining the Central Line (con Ruth Rendell) (1989)
  • Welcome, Thinner City: Urban Survival in the 1990s (1989)
  • The Allotment: Its Landscape and Culture (con David Crouch) (1988)
  • The Child in the Country (1988)
  • A Decade of Anarchy (1961-1970) (1987)
  • Chartres: the Making of a Miracle (1986)
  • Goodnight Campers! The History of the British Holiday Camp (con Dennis Hardy) (1986)
  • When We Build Again: Let’s Have Housing that Works! (1985)
  • Arcadia for All: The Legacy of a Makeshift Landscape (con Dennis Hardy) (1984)
  • The Child In The City (1978)
  • Housing: An Anarchist Approach (1976)
  • British School Buildings: Designs and Appraisals 1964-74 (1976)
  • Tenants Take Over (1974)
  • Utopia (1974)
  • Vandalism (ed.) (1974)
  • Anarchy in Action (1973)
  • Streetwork: The Exploding School (con Anthony Fyson) (1973)
  • Work (1972)

Obra crítica sobre Colin Ward

  • Wilbert, Chris, and Damian F. White. Autonomy, solidarity, possibility: the Colin Ward reader. AK Press, 2011.
  • Levy, Carl. Colin Ward: Life, Times and Thought. Lawrence & Wishart, 2013.
  • Remembering Colin Ward (Five Leaves Press 2011)
  • Richer Futures. Fashioning A New Politics (Earthscan, 1999)
  • Goodway, David. Anarchist Seeds Beneath the Snow: Left-libertarian Thought and British Writers from William Morris to Colin Ward. PM Press, 2012.
  • Honeywell, Carissa. A British Anarchist Tradition: Herbert Read, Alex Comfort and Colin Ward. A&C Black, 2011.
  • Levy, Carl. “Introduction: Colin Ward (1924-2010).” Anarchist Studies 19.2 (2011): 7-16.
  • Goodway, David. “Colin Ward and the New Left.” Anarchist Studies 19.2 (2011): 42-56.
  • White, Stuart. “Social anarchism, lifestyle anarchism, and the anarchism of Colin Ward.” Anarchist Studies 19.2 (2011): 92-104.
  • White, Stuart. “Making anarchism respectable? The social philosophy of Colin Ward.” Journal of Political Ideologies, 12:1 (2007): 11-28, DOI: 10.1080/13569310601095580

Referencias

Fuentes y ¿qué pensáis vosotros?

Para escribir este post he traducido y fusilado con anárquica impiedad estos dos artículos de la Wikipedia inglesa: Colin Ward y Anarchy in Action. Soy un perezoso, o no tengo tanto tiempo como podría pensarse al ver tantas distracciones a las que me entrego con devoción.

El otro día me cupo la alegría de enterarme en Tomares (Sevilla) que un antiguo conocido mío sufría con resignación las chapas que suelto en este blog y su educación abnegada y su generosidad excesiva le obligaron a decir que le interesaba y lo seguía (muchas gracias y perdona la broma ególatra).

Haz un comentario, amigo mío, ¿qué opinas de estas cosas?