Purple Division, o Joy Mountains

All My Happinness Is Gone, de Purple Mountains

‘All my happiness is gone’ es la cara B de ‘Love Will Tear Us Apart’.

Incluso en ambas la memorable melodía de las partes instrumentales parece usar las mismas notas con un orden ligeramente distinto.

Las dos son canciones tristísimas, puede que las más tristes que se hayan escrito, pero si no te fijas en la letra parece que estén hechas para bailar en una fiesta.

Si te fijas en la letra, son un baile, sí, pero el del suicida sobre la tumba de un amor que les ha dejado / les va a dejar extenuados y derrotados.

Ven venir que el amor nos a a derrumbar, pero no se recuestan encogidos a llorar susurros entre acordes menores, sino que sacan el megáfono y proclaman a los cuatro vientos que la parte de fiesta convulsa, de ojos en blanco, que les queda la piensan rebañar bien mientras sus articulaciones aguanten el traqueteo.

Así que puede que sea por eso por lo que me interesa el llanto vestido de risa enloquecida de estos enfermos que no eran enfermos, sólo eran dos que tenían ojos en la cara, ojos abiertos que les permitieron ver que lo enfermo es este mundo que heredamos y en el que contribuimos a perpetuar el sufrimiento y los sinsentidos, donde la belleza te llama a sus cimas al mismo tiempo que la miseria espera comerte por los pies a menos que alguien la convenza de comerse a otro más desgraciado.

Y estos dos locos vieron claro que eso es lo que pasa, lo denunciaron moviendo las caderas, dando latigazos a sus guitarras con una melodía que puedes silbar, haciéndole una peineta a la desgracia antes de que se ella quien gane la batalla.

Pese al final que explotarán los reporteros musicales tan ramplones como yo (ramplón, no reportero) que metemos en el mismo saco a dos creadores que terminaron destruyéndose a sí mismos, prefiero (1) su baile Zaratustriano sobre las tablas de la ley (calzando botas de tacos) con acordes mayores antes que (2) el llanto recogido de ‘rompo contigo porque ya no me haces caso pero te voy a echar de menos’. Lo segundo, el llanto recogido, soy idiota, me pone indeciblemente más triste.

Love Will Tear Us Apart

La solución de una visitante de la COP25 a la emergencia climática

Las dos (o tres, si contamos los preparativos) últimas semanas de 2019 estuve volcado con mis compañeras y compañeros en montar un stand para Suez en la zona verde de la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático, la COP25. En Chile había unas protestas ciudadanas que iban a peor y que hicieron cambiar la sede a Madrid. No vi a Greta Thunberg, ni a Arnold Schwarzenegger, a Alejandro Sanz, ni a Harrison Ford. Vi gafas de realidad virtual que a ratos se desconectaban, una wifi de la que dependían casi todas nuestras demos, y un desfile continuo de público y personalidades con las que conversar sobre cambio climático y soluciones avanzadas. Fuimos honrados con la visita de ministras y ministros, presidentes, consejeras y consejeros autonómicos, alcaldesas, alcaldes, concejalas y concejales, y todos sin excepción compartían y mostraban su compromiso en la lucha por la mitigación de y la adaptación al cambio climático. En dos semanas hicimos la agenda de visitas de unos dos años, más o menos. Volví a ver a colegas de la dirección y de la actividad frenética y cotidiana de mi empresa, a proveedores y espero que futuros socios, a personas que trabajan en la sociedad civil por que todo esto mejore en algún sentido. Dos intensas semanas ruidosas y afónicas, de entusiasmo y esfuerzo por acercarnos a las metas de un mundo mejor pese a los obstáculos y la complejidad imperante.

El stand de Suez en la COP25

Recibimos en el stand más de una visita curiosa. Una mujer menuda y discreta estaba muy impresionada y agradecida por lo que la técnica y la ciencia hacía por la sociedad, pero tenía un punto de vista que iba repartiendo. Era algo que había escrito poco antes, lo imprimió en múltiples ejemplares y lo distribuía a quien la escuchase. Fue mi caso, brevemente, y tampoco le presté mucha atención, dada mi condición de hiperactivo infraatento que no se concentra apenas en nada y que nada termina. Pero me quedé con el papel, y lo transcribo a continuación, con toda su ingenua honestidad y con su lucecita de esperanza detrás de la tristeza sombría que nos entra a todos tras fracasar una y otra vez cuando intentamos enderezar el mundo.

A todos los gobernantes, científicos, activistas y toda la Humanidad.

Soy ****. Una agradecida y enamorada de la Vida.

Siempre tuve la convicción de que mientras la Ciencia no se fusionara con la Espiritualidad no habría evolución.

Pensaba que alguna equivocación tuvo que haber en la Ciencia, en los inventos y descubrimientos que nos ha llevado por el camino hacia el estado actual de este maravilloso planeta, ahora en Emergencia Total.

¿Y como se lo explicaría yo a mentes más racionales?

Un nombre me martillaba el pensamiento: EINSTEIN y hasta me matriculé en Física, en la Universidad de Mayores.

Quería entender todas las Leyes. Descubrir dónde estaba el error. Me las leí todas y ninguna me daba la respuesta, hasta que encontré un escrito… la carta de Einstein (de dudosa veracidad para algunos) a su hija Lieserl.

No me importa si es verídica o falsa. Yo la creo, porque en su contenido encontré la respuesta y la clave: la fuerza del Amor. Dice así:

Mi querida hija:

Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios del mundo. Te pido, aún así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica a lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da Sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E=mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sensible que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haber sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta

Tu padre

(Albert Einstein)

“… que la Humanidad no se extinga en su ciego egoísmo”, dijo.

Creo haber entendio lo que este Genio quiso transmitir a la Humanidad

Si el Amor es la ausencia total de:

– AMBICIÓN

– ARROGANCIA

– AVARICIA

– COBARDÍA

– DESHONESTIDAD

– EGOCENTRIMSO

– EGOÍSMO

– ENVIDIA

– INTERESES PERSONALES, POLÍTICOS Y ECONÓMICOS

– MATERIALISMO

– ODIO

– ORGULLO

– SOBERBIA

Pregunto: ¿Todos los inventos y descubrimientos fueron empleados con Amor?

El invento de la electricidad fue maravilloso, pero ¿su descubrimiento hizo que la luz y el calor llegue a todos, en los fríos inviernos?

Es verdad que los medicamentos fueron un invento extraordinario, ayudan cuando son absolutamente necesarios, pero ¿no sería más honrado que se enseñara cómo evitarlos?

¿Y los alimentos? ¿Plastificados, pre-cocinados, enlatados, embotellados, que la mayoría nos enferma o nos mata? Exceso de producción, mala calidad y toneladas a la basura, al año.

Se afanan en descubrir vida en el Universo, gastándose millones ¿acaso está resuelta la nuestra en esta Tierra?

Y además quieren encontrar agua. La nuestra apenas es potable y no llega a todas las civilizaciones. Se mueren por beber agua contaminada…. mientras vemos cómo sube el nivel del mar.

¿Y el aire que respiramos? Se descubrió el átomo y lo emplearon en bombas que apuntan los unos a los otros. O que no se sabe qué hacer con sus residuos. O que basta la explosión de una Central para aniquilar nuestra Vida.

Vaya, con tantas energías alternativas, empezando por nuestro Sol que nos la da gratis todos los días.

¿Qué Ciencia es ésta sin Conciencia? ¿Acaso ha estado fusionada con la espiritualidad? ¿Con la fuerza del Amor de que hablaba Einstein?

Mi conclusión es que no hubo error en la Ciencia, en sus inventos o descubrimientos, más sí en la firma cómo los aplicaron, totalmente exentos de Amor.

Pero no es tiempo para reproches. NO MÁS REPROCHES. Todos somos culpables. Nadie puede decir: YO NO LO SABÍA. Ahora sólo queda tiempo para las SOLUCIONES.

Apelo y ruego a todos los científicos, a los investigadores, a la unión de vuestras mentes brillantes y a todo aquel al que se le ocurra alguna idea para soluciones y frenar este camino hacia el fin de etsa Humanidad.

También ruego a todos los Gobernantes, que tienen el poder de dictar las Leyes y la responsabilidad de que éstas se cumplan con Justicia y Amor. Sin miedo y sin cualquier otro interés que no sea el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial hacia el Retorno.

¡Lo podemos! Todos somos necesarios. La espiritualidad no es creer en un Dios que castiga o apremia.

El ‘Botón Rojo’ ahora lo tiene la propia Naturaleza, sólo espera nuestra decisión. ¡AHORA!

Que la fuerza del Amor nos ayude a todos a llegar a la última respuesa como llegó Albert Einstein.

Gracias a todos.

*** (omito sus datos personales)

Una amante y defensora de la Vida, de la verdad del Amor y la Justicia.

(Escrito el día /12/2019, comienzo de la Cumbre Cambio Climático COP25)

Esta mujer no quería molestar, estaba muy agradecida, como en su carta al mundo. Miraba las pantallas de nuestro stand, lo que contamos que hacemos para cuidar el medio ambiente y la sostenibilidad y se mostraba impresionada. Pero seguía pensando que nos faltaba algo. Tenía esa firme determinación, esa mirada de los visionarios. A lo mejor se ha basado en un viral apócrifo de Albert Einstein y en unas cuantas simplificaciones (¿ningún avance técnico-científico se ha desarrollado con Amor?), cuadraturas del círculo (¿fusionar ciencia y religión?), platonismo (dualidad razón-alma) y otros lastres. Puede ser. Pero se pone en marcha y hace lo que puede, con lo que tiene, donde está y con quien se encuentre. Sólo he tardado año y medio en difundir su mensaje, y por el camino aquí ha pasado de todo, como, por ejemplo, una pequeña pandemia que nos pone pensativos a los que tenemos la suerte de no caer como tantos han caído, que ha permitido que se oyese el canto de los pájaros en las ciudades, que ha repartido tanto sufrimiento como gratitud por pequeñas cosas a las que no prestábamos atención pese a su importancia.

The no asshole rule, o cómo prevenir una cultura tóxica en las organizaciones

Un amigo y compañero del trabajo (mi primer jefe solía bromear en serio con lo de: “compañeros y, sin embargo, amigos”), hace ya más de un año, me mencionó este artículo de junio de 2007 en una conversación sobre el ambiente de trabajo y las consecuencias de los estilos de liderazgo . Con nuestro par de décadas de experiencia laboral cada uno, tenemos, supongo, nuestra propia lista involuntaria de gente que nos ha complicado la vida, nos ha impedido crecer, nos ha contagiado (provisionalmente, espero) una mentalidad logrera, caprichosa y tiránica, jerarquizada y presentista, absorbente, como de una exprimidora de personas para las ambiciones individuales.

Sinopsis visual (obra de Dani Saveker) de The No Asshole Rule, por Robert I. Sutton. Fuente: https://www.visualsynopsis.com/full-collection/the-no-asshole-rule-bob-sutton-visual-synopsis-by-dani-saveker

El artículo de Flore Fauconnier, de JDN Management, es una reseña sobre el libro Objectif Zèro-Sale-Con (“Objetivo cero imbéciles”, o cero idiotas), de Robert Sutton, un profesor de Ciencia e ingeniería de la gestión y de Comportamiento organizativo de la Universidad de Stanford. Captó mi atención. Pues nada, hoy empiezo a traducirlo aquí, y si encuentro referencias complementarias las introduciré.

Los imbéciles en la empresa: un rompecabezas que hay que resolver urgentemente

Si ha habido un estallido este año (2007) en la publicaciónes sobre gestión, está claro que ha sido el de “Objetivo cero imbéciles”, de Robert Sutton. Su foco: esas personalidades tóxicas son algo más que una simple molestia en el trabajo, minan profundamente el rendimiento global de la empresa. BAsándose en recientes -y muy seria- investigaciones en materia de gestión y psicología, demuestra cómo los gerentes pueden y deben despejarlos de su empresa.

Pero antes de nada, Hervé Laroche, profesor de gestión en la ESCP-EAP y prologuista de la edición francesa, nos ofrece esta necesaria advertencia: “Si un respetado profesor de Stanford escribe sobre los imbéciles, es que sólo un vocabulario directo permite hacer ver una realidad que las empresas actuales pasan por alto más o menos deliberadamente”. ¡Ya estamos avisados!

Portada del libro. Fuente: https://www.bobsutton.net/book/no-asshole-rule/

¿Cómo se les reconoce?

En primer lugar, identificarlos

Para Hervé Laroche, no hay posibilidad de error: “Se les reconoce por los efectos que producen. Tras interactuar con ellos, uno se siente desgraciado, humillado, ignorado o malinterpretado. Y con ellos, esta sensación se produce repetidamente.” En general, esta conducta se ejerce sobre las personas menos poderosas. “¡No se debe confundir a un imbécil con un tonto! No se atreverá con alguien más fuerte”.

En su obra, Robert Sutton arroja luz sobre las doce “faenas” clásicas del comportamiento cotidiano de los imbéciles. Él los llama los doce del patíbulo:

  • Lanzar insultos personales
  • Invadir el espacio personal de los demás
  • Imponer contactos físicos inoportunos.
  • Proferir amenazas y practicar formas de intimidación verbales o no verbales.
  • Disimular bajo bromitas sarcásticas intenciones vejatorias.
  • Enviar correos electrónicos enloquecedores.
  • Criticar el estatus social o prefisional.
  • Humillar en público.
  • Interrumpir groseramente cuando otro interviene.
  • Lanzar ataques hipócritas.
  • Mirar aviesamente.
  • Tratar a las personas como si fuesen invisibles.

¿Quiénes son en realidad?

Pero ¿por qué son tan perversos?

Según Hervé Laroche, pueden clasificarse en tres grandes categorías o personalidades de comportamiento insoportable.

  • Los que muestran un exceso de ambición. Todavía no tienen acceso al estatus superior y quieren conseguirlo. Los otros no son más que medios para servir a sus deseos. Se preguntan con impaciencia para qué les servirán los que les rodean. “Pero no son los peores…”
  • Los que se creen superiores a todo el mundo. “Al final, dado que muchas señales a su alrededor les convencen de ello: mucho dinero, personal a su servicio, la costumbre de ver todos sus deseos satisfechos… Se creen de una raza diferente”. Confunden sus deseos con realidades y humillan o ignoran con facilidad a los que les rodean.
  • Los que no están seguros de sí mismos. No están seguros de su estatus – estatus social, diploma, título… “A quienes además están en una sociedad donde los estatus son un poco ambiguos, esta incertidumbre les pesa”. Es típico que se trate del paranoico, del acosador.

¿Cómo se les puede gestionar en el día a día?

“¡Evitando en lo posible tener nada que ver con ellos!” aconseja Hervé Laroche. Pero esto no siempre es posible.

  • “A los primeros, dándoles la sensación de que les vamos a ser útiles”, o que al menos no seremos un obstáculo.
  • Ante los segundos: aguantarlos, “no se puede hacer otra cosa”.
  • En cuanto a los terceros, “dándoles un poco de confianza”. Pero de forma indirecta, o si no estaremos reforzando su paranoia.

Calcular su coste para la empresa

Rotación, baja motivación, descenso del rendimiento… Las personalidades nefastas tienen un impacto muy tangible. Para Robert Sutton, las empresas deberían poner todo el interés en considerar la cuestión en términos de coste, para cobrar conciencia del problema de forma racional y por fin afrontarlo. Su ensayo recopila los factores que hay que tener en cuenta.

Daños a las víctimas y los testigos

  • Frustración de los esfuerzos: Se hacen más esfuerzos para evitar los malos encuentros, superarlos, evitar los reproches que para ejecutar las tareas.
  • Deterioro de la “seguridad psicológica” e instauración de un clima de miedo que reduce la iniciativa de los empleados, sus ganas de asumir riesgos y sus posibilidades de progresar a partir de sus propios errores y los de los demás – la franqueza puede no ser la mejor política.
  • Pérdida de motivación y de energías.
  • Deterioro de la salud mental y física debido al estrés.
  • Posible deterioro de las capacidades mentales.
  • Las vejaciones reiteradas pueden transformar a las víctimas en imbéciles.
  • Absentismo.
  • Elevada rotación del personal (más las horas laborales dedicadas a buscar otro empleo).

Consecuencias para los imbéciles

  • Las víctimas y los testigos dudan sobre si ayudarles, cooperar con ellos o darles malas noticias.
  • Represalias por parte de las víctimas y testigos.
  • Imposibilidad de desplegar todo su potencial en la empresa.
  • Humillación cuando se denuncia su comportamiento.
  • Pérdida del empleo.
  • Impacto negativo y duradero sobre su carrera.

Consecuencias para la dirección

  • Dedicación para apaciguar, calmar, aconsejar o sancionar a los imbéciles.
  • Tiempo dedicado a apaciguar a los colaboradores víctimas de un imbécil, pero también a los clientes, proveedores, contratistas o toda persona ajena importante víctima de un imbécil.
  • Tiempo dedicado a reorganizar equipos o servicios para limitar los datos de los imbéciles.
  • Tiempo dedicado a reclutar y formar a los sustitutos después de la salida de los imbéciles o de sus víctimas.
  • Agotamiento de los dirigentes que conduce a una reducción de su inversión personal y a un mayor desgaste moral.

Gastos jurídicos y de gestión de recursos humanos

  • Sesiones de terapia para la gestión de la ira y otras formaciones para reeducar a los imbéciles, así como los honorarios de los consultores, coaches y terapeutas internos y externos.
  • Costes de asesoría jurídica interna y externa.
  • Costes de los acuerdos amistosos y de los litigios emprendidos por las víctimas.
  • Costes de los acuerdos amistosos y de los litigios emprendidos por los imbéciles hábiles en materia legal (en particular por los procedimientos por despido abusivo).
  • Costes de seguros médicos.

Menos cooperación, menos cohesión, menos esfuerzo “libremente aceptado”

Cuando los imbéciles están al mando: Efectos negativos sobre la empresa

  • Impedimentos a la mejora de los sistemas establecidos.
  • Debilitación de la innovación y la creatividad.
  • Menos cohesión, perturbaciones en la cooperación interna.
  • Menos esfuerzo “libremente aceptado”.
  • Coste de de las represalias ejercidas por las víctimas contra la empresa.
  • Menos colaboración por parte de las empresas y agentes externos.
  • Aumento de las tarifas facturadas por los agentes exteriores – “plus por haber trabajado con imbéciles”.
  • Dificultad para atraer al mejor talento.

¿Qué hacer con ellos?

Una vez que la empresa está convencida del daño potencial de estas personalidades, le queda decidir el plan de acciones que le permitirá evitar esos daños.

No contratarlos

Como apunta Hervé Laroche: “Evidentemente, esto es fácil de decir. El problema es que son frecuentemente personas muy seductoras para el reclutador. Las empresas buscan personas ambiciosas, competentes, incluso agresivas ya que tienen un rendimiento potencialmente mayor… El reclutador puede por lo tanto interpretar positivamente una actitud que por otra parte sea perfectamente nefasta”.

Si la empresa elige a priori no seleccionar estas personalidades nocivas, podrá poner en marcha varias precauciones para sus reclutamientos: informarse sobre los candidatos, hacer que varias personas les evalúen, sin olvidar ponerles en situación para observar mejor su comportamiento.

Desanimarles

Para Hervé Laroche, “hay que hacerles irse lo antes posible y, si no se puede, hay que aislarlos. ¡Como si fuesen material radiactivo! Hay que hacerles comprender que bajo ningún concepto se recompensará su comportamiento.”

Pero, una vez más, las cosas no son tan sencillas. “Dado que es fácil detectar al imbécil ineficaz, pero al imbécil competente y eficaz, bien no se le detecta inmediatamente, bien se desea conservarlo a pesar de todo”. De ahí que la pregunta del “coste del imbécil” que se plantea Robert Sutton en su obra. Por lo tanto habrá que contemporizar…

“Es cierto que la empresa tiene cuidado, en Francia, con las cuestiones de acoso moral, de la violencia psicológica, del acoso sexual…” Está escrito en la ley que las empresas tienen incluso una obligación de prevención. “Dicho esto, estas nociones son difíciles de introducir en las capas de gestión. El gestor ve el desempeño de un lado y el comportamiento de otro, el cual, por su parte no se tiene en cuenta en el ERP…” el ejercicio de un juicio fino está lejos de ser sencillo.

Caso particular: está al mando…

¿Y si el imbécil es su propio jefe? ¿El CEO? Para encarar esta situación extremadamente delicada, Hervé Laroche ve cuatro actitudes posibles:

La primera: si se puede, abandonar la empresa.

La segunda: Aislarse psicológicamente para no sufrir los ataques. “Podemos ayudarnos de técnicas zen, como la de la ‘bajada del rápido’: no luchar contra la corriente – so pena de empeorar la situación-, mantener los pies por delante y protegerse”.

La tercera: Tomar pequeñas represalias. Robert Sutton ilustra esta posibilidad por la iniciativa de una asistente que, harta de que su jefe se sirviese él mismo de su reserva personal de galletas, decidió un día “tender una trampa” en sus galletitas. Un largo paso por el aseo le disuadió una buena temporada de volver a repetirlo… Más allá de la anécdota, Hervé Laroche insiste en la importancia psicológica de “marcar un límite”. “En las situaciones difíciles, es muy importante tener la sensación de mantener un poco el control sobre lo que nos ocurre”, añade.

Última solución: Organizar una resistencia colectiva: “la resistencia puede, por otra parte ser muda y eficaz”, destaca.”Pero, con más amplitud, lo que hay que recordar, es que somos más fuertes en equipo que a solas, incluso aunque sea él quien tiene el poder”.

Chat con Hervé Laroche

¿Hay imbéciles famosos? ¿Oficios propicios a que proliferen? ¿Cómo contener a nuestro propio imbécil interior? Hervé Laroche, profesor de gestión empresarial y estrategia en la ESCP-EAP y prologuista de la edición francesa de “Objetivo Cero Imbéciles” respondió a las preguntas de los lectores de JDN Management y explicó cómo crear un entorno de trabajo civilizado, con garantías de estar “libre de imbéciles”.

¿Cómo define usted a un imbécil? ¿Cómo distinguir un imbécil crónico del que simplemente está de mal humor?

Un imbécil se reconoce por los efectos que produce sobre los demás; uno se siente despreciado, humillado, agredido, o al menos no reconocido… Y el que produce este efecto, a menudo, de forma reiterada es un imbécil “certificado”. Por otra parte, claro está, nadie está libre de comportarse mal.

¿En qué conductas cotidianas se les reconoce?

Carecen de consideración por los demás, no les escuchan, se muestran perentorios, agresivos, intolerantes, no se abren a las ideas y sugerencias, imponen sus criterios, los expresan como evidencias, desprecian las objeciones… e incluso pueden ir más lejos: profieren comentarios agresivos, insultos, alusiones fuera de lugar…

¿Y por qué son nocivos para la empresa?

Generan costes ocultos, en forma de desmotivación, desapego, véase absentismo o enfermedad para los empleados. Peto también efectos colectivos: falta de cooperación entre los individuos, falta de creatividad, etc. Y más aún: pérdidas de tiempo en reparar los desperfectos que producen e incluso sus errores.

¿Hay modos de calcular el coste para la empresa de estas personalidades nocivas? ¿Hay estudios que lo hagan?

Hay un ejemplo de cálculo en el libro de Sutton acerca de un vendedor, un excelente profesional, pero imbécil patentado. El principal punto que hay que identificar es el tiempo dedicado a gestionar al imbécil. Puede ser una primera aproximación fácil de realizar: contar cuántas horas hemos pasado ocupándonos de esta persona y de la gente a la que ha hecho daño, y convertirlo a términos salariales. A continuación hay otros puntos, pero dependen de las situaciones. Hay un método general que aporta el libro, pero por lo que sé ¡todavía no se ha integrado en los ERP!

¿Qué medidas pueden tomar las empresas?

En primer lugar ¡no contratarles! A continuación, desanimarles y seguir mostrándoles que sus conductas no serán recompensadas, incluso aunque tengan un buen desempeño (según criterios estrictamente gerenciales). Por último, si ya los tenemos dentro, evitar que se reproduzcan: los imbécil tienden a reclutar otros imbéciles…

Si alguien se porta mal con los demás, tiene todas las probabilidades de convertir a sus víctimas en imbéciles como él. Erradicar estas conductas nocivas es por lo tanto urgente. ¿Cómo se puede tratar este problema…. lo más rápido posible?

Sí, tiene usted razón. Es contagioso. Por lo tanto se debe dar apoyo a la víctima para que no tenga la tentación de unirse a los imbéciles. O desplegar una resistencia colectiva.

¿Cómo, durante una selección de personal, se puede detectar alguien cuya conducta corre el peligro de ser nociva una vez contratada?

El imbécil ineficaz es fácil de identificar. Lo difícil es el imbécil que tiene un bonito currículum. Una forma de hacerlo es preguntarse si los signos de rendimiento y competencia no pueden ocultar también signos negativos propios de un imbécil. Una buena forma de fomentar esto es someter al candidato a varias evaluaciones, varias entrevistas y conversar en libertad acerca de ellas.

¿No le parece que hay ciertas profesiones, o ciertos tipos de empresa en los que se tiene más éxito siendo un imbécil?

Ciertamente. Se han documentado muchos casos en profesiones donde la reputación personal es muy importante, por ejemplo, en el mundo del espectáculo, los medios, la publicidad… Las empresas que tienen una cultura muy agresiva, que fomenta la competición interna son, está claro, terreno abonado para los imbéciles.

Según su experiencia ¿los imbéciles son los mismos en Francia que en Estados Unidos?

En general, sí. Hay sin duda diferencias, en las raíces (cultura nacional, status sociales, etc.) y en las formas de expresión, pero el punto importante es que la tendencia me parece que va hacia la equiparación.

¿Qué debemos hacer cuando el imbécil es el mejor elemento del equipo?

Si es usted alguien frío y calculador, hacer balance: ¿Aporta más de lo que cuesta? Para ello, hay que tener presente que lo que aporta se suele ver con facilidad, mientras que lo que cuesta está a menudo oculto. Si es usted menos calculador y si pone el largo plazo por delante, entonces puede que haya que pensar en separarse de él (si puede usted hacerlo).

El imbécil de uno será el amigo del otro ¿no? (y viceversa…) ¿No somos todos el idiota de alguien? ¿Cómo se asegura uno mismo de no ser un imbécil?

En general hay cierto consenso sobre el imbécil certificado. Para el resto, todo el mundo tiene “sus favoritos”, es normal. Pero que no te gusta alguien no le convierte en un imbécil, para la mayor parte de la gente. En cuanto a uno mismo, más vale no estar seguro de no serlo: mantener ese temor es el medio más seguro de evitar convertirse en uno.

¿Hay imbéciles útiles en las empresas?

Hay estudios de psicología que muestran que un imbécil puede ser muy útil… utilizándolo como contraejemplo. Le muestra a todo el mundo cómo no hay que ser.

¿Cuáles son los estudios serios en los que se ha basado Robert Sutton?

Está claro que no puedo hacer aquí la lista completa. Son estudios psicológicos, de psicología social, en en lo que llamamos organizational behavior, es decir, estudios de los comportamientos en las organizaciones (en especial cuestiones relacionadas con el poder, el liderazgo, los roles, la cooperación, etc.). Las referencias están en el libro.

Sutton emplea un vocabulario usado en la vida cotidiana pero raramente en los libros y su tono es muy emocional. ¿Por qué generan reacciones como éstas los imbéciles? ¿Por qué tenemos tantas dificultades para tomar la distancia necesaria ante su conducta?

Porque afectan a cuestiones fundamentales: la identidad personal, el reconocimiento, la autoestima; y a retos importantes: el trabajo, la carrera, etc. Además, hay algo de transgresor, de escandaloso en su conducta, ya que violan las reglas sociales que cada uno tiene profundamente asumido que debe respetar (incluso aunque a veces cueste un gran esfuerzo).

Cuando se ha sido víctima (del tipo Oso Amoroso colaborativo) de imbéciles patentados ¿cómo no amargarse, desconfiado y desilusionado hasta el punto de volverse uno mismo un imbécil?

Siempre existe esa tentación, es comprensible. Pero no todos los imbéciles son felices y no están necesariamente orgullosos de sí mismos tampoco. Sobre todo, lo que quizá haga falta es aprender a ser menos idealista (Oso amoroso…) sin convertirse por eso en un imbécil.

¿Sabe de dónde viene la idea de este libro? Y por su parte ¿por qué se inclina por este problema en particular?

Es un problema que crece y que representa un desafío cada vez más importante. Puede que haya más imbéciles. Puede también que sus efectos sean cada vez más devastadores y cada vez menos tolerados, porque las personas están hoy en día mucho más comprometidas personalmente con su trabajo y su empresa. Están por lo tanto más expuestos, son más vulnerables.

¿No hay más imbéciles, o por lo menos da la impresión de haber más, con las comunicaciones por email? ¿Qué solución habría?

No creo que el correo electrónico produzca por sí mismo imbéciles. Pero favorece las reacciones inmediatas, emocionales, y eso provoca reacciones en cadena… Y, claro, los imbéciles pueden aprovecharse de eso.

Usted imparte clases en la escuela de comercio ¿cree que podría existir una pedagogía que impidiese que algunos (pero ¿cuántos, por otra parte?) futuros gerentes sean también futuros imbéciles?

Sí, por supuesto, y se practica a menudo: aprendizaje de la psicología y del comportamiento en las organizaciones, estancias “sobre el terreno”, en particular. No digo que no pueda hacerse más, pero no creo que el problema tenga su origen en la formación inicial.

Cuando se ha tenido un comportamiento de imbécil ¿qué debe hacerse para “reparar el daño”?

Hacer lo que deberíamos haber hecho la primera vez: escuchar, reconocer… En general, basta con eso,la gente sabe distinguir un caso patológico de un accidente aislado.

¿Cree usted que la sociedad actual favorece la “creación” de imbéciles? ¿La globalización los fomenta?

En ciertos aspectos, sí: la valoración de la competición, recompensa a los individuos más que a los colectivos, privilegios concedidos a algunos, etc. Pero por otro lado, también permite la toma de conciencia del fenómeno.

Para saber más

El autor

Robert Sutton es profesor de gestión en la Stanford Engineering School. Estudia los vínculos entre los conocimientos en gestión y la organización de la toma de decisiónes, la innovacuión y el rendimiento. Ha publicado más de cien artículos en revistas. Objetivo cero idiotas (The No Asshole Rule) es su cuarta obra.

El prologuista

Hervé Laroche es profesor del departamento de Estrategia, Personas y Organización de la Escuela de negocios ESCP-EAP. Diplomado de Estudios Superiores de Comercio (Hautes études commerciales, HEC) y doctor en ciencias de gestión, trabaja sobre el análisis de los procesos cognitivos que influyen en la formación de la estrategia, sobre las cuestiones de la fiabilidad de la toma de decisiones frente a los riesgos así como sobre el papel de los mandos intermedios en la organización.

Para leer

  • Work Matters, el blog personal de Robert I. Sutton
  • https://www.bobsutton.net/
  • Robert Sutton (2010) The No Asshole Rule: Building a Civilized Workplace and Surviving One That Isn’t (en inglés). 238 páginas, Business Plus.
  • Robert Sutton (2010) Objectif zéro-sale-con. Prólogo de Hervé Laroche. (en francés) 160 páginas, Editions Vuibert.

El rey pálido, de David Foster Wallace

Sigo obsesionado con el triste y grande David, con su mezcla de horror y atracción por el solipsismo, su odio a la metaficción demostrado por medio de la meta-meta-(n metas)-metaficción, su sentido del humor que te cosquillea el intelecto para despertarlo. Hace un tiempo me embarqué en esta auto-ficcio-biografía (El rey pálido) de cuando “trabajó” en la Agencia Tributaria de Peoria, Illinois. Es su obra póstuma, en la que estaba trabajando cuando su enfermedad mental se lo llevó por delante.

Portada de la edición ampliada en Debolsillo (Fuente: librotea)

Iba a ponerme a releer el libro, pues me dejé este post a medio hacer hace ya meses, pero resulta que José Luis Amores lo hizo en 2011 un millón de veces (o más) mejor de lo que yo podría hacerlo aunque me lo releyese cien veces y las cien veces entendiese algo de lo que va más allá de mis gafas.

La novela, que parte de que a alguien podría interesarle la vida de los inspectores de hacienda (eso ya es para el autor ponerse un desafío digno de un saltador con pértiga), se dedica a inspeccionar el aburrimiento, una de las peores, y en la actualidad más difundidas, formas del sufrimiento humano. Estos inspectores de hacienda miran una y otra vez declaraciones de impuestos intentando encontrar indicios de que una inspección presencial, con los costes que conlleva, tiene probabilidades de detectar un fraude, que ese fraude se puede cobrar, y que lo que vaya a cobrarse se más que lo que costó capturarlo. Un trabajo de artesanía en las mesas “Calambre”, que dan precisamente eso, calambres insoportables por la inmensa cantidad de horas de su vida que estos inspectores dedican a leer y releer declaraciones de impuestos. La organización socio-política de la agencia revela todo un sistema de castas y un movimiento revolucionario que plantea reemplazar ese trabajo por la inteligencia artificial de los ordenadores, revolución contra la que se rebela gran parte de los afectados, así como otros que hacen reflexiones ético-filosóficas sobre el derecho que puede tener el estado a entrometerse así en la vida de sus administrados.

Es lo que pasa con esto de escribir, que resulta inabordable (quizá también lo fue para él). Esa descripción minuciosa, donde cada detalle milimétrico, o microscópico, en que el autor fija su mirada, tiene la capacidad de comunicar partes esenciales del mensaje. Como en el prefacio, donde te dice que todo lo incluido en el libro es rigurosamente cierto, pese a que en la contraportada también dice claramente que “esto es una obra de ficción”. En ese mismo prefacio, la nota al pie acerca del número de la seguridad social del autor ya te está contando que el autor trabajó en la agencia tributaria (la IRS), porque ese número contiene un “9”, y sobre lo que significa haber trabajado allí alguna vez. O sea, que una nota, que solía ser una bifurcación en el curso principal de una historia, resulta ser un acelerador a hipervelocidad para que avances en la trama. Es verdad que su suicidio fue un desastre. Para él, para su familia, para la cultura occidental, que se ha quedado huérfana.

Nos han quedado, después del desastre, algunas cosas interesantes, que suelto aquí, sin orden ni concierto, pero que ilustran un poco más este libro muy recomendable, vigente, necesario:

  • Una lectura de fragmentos de su libro aún no publicado para la fundación Lannan en Santa Fe, Nuevo Mexico:
  • Un vistazo, de aperitivo, a la enorme colección digital y física de materiales de The Pale King (cuadernos, borradores, fotocopias, correcciones, anotaciones, etc.) y otros documentos de D.F. Wallace que el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas pone a disposición de los investigadores.
  • Iba a hacer una lista de personajes, pero siempre hay alguien que la ha hecho antes, como en todo: https://figurativeink.wordpress.com/2011/10/19/david-foster-wallace-the-pale-king-character-list/.
    • Los números entre paréntesis son la primera página en que aparecen en la primera edición en tapa dura.
    • Claude Sylvanshine (5), Reynolds (6), 356 Jensen, Jr., Dr. Lehrl, Systems Director (7) , Merri Eloise Prout aka Dr. Yes (19), Vincent Bussy (20), Frederick Blumquist (27), 315, Leonard (29) Stecyk, Lane A. Dean, Jr. (36), Sheri (38) Fisher, Toni Ware (54), Donald Jones (80), Kenneth “Type of Thing Ken” Hindle (80), 107, Chris Acquistipace (84), Cusk (91) David 317, D.P. Tate (101), Richard Glendenning (128) , DeWitt, Jr. 157, Rosebury (129), Gene Nichols (143), Stuart A., Jr. Gaines (145), 352, Lotwis (150), Chris Fodle (154) “Irrelevant” 257, Robert Atkins (281), Ms. Neti-Neti (285), F. Chahla 2K, Bob McKenzie (285), Marge van Hool (299), Garrity (315), Pam Jensen (332), Hurd (347, 351), Gestine Lumm (347, 352), Todd Miller (352), “Colorado” Todd Bondurant (352), Sheehan (356), Julia Drutt Chaney (357), Eugine E. Rosebury (358), Gary Yeagle (358), Shinn (371), Cardwell (425), Meredith Rand (446), Shane Drinion aka Mr. X (448).

La muerte de un mujeriego

A lo mejor hay una buena traducción al castellano de este artículo de wikipedia (yo no la he encontrado), o bien podría intentar otra invasión a Leonard Cohen, tras mi fallido intento con la enorme entrevista final que concedió a David Remnick, un redactor de The New Yorker poco antes de publicar “You want it darker“. En esa incursión fallida intercambié correos con alguien de Condé Nast que pensaba cobrarme por publicar en este blog una traducción hecha por mí y acotada con mis impresiones personales del artículo. Eso me pasa por preguntar. Así que ahora está por aquí, archivada en algún sitio y a lo mejor la hago disponible enviando un enlace y una contraseña a los lectores del blog que me la pidan. Por el momento, me conformaré con el primer plan: traducir el artículo y si alguien quiere ponerlo en la wikipedia en español, pues ¡adelante!

Portada de Death of a Ladies’ Man, de Leonard Cohen (1977). Fuente: wikipedia

Death of a Ladies’ Man (La muerte de un mujeriego) es el quinto álbum de estudio de Leonard Cohen, producido y co-escrito por Phil Spector. El álbum era en cierto modo una despedida del estilo mínimalista típico de Cohen, al utilizar el método de grabación del Muro de Sonido de Phil Spector, que incluía vistosos arreglos y múltiples pistas de instrumentos en superposición. El álbum se lanzó originalmente en Estados Unidos por Warner Bros, y en CD y en el resto del mundo por el sello habitual de Cohen, Columbia Records.

Lanzamiento: 13 de noviembre de 1977
Grabación: Junio y julio de 1977
Duración: 42:34
Sello: Warner Bros (lanzamiento original), Columbia (reedición)
Productor: Phil Spector

Contenido

  1. Trasfondo
  2. Grabación
  3. Portada del álbum
  4. Críticas
  5. Resultado comercial
  6. Versiones y actuaciones en directo
  7. Lista de canciones
  8. Elenco
  9. Listas
  10. Libro
  11. Referencias
  12. Enlaces externos

1. Trasfondo

A mediados de los años 1970, tanto Cohen como Spector estaban en un bajón comercial. Aunque seguía siendo popular en Europa, Cohen nunca había logrado el éxito en los Estados Unidos a que Columbia aspiraba. Spector había creado éxitos como “Be My Baby” y “You’ve Lost That Lovin’ Feelin’” con sus técnica de producción del “muro de sonido” en los años 1960, y obtuvo algo de éxito a primeros de los 1970 produciendo álbumes de John Lennon y George Harrison; sin embargo, su comportamiento se volvió cada vez más errático.

La locura fue en aumento cuando Spector se unión con Lennon para grabar un proyecto de viejas canciones de rock and roll llamado “Roots“, que al final apreció en 1975 bajo el título “Rock ‘n’ Roll“. Las sesiones tuvieron lugar en medio de una niebla de drogas, alcohol y un séquito de allegados mientras el atribulado Lennon atravesó ebrio su lamentable “fin de semana perdido” (lost weekend). En el libro de 2003 “Phil Spector: Wall of Pain”, el biógrafo Dave Thompson recuerda un famoso incidente cuando Spector disparó una pistola en el estudio. “Oye Phil, si me vas a matar, mátame”, observó Lennon con sequedad, “pero no me jodas los oídos, Me hacen falta”. Esa conducta no le hizo ningún favor a la reputación de Spector, y a medida que los éxitos fueron escaseando se le veía cada vez más en la prensa del rock como una vieja gloria.

Como apunta Ira Nadel en las memorias de 1996 sobre Cohen “Various Positions: A Life of Leonard Cohen”, hay distintas versiones sobre cómo Cohen y Spector se convirtieron en colaboradores:

Las notas del disco afirman que Marty Machat, que era el abogado de Spector así como el de Cohen, les presentó. Según Cohen, esto ocurrió entre bambalinas después de una de sus actuaciones en el Troubadour en Los Ángeles. Spector, de forma poco habitual, había dejado su bien protegido hogar para ver a Cohen, y en el espectáculo estaba extrañamente silencioso. Spector invitó entonces a Cohen a su casa, la cual, a causa del aire acondicionado, estaba helada, a unos “cero grados centígrados”, recordaba Cohen… Spector cerró la puerta con llave, y Cohen reaccionó diciendo., “ya que estamos encerrados, podríamos escribir algunas canciones juntos”. Fueron junto al piano y empezaron esa misma noche. Durante más o menos un mes escribieron (y bebieron) juntos y Cohen lo recuerda como un período generoso, aunque tuviese que llevar un abrigo casi todo el tiempo en la congelada casa de Spector.

El biógrafo Anthony Reynmolds escribe en el libro de 2010 “Leonard Cohen: A Remarkable Life” que su amiga y compatriota canadiense, la cantautora Joni Mitchell, trató de disuadir a Cohen de trabajar con Spector, ya que Mitchell había presenciado parte de la locura entre Spector y Lennon en Los Ángeles, pero inicialmente -al menos en la fase de escritura de las canciones- los dos se llevaron bien. El compositor John Prine, que también presenció las extravagancias del productor cuando fue invitado a su casa para componer juntos una canción, le dijo asombrado a Paul Zollo, de la revista Bluebird Railroad, que en cuanto Spector “se sentaba con un instrumento, estaba normal”. Las cosas cambiarían cuando Cohen y Spector entraron en un estudio, con la paranoia del productor tomando el control y Cohen sintiendo cada vez menos apego por el proyecto.

2. Grabación

Spector usó tres estudios para el álbum, aunque su preferido seguía siendo el complejo Gold Star Studios situado en al 6252 del Boulevard de Santa Monica, cerca del cruce con la Vine Street de Hollywood. Spector reclutó un ejército de los músicos de estudio más prestigiosos de Los Ángeles para tocar en las canciones, incluyendo a los guitarristas Dan y David Kessel, los baterías Hal Blaine y Jim Keltner, y el intérprete de pedal steel Al Perkins, entre muchos otros. Era precisamente ante un nutrido público, sin embargo, que se activaba la faceta megalómana de Spector, y pronto Cohen se sintió abrumado. Hablando con Sylvie Simmons, de Mojo, en 2001, Cohen describió sus emociones en aquella época:

Era una de esos períodos en que era incapaz de hablar, y no estaba en condiciones de resistir la muy fuerte influencia de Phil y, al final, su apropiación del disco. Había muchas armas en el estudio y muchísimo licor, una atmósfera peligrosa en cierto modo. Tenía también guardaespaldas fuertemente armados. Le gustaban las armas – a mí también me gustaba, pero normalmente no llevo una encima, y es difícil ignorar un 45 sobre la consola. Cuando estaba trabajando a solas con él, era muy amable, pero cuanta más gente hubiese en la sala, más salvaje se ponía Phil. No podría evitar admirar la extravagancia de su actuación, pero al final no podía mantenerme firme.

Durante una enigmática interacción detallada en las biografía de Cohen escrita por Ira Nadel, Various Positions, Spector apuntó con una pistola cargada a la garganta de Cohen, la amartilló, y dijo, “Te quiero, Leonard”. Quedamente, Cohen respondió “Espero que me quieras, Phil”. Nadel también escribió que la grabación de la pista de nueve minutos que da título al álbum comenzó a las 7:30 de la tarde y duró hasta las 2:30 de la mañana con los músicos de sesión trabajando a cuádruple turno, algo típico del conjunto de las sesiones. Otra noche, el poeta Allen Ginsberg y Bob Dylan pasaron por allí y Spector les ordenó que cantasen los coros en la escandalosamente burlesca “Don’t Go Home with Your Hard-On” (“No te vayas a casa con esa erección”). La mayoría de las canciones trata temas de sexualidad desbocada y voyeurismo brutal, como en “Paper Thin Motel” (“Motel fino como el papel”) : “The walls of this hotel are paper thin/ Last night I heard you making love to him” (“Las paredes de este motel son finas como el papel / Anoche te oí haciendo el amor con él”), y están expresadas en el grandilocuente despliegue de esplendor sónico de Spector. La boyante “Fingerprints” (“Huellas dactilares”) es una pieza folklórica llena de violines que recuerda el amor de Cohen por la música country. Las versiones tempranas de “Iodine” (“Yodo”, llamada entonces “Guerrero”) y “Don’t Go Home with Your Hard-On” fueron presentadas en concierto ya en 1975 (con música atribuida a John Lissauer) y están ampliamente disponibles en grabaciones pirata. Como informa Anthony Reynolds en sy biografía de 2010 de Cohen, las sesiones ni siquiera terminaron “oficialmente”:

Un día Phil simplemente dejó de volver por el estudio, quedándose con todas las cintas (como hizo con los masters de Lennon) y continuando para mezclarlas a solas. Cohen estaba atónito. No consideraba sus voces grabadas como versiones definitivas en absoluto. Por lo que a él respectaba no eran más que voces de “guía” para beneficio de los músicos. Esperaba haber podido dedicar tiempo a mejorar su forma de cantarlas, pero con Spector teniendo las cintas como rehenes en un lugar desconocido eso parecía ahora imposible, a menos que llevase a su propia pandilla de guardaespaldas a derrotar a los de Spector. “Tenía la opción de contratar mi propio ejército privada y luchar con él sobre esto en Sunset Boulevard o dejarlo correr… lo dejé correr”.

El hijo de Marty Machet, Steven, cerró un trato con Warner Bros. para lanzar el disco, un disco sobre el que Cohen siempre albergó emociones encontradas. “Estoy demasiado avergonzado de la verdad sobre lo que ocurrió allí”, confesó Cohen a Adrian Deevoy, de l revista Q, en 1991. “La gente se resbalaba con las balas del suelo, las armas acababan en las hamburguesas, había armas por todas partes. No era un sitio seguro. Era un caos, pero era parte de la época. Las drogas tenían bastante que ver. Pero me gusta Phil, y el instinto era acertado. Lo haría de nuevo”. En una entrevista para el documental de 2005, “I’m Your Man“, Cohen expresó su decepción con el disco y dijo que sentía que las canciones “se habían alejado” de él; también que era el favorito de los “punks” así como de su hija. Para cuando salió al mercado, sin embargo, fue mucho menos generoso en su respuesta pública acerca del álbum, llamando la producción de Spector “una catástrofe”[1]. De las ocho piezas del álbum, “Memories” (“Recuerdos”) fue la única que Cohen tocó con regularidad en sus conciertos (en las giras de 1979, 1980 y 1985). Al parecer la canción le gustaba lo suficiente para incluirla en su película artística experimental “I Am a Hotel“, como la única pieza no instrumental junto con otras cuatro canciones que han cosechado, en general, una mejor respuesta de sus seguidores: “Suzanne“, “Chelsea Hotel #2”, “The Guests” (“Los invitados”) y “The Gypsy’s Wife” (“La esposa del gitano”). Una versión “des-Spectorizada” de “Memories” acabó publicada cuando el álbum de Cohen “Field Commander Cohen: Tour of 1979” se lanzó en 2001. Esta versión incluye un solo de saxofón distinto del de la versión del álbum.

En 1978, Cohen publicó un libro de poesía con el título ligeramente modificado “Death of a Lady’s Man” (La muerte de un hombre de una sola mujer). No tiene nada en común con el álbum, con sólo una excepción: contiene el poema “Death of a Lady’s Man”, que es idéntico a la letra de la canción que titula el álbum.

3. Portada del álbum

La foto mostrada en la portada de Death of a Ladies’ Man es muy similr a la del álbum de Art Garfunkel de 1975 Breakaway. Las notas de la edición del álbum de Cohen desvelan que la foto fue tomada por un “fotógrafo ambulante anónimo en un restaurante polinesio olvidado”. Muestra (de izquierda a derecha) a Eva LaPierre, Cohen y Suzanne Elrod, madre de Adam y Lorca Cohen.

Portada de Breakaway, de Art Garfunkel (1975). Fuente: wikipedia

4. Críticas

Death of a Ladies’ Man fue publicado provocando una confusión generalizada y críticas generalmente negativas, dejando aturdidos a muchos fans irredentos de Cohen. Rolling Stone tituló su reseña con “La pesadilla doo-wop de Leonard Cohen” y observó: “Demasiado del disco suena como el extrovertido más ampuloso del mundo produciendo y arreglando al introvertido más fatalista del mundo”. The Toronto Star declaró en grandes caracteres “Leonard Cohen es para sádicos musicales”. Mientras que defiende el álbum, el articulista Dave Thompson de Allmusic concede: “También es verdad que una escucha superficial del álbum sugiere que todo esto no era más que una mezcolanza de nociones locas lanzadas al aire para ver dónde aterrizaban”[2]. En 2010, el biógrafo de Cohen, Anthony Reynolds, seleccionó elogiar únicamente “True Love Leaves No Traces” (El amor verdadero no deja huellas), describiendo la canción, cantada por Cohen con Ronee Blakley, como “tan luminosa y bella como cualquier cosa que cualquier hombre pudiese dejar grabado en cinta”.

Valoraciones reseñadas
FuenteValoración
AllMusic4/5 [2]
Christgau’s Record GuideB-[3]
Soundsfavorable [4]

5. Resultado comercial

Hasta 1978, el álbum fue uno de los más vendidos de Cohen en Suecia.[5]

6. Versiones y actuaciones en directo

Death of a Ladies’ Man ha inspirado menos versiones que ningún otro álbum de Cohen, pero tanto “True Love Leaves No Traces” como “Don’t Go Home With Your Hard-On” fueron versionadas en el álbum de tributo “I’m Your Fan[Link Spotify]. Las canciones fueron interpretadas por Dead Famous People y el dúo de David McComb y Adam Peters, respectivamente. “Memories” también ha sido versionada al menos cinco veces por otros artistas, que incluyen a John Danielle de The Mountain Goats y Will Toledo de Car Seat Headrest, aunque el último modifica considerablemente la letra. “Iodine” obtuvo, que se sepa, tres interpretaciones en la gira europea de Cohen de 1979. The Last Shadow Puppets interpretaron una versión de “Memories” en su gira de otoño de 2008. El cantante sueco Svante Karlsson mencionó el título del álbum en la canción “I Nöd & Lust” (del álbum de 2010 “Tro Inte Att Du Känner Mig”) en la que el personaje femenino lo escucha en sus auriculares durante un viaje en tren. En 2013, Guitars and Bongos Records publicó la versión de Greg Ashley del álbum Death of Ladies’ Man al completo. Kimberly Morrison, también conocida como “The Duchess”, de The Duchess and The Duke! aportó algunos coros. La foto de portada de Greg imita la foto original de Cohen, pero reemplaza las mujeres por dos maniquíes.[6]

Portada de la versión íntegra de Death of a Ladies’ Man por Greg Ashley (2013). Fuente: Guitars and Bongos

7. Lista de canciones

Todas las canciones son de Leonard Cohen (letra) y Phil Spector (música)

Cara A

  1. True Love Leaves No Traces” – 4:26
  2. Iodine” – 5:03
  3. Paper Thin Hotel” – 5:42
  4. Memories” – 5:59

El cierre incluye una cita del single de 1958 de The Shields “You Cheated, You Lied”[7][8], y una referencia al cantante pop de la era clásica Frankie Laine.

Cara B

  1. I Left a Woman Waiting” – 3:28
  2. Don’t Go Home with Your Hard-On” – 5:36
  3. Fingerprints” – 2:58
  4. Death of a Ladies’ Man” – 9:19

8. Elenco

  • Art Blaine – guitarra
  • Hal Blaine – batería
  • Ronee Blakley – coros, aparece en “True Love Leaves No Traces”, “Iodine” y “Memories”.
  • Bobby Bruce – violín
  • Brenda Bryant – coros
  • John Cabalka – dirección artística
  • Conte Candoli – trompeta
  • Leonard Cohen – autor, voz
  • Ron Coro – diseño
  • Jesse Ed Davis – guitarra
  • Billy Diez – coros
  • Steve Douglas – flauta, saxofón, vientos
  • Oma Drake – coros
  • Bob Dylan – coros
  • Gene Estes – percusión
  • Venetta Fields – coros
  • Gerald Garrett – coros
  • Terry Gibbs – percusión, vibráfono
  • Allen Ginsberg – coros
  • Bruce Gold – ingeniero, ingeniero ayundante
  • Barry Goldberg – teclados
  • Tom Hensley – teclados
  • David Isaac – guitarra
  • Pete Jolly – tecldos
  • Jim Keltner – btería
  • Dan Kessel – órgano, sintetizador, guitarra, teclados, coros
  • David Kessel – guitarra, coros
  • Clydie King – coros
  • Sneaky Pete Kleinow – guitarra, pedal steel, guitarra
  • Michael Lang – teclados
  • Larry Levine – ingeniero
  • Charles Loper – trombón
  • Sherlie Matthews – coros
  • Bill Mays – teclados
  • Don Menza – flauta, saxofón, vientos, arreglos de viento
  • Jay Migliori – saxofón
  • Art Munson – guitarra
  • Bill Naegels – diseño
  • Ray Neapolitan – bajo eléctrico y contrabajo
  • Al Perkins – pedal steel, guitarra slide
  • Ray Pohlman – bajo, guitarra
  • Emil Richards – percusió
  • Don Randi – teclados
  • Jack Redmond – trombón
  • Bob Robitaille – sintetizador, ingeniero ayudante, programación de sintetizadores
  • Devra Robitaille – sintetizador, productora
  • Stan Ross – ingeniero ayudante
  • Phil Spector – guitarra, compositor, teclados, coros, productor, arreglos vocales, arreglos rítmicos
  • Nino Tempo – arreglista
  • Bill Thedford – coros
  • Julia Tillman Waters – coros
  • Oren Waters – coros
  • Lorna Willard – coros
  • Robert Zimmitti – percusión

9. Listas

Lista (1977)Máxima posición
Álbumes Australia (Kent Music Report)[9]85
Álbumes Noruega (VG-lista)[10]20
Álbumes Suecia (Sverigetopplistan)[11]15
Álbumes Reino Unido (OCC)[12]35
Posiciones del álbum en listas de ventas (fuente: Wikipedia)

10. Libro

Cohen publicó el libro Death of a Lady’s Man en 1978. No tiene nada en común con el álbum, con sólo una excepción: contiene el poema “Death of a Lady’s Man”, que es idéntico a la letra en la canción que da título al álbum.

En 2009, el escritor escocés Alan Bissett lanzo su tercera novela, Death of a Ladies’ Man, que hace referencias a Cohen por todo el texto.

11. Referencias

  1. ^ Nadel, Ira B. Various Positions: A Life of Leonard Cohen. Pantheon Books: New York, 1996.
  2. ^a ^bReseña en Allmusic
  3. ^ Christgau, Robert (1981). “Consumer Guide ’70s: C”Christgau’s Record Guide: Rock Albums of the SeventiesTicknor & FieldsISBN 089919026X. Consultada el 23 de febrero de 2019 – via robertchristgau.com.
  4. ^ Reseña en Sounds magazine 
  5. ^ Schulman, Leif (21 January 1978). “From The Music Capitols Of The World – Stockholm”. Billboard. p. 122. Consultada el18 de septiembre de 2019.
  6. ^ “Guitars and Bongos Records.” Product RSS. N.p., 2013. Web. 06 Abr. 2015.
  7. ^ “The Shields- You Cheated”. YouTube. 12-04-2008. Consultado el 10-01-2012.
  8. ^ “You Cheated, You Lied Lyrics The Shields”. Mp3lyrics.org. 1926-03-27. Consultada el 10-01-2012.
  9. ^ Kent, David (1993). Australian Chart Book 1970–1992. St Ives, N.S.W.: Australian Chart Book. p. 68. ISBN 0-646-11917-6.
  10. ^ “Norwegiancharts.com – Leonard Cohen – Death of a Ladies’ Man”. Hung Medien. Consultada el 24 de noviembre 2016.
  11. ^ “Swedishcharts.com – Leonard Cohen – Death of a Ladies’ Man”. Hung Medien. Consultada el 24 de noviembre de 2016.
  12. ^ “Leonard Cohen | Artist | Official Charts”UK Albums Chart. Consultada el 24 de noviembre de 2016.

12. Enlaces externos

Principles of Karst Hydrogeology, por Antonio Pulido

Recuerdo que cuando era más pequeño me encantaba fisgonear en las estanterías de libros. Soy un poco rata de biblioteca, por si no os habéis dado cuenta. Y se ve que me viene de antiguo. En la facultad de ciencias de la Universidad de Granada, en la biblioteca del Centro Cultural Infantil que en tiempos estuvo en la calle Jardines, en el recodo del despacho de mi padre en el chalé, detrás de la mesa de despacho de algún jefe, director o trabajador con despacho, en un trastero de las oficinas de Emuasa, cualquier anaquel de esos me estaba llamando en silencio para leer los lomos torciendo el cuello, hojear al azar, soñar con tener tiempo y energía para leer tanto como apetecía leer. De los ratos de espera en la facultad de ciencias, que ahora me parecen paréntesis infinitos que debí aprovechar mejor, recuerdo esos libros magníficos, caros, prestigiosos, editados con mimo, de la Springer Verlag, con ese caballo de ajedrez y esa limpieza visual y de contenido. Libros de ciencia. Palabras mayores.

Ahora mi padre ha puesto su apellido y el de sus padres en el costado de uno de esos libros de la Springer Verlag, y ha ordenado, con la ayuda de mi madre, todo lo que ha aprendido y enseñado sobre lo que más le ha apasionado en su vida profesional: el Karst.

Fotos, diagramas, gráficas y mapas, alguno de los cuales recuerdo haber coloreado cuando se preparaba para obtener su merecida cátedra, sobreponiéndose a las derrotas (que siempre son provisionales), a las pequeñas traiciones (que sirven para abrir los ojos) y ganándose el apoyo y el respeto de su equipo, sus colegas e incluso de sus cordiales enemigos, que alguno tendrá, como todos tenemos alguno.

Podría ponerme en ridículo (un poco más) disertando sobre el contenido del libro, fingiendo una capacidad de la que carezco. Pero me parece más significativo hablar de la pasión por conocer, por comprender y explicar cómo funcionan las rocas partidas y disueltas cuando el agua las atraviesa y las moldea, las ahueca y las excava, las levanta como cúpulas, las derrumba en simas y poljés. Con tiempo todo se logra, el deterioro da paso a otras cosas, a formas bellas, a catedrales subterráneas, embalses enormes y ríos subterráneos, sifones donde exploradores subterráneos, los espeleólogos, se la juegan a ciegas por si hay alguna bolsa de aire al otro lado, antes de que se ahogue, grietas donde se exponen a la claustrofobia más aplastante y maravillas incontables en la oscuridad.

Como indica el subtítulo de este libro de texto de la serie Springer Texbooks, en él se exponen los modelos conceptuales, los análisis de series temporales y la explotación de aguas subterráneas, con esta estructura:

  1. Materiales kársticos y pseudokársticos
  2. Karstificación y formas
  3. Modelos conceptuales de acuíferos kársticos
  4. Análisis de hidrogramas
  5. Análisis de series temporales
  6. Modelos matemáticos
  7. Hidrogeoquímica y calidad del agua
  8. Exploración y explotación

Cada capítulo termina con un resumen y una serie de actividades propuestas para profundizar en ese mundo subterráneo del que se puede saber mucho más de lo que creemos a primera vista.

Os dejo aquí el aperitivo del “Front Matter” del libro para que os pique la curiosidad: Link

Cómo está el tiempo de tu parte, por Bridget Watson Payne

Estoy a punto de empezar el post como en un confesionario católico, intentando recordar cuántos meses hace que no paso por aquí, pero eso confundiría mis intenciones con algo parecido a un ánimo de ofender. Así que me quedo con este comienzo borroso. Es un comienzo como otro. Una reanudación.

Por fin ha terminado 2020, como si 2020 tuviese la culpa de las cosas malas que hayan pasado durante 2020. Todos esos lugares comunes que me dedico a observar perdiendo el tiempo curioseando en los estados de WhatsApp de mis contactos (aunque a veces son fuente de carcajadas o de necesarios desengaños), lugares comunes, decía en mi fárrago incipiente, que dicen que 2021 no tiene por qué ser mucho mejor, que las vacunas van despacio o que alguien malicioso nos ha robado nuestros derechos mientras nosotros estábamos, inocentes de todo, a lo nuestro, consumiendo, contaminando y todo eso.

Para mí ha sido un año en que he logrado unas cuantas de las metas que me propuse a primeros de año. Mi familia está más fuerte que nunca, he corrido 1080 km (en cómodos plazos), he ayudado a mi equipo y hay quien ha confiado en nuestro trabajo. Muchos compañeros y compañeras me han ayudado a realizar las metas de los equipos. Aunque todo el mundo tienda, según parece, a calificarlo como un mal año, por más que nos haya puesto a prueba y muchas personas hayan sufrido o hayan sucumbido, hay mucho por lo que dar las gracias en este año, al menos para mí.

Pero también he vivido mucho tiempo de este año bajo la losa de la presión de no tener tiempo suficiente para hacer todo lo que de un modo u otro caía dentro de mi esfera de responsabilidad. Eso de correr como el conejo de Alicia, con el reloj en la mano, llegando tarde a todo, no apretando lo suficiente donde quería apretar. He aplicado como un muyahidin de la productividad todas las técnicas-magdalena (ahora explico esto de la magdalena) que he hojeado (con prisa, pero con curiosidad). Una especie de thriller acelerado de principio a fin de año, un crescendo de A Day In The Life de 365 días más o menos, con pausas de una o dos semanas en medio. Tiendo a caer en la trampa de la actividad, en vivir como un hamster en la rueda en una carrera sin sentido, agotadora, estéril.

Bueno, pues el último día del año me encontré por casualidad con este librito, hecho a medida de hamsters como yo, porque se lee en una hora, está hecho de bocados cortos de medio minuto cada uno, y te cuenta tres cositas que se olvidan con facilidad y que me ha venido bien que me recuerden acerca de todo eso de gestionar ese invento humano, infinito, ingestionable, que es el tiempo.

Cómo el tiempo está de tu parte‘, de Bridget Watson Payne, trata de poner la pasión en el centro, más que de tener un orden inflexible o una serie de reglas infalibles que te conviertan en un robot triturador de tareas.

Portada del libro. Fuente: @WatsonPayne en twitter.

Esas tres cositas que el libro nos recuerda son:

  1. Priorización
  2. Procrastinación (de la buena)
  3. Bolsillos (sí, bolsillos)

1. Prioridades

Tú marcas las prioridades. Estás al mando. No de todo, pero sí de un montón de cosas. Eres como el médico de urgencias que elige entre el paciente moribundo o el del brazo roto. Decían los romanos que las águilas no se entretienen con las moscas. Pues eso. Elige presas dignas de la grandeza que aspiras alcanzar.

2. Procrastinación de la buena

La procrastinación es como una herejía de la productividad ¿no? Pues resulta que hay una clase buena de postergación, la de dejar (para después, para que hagan otros o para nunca), actividades que no forman parte del núcleo duro de tus prioridades.

Es un concepto de un tal Paul Graham, que dice que en vez de trabajar en lo que tienes programado o encargado, puedes trabajar en: (a) nada, (b) algo menos importante, (c) algo más importante. Este último tipo de procrastinación, trabajar en algo más importante, es el bueno.

3. Bolsillos

Esto de los bolsillos es, quizá, junto con los truquitos de la parte final del libro, lo más interesante. Tendemos a hacer suposiciones sobre las circunstancias necesarias para el éxito laboral, sentimental, el bienestar de la familia, la creatividad, la forma física o el activismo por las causas que nos importan. Suposiciones como la de que un trabajo creativo debe pagarte el sustento y debe realizarse a tiempo completo y otras falacias limitantes por el estilo.

Pero en realidad nuestros días están repletos de “bolsillos” de tiempo. Como cuando te encuentras un billete de 20 € en un abrigo, esos bolsillos, todos juntos, dan para desarrollar lo que sea que te apasione. A trocitos, en horarios prefijados, virutas de tiempo que vas labrando y usando en lo que te importa de verdad, en llamar a tus seres queridos para que estén un poco menos lejos, en hacer ejercicio, en leer, dibujar, pasear. O en no hacer nada. Que eso también hace falta, y ayuda a que cuando hagas, hagas con más energía, pasión, impacto en tus metas.

Hay una lista genial de trucos y consejos, contadas como breves viñetas de las vidas de gente de verdad, personas reales que tienen que comprar papel higiénico, cuidar de niños, hacerse la comida, pero que no están esperando a que el milagro de dos semanas seguidas sin sobresaltos se les aparezcan delante como por arte de magia para dedicarse a lo que de verdad les hace soñar, latir, disfrutar de la vida. No hacen falta dos semanas de desconexión (aunque no vienen mal), hacen falta los breves ratitos mágicos e inspirados que estaban ahí escondidos en los bolsillos.

Las magdalenas

Dije un poco más arriba que iba a explicar esto de las magdalenas. No negareis que el título atrae más clicks que “Pros y contras de las técnicas de productividad”. El caso es que las técnicas de productividad son como las magdalenas en varios aspectos: aportan gratificación instantánea, son fáciles de aplicar, agradables, pero, por desgracia, a partir de la tercera te hacen perder agilidad.

Magdalenas de productividad. Dosifica bien o el atracón te pasará factura. (Fuente: Wikipedia)

Corremos el peligro de ponernos al servicio de nuestras técnicas, de que pierdan el sentido y la finalidad. ¿Para qué es la revisión semanal, si se convierte en una mañana de sábado perdida rebuscando y ordenando fotos del móvil? Se trata de ganar control y perspectiva, de preparar el éxito, grande o pequeño, en las semanas venideras. No es tachar tonterías irrelevantes en una lista y seguir en el mismo sitio (o más atrás) en relación con lo que quieres conseguir

Puntas y trucos

O lo que es lo mismo, consejos y trucos. Me niego a decir “tips”, soy así de boomer, como me dice mi hija adolescente.

1. Ponlo en tu calendario. Y una vez puesto, créetelo.

2. Sincroniza tu lista de tareas y tu calendario, haciendo un híbrido de las dos cosas, por ejemplo: (a) dedicando 10 minutos cada mañana a insertar elementos de tu lista de tareas en los huecos libres de tu calendario, como citas, (b) asignando una fecha de ejecución, en lugar de una fecha de vencimiento, a cada nueva tarea que añadas, (c) anota en las tardes o noches de tu calendario cuándo harás la colada, te ocuparás de tus impuestos o de simplemente relajarte, (d) incluso llevarlo tan lejos como deshacerte de tu lista entera de tareas, llevando cada tarea que surja directamente al calendario; esto funciona mejor en calendarios electrónicos que en los de papel, ya que será inevitable ir moviendo las cosas de sitio. La idea central es la misma en todos los casos: pones a tu lista de tareas y al tiempo de que dispones a trabajar en equipo en lugar de a competir entre sí.

3. La temible bandeja de entrada. Pon límites razonables al correo electrónico y emplea el tiempo que ganarás en otros trabajos más importantes. Tres tácticas expuestas por Jocelyn K. Glei en Unsubscribe: How to kill email anxiety, avoid distractions and get real work done son: (a) no hagas los emails en primer lugar, (b) dedica al correo solo dos o tres bloques de tiempo al día, de media hora o una hora como mucho, reservados en tu calendario como citas, (c) no tengas tu bandeja de entrada abierta en el escritorio mientras estés trabajando en otras cosas. Por último, decide tu tasa personal de no respuesta (“de los correos que recibo y que requieren una respuesta por mi parte, contesto a un x%”)

4. Empieza por el trabajo de verdad. No procrastines con las cosas que atañen a tu verdadera esencia, a tu alma, a quién eres y qué eres. Dales prioridad a esas cosas.

5. Ve a donde esté la energía. Dedícate a lo que te entusiasma y aprovecha la energía que esto produce. Cuando te otorgas la autoridad para decidir qué es lo mejor que se puede hacer a continuación funcionamos mejor y más rápido.

6. El programa férreo. Otra forma de destinar tiempo a lo importante es hacer las mismas cosas a las mismas horas, tanto si tienes ganas como si no.

7. No abandones tu trabajo habitual. Mejor que eso, haz hueco para tus otras pasiones fuera de tu horario de trabajo.

8. Confía en tu sistema. (O monta un sistema del que te puedas fiar). No puedes llevar tus tareas en la cabeza. Esto es GTD del de toda la vida: capturar, procesar, etc

9. Pon tus grandes metas en tu lista de tareas. Ya sea como un primer paso pequeño y manejable, ya como la gran meta, para que te salte ante los ojos cada semana y te fuerces a pensar en cómo lograrla. Tú mandas en tu lista, no tu lista en ti.

10. Pequeños trocitos de tiempo, frecuentemente. Hacer algo pequeñito todos, todos los días te llevará lejísimos.

11. Horarios de trabajo alternativos. Por ejemplo 9/80: trabajar 80 h en 9 días en vez de en 10, con lo que libras un viernes sí y otro no para tus tareas personales, vida en familia, proyectos paralelos o relajarte sin más.

12. Trabajo mental por la mañana, físico por la tarde, como Ernest Hemingway.

13. No trabajes cuando no estás trabajando. ¿Es tu nómina lo bastante cuantiosa como para pagar todo tu tiempo?

14. Suelta el teléfono. Un cesto en la entrada de casa para soltar el móvil, una caja de faraday en el restaurante, cargadores en el salón en vez de en el dormitorio, o un día a la semana sin móvil en la familia.

15. Libera tiempo para las amistades.

16. Dedica tiempo a no hacer nada. La productividad debería permitirnos ganar tiempo improductivo, para tomar un café en una terraza, dar un paseo o leer tranquilamente un buen libro.

17. Elige en qué te concentras. Recobra tu tiempo para lo que te hace feliz.

Pues nada, que aunque no lo parezca, el tiempo está de nuestra parte.

Bibliografía

El libro está lleno de fuentes de información muy interesantes. Aquí van:

Delibes, RAE, 1975 y el cambio global

Por casualidad me he encontrado este artículo en Ágora, que juega con el título del “disputado voto del señor Cayo” y conmemora los 100 años del nacimiento de Miguel Delibes, y eso me ha llevado a leer su discurso de ingreso en la Real Academia Española, donde hace un alegato ecologista que me ha sorprendido. Sobre todo por lo poco que hemos avanzado desde entonces en mitigar las sombrías tendencias que denunciaba este serio vallisoletano hace ya 45 años.

Ingreso de Miguel Delibes en la RAE, el 25 de mayo de 1975. Fuente: rae.es

Me tocó, supongo que como a muchos de la generación X, leer detenidamente a Delibes, no sé si para el colegio o como ejercicio de lectura. Llevar gafas te hace creerte un intelectual cuando eres pequeño y antipático. Había un montón de tomitos de bolsillo de destinolibro por mi casa. Me gustaba ver las portadas y los lomos de esos libros.

Chorradita interactiva con dos portadas de destinolibro. Fuente: internet

Aunque lo primero que leí con ganas fue El tercer ojo, la impostura de T. Lobsang Rampa sobre el Tíbet que podría ser el equivalente a la paella con chorizo de Jamie Oliver, más tarde me atreví a meterme en esos libros ceñudos (no sé por qué cuando pienso en Delibes, el primer adjetivo que me viene a la mente es eso: serio) de las ratas, la sombra del ciprés es alargada, el príncipe destronado, el camino. Me los leía y no me enteraba de nada (me sigue pasando con todo lo que leo, lo de Delibes y lo demás), me ponía muy serio, intentaba identificarme con los personajes. La verdad es que era una prosa que se leía de corrido, que fluía y no tenía ampulosos adornos ni las varices coaguladas de, por ejemplo, este mismo párrafo. A veces escribía un comentario de texto que demostraba a las claras lo que estaba yo afirmando dos renglones mas atrás: que no me había enterado de nada, pero que me masajeaba el ego con una sensación de logro, de cumplimiento y que más tarde se convirtió en garabatos en libretas y hoy en letras digitalizadas en este bloguete.

Bueno, pues este señor serio con gafas de concha, cazador, castellano, de pocas palabras, resulta que tenía conciencia ecológica y que dedicó su participación en la academia más rancia de nuestro rancio país a darse cabezazos contra el muro de incluir palabras del campo en el diccionario (de enterrarlas en el cementerio, como diría Cortázar) y a defender, con ganas y con argumentos que por desgracia siguen muy pero que muy vigentes, un retorno a la sensatez desde nuestros hábitos malsanos como sociedad.

El discurso se titula “El sentido del progreso desde mi obra” y analiza cómo en su obra intuye que el desarrollismo es una falacia, que los avances que hacemos en ciertas direcciones en nombre del progreso son a costa de retrocesos en otras, y a menudo en direcciones o facetas de nuestra existencia que no deberíamos perder.

Los títulos de los apartados de su discurso dan una pista de a qué se refiere don Miguel: El sentido del progreso desde mi obra, El progreso, El signo del progreso, El deseo de dominación, La Naturaleza agredida, a) La Naturaleza desvalijada, b) La Naturaleza envilecida, Mi obra y el sentido del progreso. La pista es que incluso hace cerca de 50 años vivimos enloquecidos con la tecnología, nos generamos necesidades artificiales, queremos movernos deprisa aunque sea a costa del aire, del espacio, de los recursos y pese a eso (o quizá por eso), somos cada vez más infelices y enfermos.

Y como los poetas y los filósofos tienen el privilegio de preguntar sin responder, pues ahí nos quedamos. Hay un problemón ambiental, global. ¿Qué hacemos? Eso, en otra ventanilla.

La broma infinita, de David Foster Wallace

Hace ya unos cuantos días terminé de leer por segunda vez “Infinite Jest”, un libro que David Foster Wallace escribió durante tres años y publicó en 1996. Lo primero que se suele mencionar sobre este libro es su número de páginas y la cantidad de notas a pie de página que contiene. Podríamos quedarnos en lo evidente y no rascar más allá. Me quedaré en lo relativamente obvio nada más, y llegaré hasta donde alcance, o eso voy a intentar.

David Foster Wallace en una lectura de 2006, sin bandana y con agua embotellada, qué le vamos a hacer. Fuente: Wikipedia

La primera vez que lo leí fue en inglés y lo acabé hace algo más de un año (diciembre 2018), y ahora lo he leído en castellano, lo que me ha permitido estar un poco menos lejos de creer entenderlo.

Algo que puede hacer que sea complicado entender lo que quiere decir es el estilo cambiante de David y el uso de varios artificios superpuestos unos encima de otros, por lo que llegar a algo como un esquema de los personajes, lo que ocurre, o incluso en qué año ocurre, es una labor de lija. Vas raspando oropeles que puso David y al final llegarás a la madera, si es que eso es lo que te interesa. Lo peor es que esto es contagioso y me parece que yo también estoy poniendo oropeles en este articulito de blog. Con razón llevo posponiéndolo dos años. Sólo faltaría que para unas 500, o 1000, o las palabras que termine durando este texto, tardase más que Wallace en escribir el tomo inmenso que me llevó a escribir esto. Pero podría pasar.

Creo que “La broma infinita” rebasa el lío de personajes de “Cien años de soledad”, “La colmena” u otras novelas corales. Valga este esquema como prueba.

¿Lo entiendes, o te hago un dibujo? El mapa mental de la broma infinita. Fuente: sampottsinc.com

Lo encontré en este wiki donde los lectores se ayudan entre sí a interpretar este tomo inmenso. También está el desafío de Infinite Summer de leerlo en el verano de 2009, a 75 páginas por semana.

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1079 páginas que condensan el infinito. Fuente: https://infinitejest.wallacewiki.com/

Precisamente ahora pienso que lo más atractivo de esta novela es que creo que es imposible de convertir en una peli. En el inmenso spoiler del inmenso párrafo que veréis a continuación, os daréis cuenta como yo de que es imposible de resumir sin perder sabor por el camino. Y no es sólo por mi infalible técnica literaria, capaz de despojar de sabor todo lo que cuento como la madre de Woody Allen era capaz de retirar todo vestigio de sabor del pollo. No es sólo por eso, es porque la broma es infinita, no cabe, no sé cómo consiguió meterla en sólo mil y pico páginas. ¿Su capacidad de síntesis es otra de las bromas que tiene dentro el libro? Puede ser.

Tripas

Alerta de destripamiento de la trama (que podría acabar como el que intentase contar las páginas del libro de Arena de Borges, con salpicaduras de tripas de trama, con granos de arena, con infinitas páginas por todas partes…). El resto de este párrafo intenta torpemente resumir la trama del libro: Bueno, el caso es que los artificios que él mismo se iba inventando a medida que inventaba esta historia enorme son ingeniosos y complejos casi todos. Te cuenta dos historias que de algún modo están entrelazadas con varias docenas de otras historias. Después de todo este tiempo, yo creo que los principales personajes en la novela son David de adolescente tenista (Hal Incandenza) y David de post-adolescente adicto a las drogas (Don Gately). Hal es un interno en una escuela de alta competición regentada por su madre, la cual es viuda de James (“él mismo”) Incandenza, un extravagante óptico (de los que construyen lentes cercanas a la física de la luz, no de los que te venden gafas que se rayan por mucho cuidado con que las limpies) que dio varios tumbos profesionales hasta convertirse en un cineasta vanguardista (infumable y desagradable como una mezcla entre varios directores infumables y desagradables que se te puedan ocurrir). James, el padre de Hal, se suicidó metiendo la cabeza en un microondas modificado tras años de alcoholismo, infidelidades a su esposa hipercontroladora y tras crear una pieza de entretenimiento (así llamaba James “él mismo” a sus películas) tan entretenida que quienes la vean no pueden hacer otra cosa que verla, abandonan toda su vida, sus necesidades fisiológicas, sus lealtades, todo, por seguir mirando una y otra vez la pieza en cuestión. La pieza es la broma infinita, un arma, en realidad, que unos terroristas canadienses separatistas (unos activistas quebequeses aficionados a la sopa de guisantes que van todos en sillas de ruedas por culpa de un extraño juego / desafío / rito iniciático que consiste en saltar por delante de un tren en marcha en el último momento, después de que su oponente en el desafío salte y antes de que el tren te atropelle, te mate o te lisie, que es lo que les suele ocurrir a los miembros del grupo independentista que medran en la organización, de ahí que se les llame los Assasins des fauteuils roulants. Suelen hacer sus siniestras apariciones en grupo, todos en sus sillas, hartos de los Estados Unidos y de Canadá, que han reconfigurado sus territorios para adaptarse al cambio global (que se distingue del cambio climático en que el cambio global lo provoca la actividad humana) mediante un trueque de terrenos, terrenos que no tan casualmente eran de Québec, un trueque que les permita deshacerse de la inmensa cantidad de residuos que producen unos y otros lanzándolos por los aires desde Boston y alimentando una singularidad física (que el propio James-él-mismo-Incandenza contribuyó a descubrir) que es algo así como un agujero negro de la basura que necesita más y más basura para no estallar, y ahí estamos los productores de basura del mundo para lanzarle basura con catapultas. Me estoy perdiendo, pero es lo que pasa con esta broma. Es infinita, desparrama un sarcasmo quemado y venenoso más allá de sus más de mil páginas. La familia de Hal está traumatizada y destrozada. Hal tiene un hermano, Orin, que se dedica al fútbol americano (dejó el tenis porque sólo sabía hacer enormes y precisas voleas, cambió el brazo por la pierna y lanza patadas a seguir enormes y precisas) o que en realidad se dedica a buscar mujeres casadas, las seduce con un conjunto repugnante de técnicas de manipulación, se acuesta con ellas y a continuación las deja hundidas y mancilladas. Para él parece una especie de venganza porque su padre, James “él-mismo” etc, sedujo, antes de morir, obviamente, a su novia, una chica tan guapa que era monstruosa por su belleza y que era fan del cine incomprensible de James. Eso y el suicidio de James hicieron polvo a Orin y a la madre de Hal y Orin y esposa de James. La escuela de tenis de Enfield, donde Hal está interno fue otro de los proyectos de la errática carrera profesional de James. Los alumnos de la escuela, con su férrea disciplina de entrenamientos, arengas y preparativos para que la fama de la alta competición no les destroce la mente y la vida, viven en realidad ya medio destrozados; o están locos, o son ya adictos a la marihuana (como en el caso Hal), las pastillas, los hongos, las drogas de diseño o los calmantes de todo tipo. Tienen todo un sistema de aprovisionamiento de orina “limpia” procedente de los alumnos más jóvenes y puros para cuando se producen las redadas de controles anti-dopaje, por ejemplo. Un par de calles más allá de la colina desmochada donde está la Academia Enfield de Tenis está la Casa Ennet, un hogar de rehabilitación de toxicómanos donde Don Gately está cumpliendo parte de la condena a la que le ha arrastrado su adicción a los opioides, en la huida de una infancia atroz con una madre alcohólica y un padrastro metódicamente maltratador (hacia su madre). Don es enorme, una mole valiente y noble que usaba su cabeza para detener las puertas de los ascensores cuando jugaba al fútbol en el instituto y que fue perdiendo todo lo poco que tenía por culpa de la adicción. Se fue especializando en colarse en casas desactivando la alarma y llevándose lo que pudiese vender para conseguir más opioides inyectables, pero una noche amordazó a un canadiense francófono (quebequés, precisamente) que estaba muy resfriado y que no consiguió hacerse entender antes de amordazarle y murió asfixiado. El caso es que Don se desengancha y termina siendo cuidador de un montón de yonquis que están en esa casa, y los vas conociendo, y todos son de verdad y cada uno con un drama enorme o con miserias enormes de las que no consiguen escapar. Gente de verdad que David conoció en hogares de rehabilitación similares y que aquí están retratados con más crudeza que en una canción de Lou Reed. Don es un héroe doliente, y hacia el final de libro lo demuestra dando una paliza de muerte a cuatro enormes quebequeses vestidos de hawaiianos a los que un interno de la casa Ennet adicto a la cocaína ha hecho una faena terrible al matar a su perro por pura diversión. Persiguiendo al adicto, los enormes quebequeses llegan hasta la casa armados hasta los dientes y Don defiende a sus malditos adictos dándoles a los matones una paliza mortal digna de una peli de Tarantino por la crudeza irónica con que se describe.

En este libro, entre bromas y veras, se cuentan experiencias reales de adicción y crueldad, de depresión y suicidio. David acabó sus días de creatividad inmensa, de inteligencia y cultura colosales, derrotado por una depresión crónica que culminó tristemente con su suicido a los 46 años de edad el 12 de septiembre de 2008. En este libro hay síntomas fáciles de detectar a toro pasado. Hay burlas en medio de unos dramas terribles, señales de alerta por todas partes. Más de una vez he estado hablando con mi pareja en la vida de lo que deben de sufrir las personas que son inteligentes, muy capaces en algo. Inteligentes de verdad, que entienden la realidad en sentido abstracto, captan las leyes que subyacen a todos los fenómenos que observamos y entre los que los mortales de a pie navegamos sin hacernos muchas más preguntas. ¿Es posible ser de verdad inteligente y ser feliz?

Los cerebritos viven acosados por los matones del instituto hasta que encuentran algún refugio en la ciencia, en las artes o en algo que les retribuya por esa habilidad hiperdesarrollada que tienen, pero siguen sin ser capaces (o pocos encuentran su camino en esos laberintos) de integrarse con los demás, si no es renunciando a esa curiosidad y habilidad especial que algunos tienen, si no es fingiendo que no tienen esa curiosidad.

Entonces, ahora lo que pienso es que David Foster Wallace pudo haber sacrificado todo eso, viviendo y creando con urgencia enormes obras como esta, como sus artículos en Harper’s, como sus reflexiones sobre la filosofía, el infinito, la cultura, la tele y la miseria, para echarnos una mano a los demás a soportarlo, ya que él iba a sucumbir. Aunque fuese un acosador, igual que Franzen difícilmente podría ser más despreciado por representar el privilegio masculino y blanco o Lennon por maltratador disfrazado de pacifista. Todas estas cosas ayudan a desbancar la idolatría y tratar de hacer algo por uno mismo, ¿no?

Hasta la vista allá arriba, por Pierre Lemaître

Esta novela histórica de Pierre Lemaître ambientada en los años posteriores a la guerra del 14-18 recibió el Goncourt en 2013, y fue adaptada al cine.

Me lo prestó mi madre, a quien se lo regaló mi prima. A ella le recuerda a mi bisabuelo Jules, que fue un poilu y perdió una pierna por uno de los millones de obuses que alemanes y franceses se lanzaban entre sí en una espantosa guerra de trincheras que Louis Ferdinand Céline ya retrató con la crudeza que hacia falta. El recuerdo que mi madre siempre me cuenta del grand-père Jules era que se dejaba tirar del mostacho por los niños que se quedaban embelesados de su espesor y longitud. Les animaba a que tirasen del bigote, para que comprobasen que pese a su espectacularidad no era postizo: “Tira, tira sin miedo”.

Portada del libro

Creo que en este libro se trata de otra cosa que de la oscuridad inmunda de destruir una generación entera en una guerra de trincheras y desgaste. Habla de generales insensibles y soldados condenados, de traiciones y miserables engañándose unos a otros, de una amistad entre hombres, donde uno admira incondicionalmente al otro (un poco como el Gran Meaulnes, de Fournier, a mi incompleto parecer) y donde “buenos” y “malos” hacen casi lo mismo, lo que pueden. Pero los “buenos” son simpáticos y eso se subraya una y otra vez para que sus maldades sean menos malas que las de los malos, cuyo pecado principal es la antipatía y el éxito en medio de la ruina de todos los demás. Está la rebeldía del hijo díscolo (admirado y cuidado por su amigo) que no se atiene a las expectativas de su padre, que se engancha a los opiáceos con el patrocinio de su amigo admirador. Se engancha para soportar el dolor de su espantosa mutilación en la guerra, o sólo para soportar la existencia en este mundo injusto e imperfecto, quién sabe. Lo cierto es que el dramatismo crudo de esta historia se cuenta un poco medio en broma, casi como si fuera un cómic de Astérix y Obélix, un poco menos heroicos, pero bromeando en medio del sufrimiento para ayudarse, para soportarlo. El final es de esos de justicia poética, de karma circular bien cerrado, un trágico castigo a Prometeo por robar el fuego sagrado que quizá sea lo que más me ha impactado de este libro.

No hace falta esperar a la peli para leerlo, por dos razones: porque ya ha sido adaptada al cine, como decía al principio, y porque merece la pena esta historia triste, conmovedora y bien contada. O así me lo ha parecido a mi.

El trailer de la peli:

La edición española en Salamandra: https://salamandra.info/libro/nos-vemos-alla-arriba