Los libros que leí en agosto de 2019

Me he dado un chute intravenoso de Murakami este mes de agosto. Desde que me reincorporé al trabajo a finales de mes no he tenido mucho respiro, de ahí que haya tardado tanto en compartir este post. Pero en agosto, durante las vacaciones, mi rutina era otra cosa. Algo muy murakamiano, si existe ese adjetivo. Nadar de 25 a 50 largos diarios, intercalar los mundos absurdos y tristes de Haruki (Al sur de la frontera, al oeste del sol, After dark, Los años de peregrinación del chico sin color, Baila, baila, baila, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo) con piezas de otros autores (El gaucho Martin Fierro, 6 problemas para don Isidro Parodi, las Memorias del subsuelo) y escuchar lo que haya en SD o en mi spotify gratuito con sus irritantes anuncios en medio. Eso es lo que he hecho este mes. Mi cuerpo no se ha movido a sitios más exóticos que Roquetas de Mar o las churrerías del Camino de Ronda, pero he surcado los mares, he amado con locura y he resuelto enigmas que no me dejaban progresar en la vida. O he dejado que se resuelvan solos al cesar de manosearlos con mi mente obsesiva y cíclica. Eso es lo que hice en mis vacaciones de este año.

El gaucho Martín Fierro

Fuente: wikipedia

Es un poema épico de José Hernández que en mi ignorancia sólo conocía por las menciones que Borges hace de cuando en cuando, no recuerdo en qué obra. Un retrato de la pampa que desmitifica, una especie de novela picaresca pero con jinetes vaqueros, navajeros y lascivos que huyen de la miseria y de las consecuencias de sus actos en la inmensidad de la pampa.

Memorias del subsuelo

Fuente: Cátedra

Este libro es Fedor Dostoievsky en lo más íntimo, haciendo confesiones (noveladas, pero confesiones, intuyo) de esas que sólo se hacen cuando has tocado fondo. El subsuelo es algo como el underground de Lou Reed o de Paul Weller, como regresar del infierno de modo provisional y, antes de regresar a él, advertir a los demás que no caigan en lo que seguramente caeremos todos. El protagonista tiene una especie de complejo de inferioridad/superioridad que le hace despreciar a todo el mundo. Está desesperado y no tiene remedio, está claro. Se invita a sí mismo a una cena de despedida de un oficial cuasi-compañero suyo, pese a que no tiene ni con qué pagar esa cena, ni con qué limpiar la mancha de sus pantalones. Se cuela en un burdel moscovita, burdel camuflado en tienda de modas, y desprecia a una prostituta, haciéndole ver un futuro miserable a causa del despecho que él siente por todos los que no le admiran sólo por lo que es, no por lo que ha logrado. Parece un retrato de la adolescencia en su estado puro, rusa o de donde sea. No encuentras tu sitio en la sociedad y te gustaría destruirla por completo.

Seis Problemas Para don Isidro Parodi

Fuente: amazon

El dúo de amigos inseparables de Borges y Bioy Casares se emplea a fondo en retorcer el lenguaje con el habla de sus personajes, de un barroquismo insoportable o hilarante, según el estado de ánimo con que te atrape. Valgan unos ejemplos:

Le ahorro hasta el menor detalle de ese ebanista vulgarísimo, frente serena y despejada, ojos de triste dignidad, negra barba profética, estatura canjeable por la mía.

…yo también he desmejorado con mi presencia el edificio de la calle Deán Funes,…

… macaco viejo no sube a palo podrido

La insípida persona que ahora gruñe esta narración estaba encaramada en el sauce,…

En el hombro de Tai An, el augusto beso de la muerte había estampado su rouge

A mí me ha hecho reír a carcajadas, aunque la verdad es que no siempre me enteraba de los casos que este don Isidro Parodi iba resolviendo desde su celda de prisión donde recibe a sus «clientes». Es un detective de gabinete, que entresaca de los confusos relatos de los que le visitan la solución a los misterios, crímenes, incendios y cobardías que le están contando. Una pequeña delicia que se lee en dos sentadas y media y que mi amigo José Juan conocerá ya del derecho y del revés, claro.

Haruki Murakami

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Portada de la edición de bolsillo de Tusquets. Fuente: Amazon

Una historia sobre hijos únicos, un chico y una chica, que se conocieron en la educación primaria , que se entendían a la perfección, dos almas gemelas que escuchaban discos, se comprendían y que un día perdieron el contacto. Hajime (principio) está casado, tiene dos hijos y un club de jazz. Cuando le parece que vuelve a ver a Shimamoto, decide dejarlo todo e ir en pos de ella. El título es una canción que ambos escuchaban, que les hacía soñar con un mundo de ensueño que estaba en esa dirección, al sur de la frontera y al oeste del sol. En realidad era una canción de Sam Cooke sobre las juergas de Tijuana.

After Dark

Fuente: Agapea

Un músico aborda a una chica que lee en un bar nocturno. Ha perdido el último tren de la noche y pasa el rato leyendo. Ella no tiene ganas de hablar, y él no las tiene de estar en silencio, y poco a poco su conversación la entretiene. Más tarde, la regenta de un love hotel le pide al músico que ayude a una prostituta a la que un cliente ha agredido. En medio de esa historia realista y palpable, sórdida, se cuela lo sobrenatural como pasa a menudo con Murakami, con televisores apagados que transmiten imágenes borrosas e inquietantes de lo que hay al otro lado, o por debajo de lo que vemos conscientemente.

Baila, baila, baila

Portada de una edición italiana del libro. Fuente: La Casa del Libro

Murakami es fan de ese lado de los Beach Boys (opuesto al que me gusta a mí), el de las baladas cincuenteras, los años de la ingenuidad culpable estadounidense, con el doo-wop y todos esos falsetes prodigiosos pero irritantes para algunas personas.

En esta novela, un periodista freelance se mete a detective con la ayuda de una chica con poderes paranormales. La aventura empieza en el hotel Dolphin, que el protagonista conocía de otro tiempo y que en los años 80 del siglo pasado en que se desarrolla la acción se ha convertido en otro sitio de franquicia sin mucha personalidad.

Los años de peregrinación del chico sin color

Un grupo pentagonal de amigos de la infancia que se complementan y se completan entre sí. Cada uno de ellos tiene un apellido que corresponde a un color, al menos dos chicos, dos chicas. El protagonista tiene un nombre incoloro y eso de algún modo le acompleja, siente que no tiene personalidad como sus compañeros. De pronto le dejan plantado, todos se apartan bruscamente de él y dedica décadas a vivir apartado de ellos en una vida sin alicientes, hasta que poco a poco la vida le acerca a la solución de su enigmática separación. Hay mucha música en este libro, y un ambiente pensativo y soñador muy contagioso, como suele pasar.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Otra historia de las que enlazan con la magia subterránea. Si no recuerdo mal, está llena de fijaciones de Haruki: pozos, la guerra de China, espantosos crímenes de guerra descritos con todo lujo de detalles y un hombre anodino que busca sentido a su existencia por los caminos más raros después de que su mujer le abandone de pronto (o no tanto, a la vista de la poca sal que este hombre aportaba a su mujer), sobre todo en impropias conversaciones con una muchacha joven con instintos asesinos y en lugares estancados, donde el flow de la realidad se atasca, donde el pájaro que da cuerda al mundo deja de hacer su trabajo. Un sueño extraño bien contado y que de algún modo influye en mi forma de percibir las cosas después de haberlo recorrido. Hace que los disparates aparentes tengan un sentido subterráneo, poético y un poco triste.

Anuncio publicitario

De qué habla Murakami cuando habla de escribir

Me ha encantado este artículo de Mar Abad sobre el proceso creativo de Haruki Murakami, basado en el libro que éste último ha publicado recientemente, «De qué hablo cuando hablo de escribir«.

Sauce ciego, mujer dormida – Haruki Murakami en formato cuento

Me he agenciado un kindle touch de Amazon, y entre eso y las vacaciones, lo cierto es que estoy leyendo a lo bestia.

Con dos compañeros del trabajo mantenemos un debate a la hora del café sobre si Murakami es un tostón o en realidad es genial. Estoy en el segundo bando, y mi tocayo del bando contrario nos presta libros de este autor mientras nos regaña diciendo que no sabe qué vemos en el tío este. Y le estoy muy agradecido.

Portada

Te encuentras trozos fantásticos, kafkianos, otros de cruda soledad, fragmentos de la Naoko de Tokio Blues. Me ha gustado mucho el cuento de «Una tía pobre», un bonito absurdo sobre la compasión (a mis ojos lo parece), y en «Los gatos antropófagos» una pareja aventurera termina en la soledad más absoluta. Me gusta la concisión de su estilo, la ambientación de Japón, cómo conoce la cultura occidental al dedillo, sus coleccionistas de vinilos de jazz, el ambiente de ensueño o de realidad monótona en la que profundos cambios vitales se deben a la más nimia circunstancia.

O a lo mejor, como le digo a mi tocayo para chincharle, digo que me gusta porque queda muy in decir que te gusta (o quedaba hace unos años) Murakami aunque en el fondo no lo entiendas muy bien.

Tres novelas que me han recomendado hoy

Siempre que hablo con José Juan, mi antiguo jefe, acabamos en los libros. Le he pedido recomendaciones de lectura (el fue el primero que me habló de Stieg Larsson y su millenium) y me ha propuesto:
«La elegancia del erizo» y «Rapsodia gourmet» de Muriel Barbery
«Los ojos del bosque» de Julien Gracq
A cambio, le he animado a que siga con «Kafka en la orilla» de Haruki Murakami, que aunque tarda en desarrollarse acaba siendo hipnótico. Y si no, que pruebe con «Norwegian Wood» o «Tokyo Blues», que se disfrutan más rápido.