Granadas en Huelva

Llevo demasiado tiempo sin postear nada en mi blog. He estado ajetreado. Todavía lo estoy, pero empiezo a levantar cabeza.

Esto es para errecé y su colección de Granadas. Éstas están en Huelva, en la Bohemia, un bar con unas tapas muy interesantes.

En la Bohemia siempre hay tapas y platos fuera de carta para probar sabores curiosos, y las raciones son generosas. Especial mención merece la música que ponen. Aquí escuché por primera vez Kurt Vile:

Chemical Brothers, Let Forever Be

Un pedazo de vídeo de Michel Gondry para un loop de batería recortado y Noel Gallagher preguntando qué tal sienta despertar en el sol. Vértigo psicodélico infernal y trepidante, caleidoscopios de una chica que siente hacer las cosas miles de veces, un insulto a la rutina, una salida de pista espectacular.

En esta entrevista uno de los integrantes de los Chemical Brothers, Tom Rowlands da  más pistas sobre el proceso creativo del vídeo y Noel Gallagher dice que le habría gustado tocar él la batería:

¿Cómo se programa el orden de las canciones de un mp3 de coche como este?

El aparato en cuestión

A lo mejor alguno de mis 5 lectores sabe cómo se puede controlar en qué orden se reproducen las canciones que guardas en un reproductor como éste. Hay muchos modelos con carcasas parecidas, pero con la misma pantallita azul y, seguro la misma electrónica y la misma (i)lógica dentro.

Se conecta por USB al ordenador, y a un cargador de mechero que tiene una ranura USB (y que de paso sirve para cargar móviles vía USB!). Cuando está conectado al cargador del mechero empieza a emitir por FM, en la frecuencia que le configures, la música que tienes guardada en la memoria flash. Pero, pasar las canciones una a una es lento (hay un lapso de un par de segundos hasta que lo hace, ya sea por el pequeño mando a distancia, ya sea pulsando los botones que tiene a derecha e izquierda el aparato.

El caso es que si numero los nombres de archivo desde el PC, el aparato los reproduce como le apetece. A lo mejor hay que renombrar los “tags” de los MP3. No lo sé, ¿alguien lo ha probado? ¿Alguien conoce programas gratis que renombren los tags a lo bruto, con más facilidad que el #$€&% reproductor de Windows Media?

The Beatles – Abbey Road

A menudo la afinidad por un disco u otro no depende del todo de la música, sino de lo que ésta nos recuerda, lo que estábamos haciendo cuando lo escuchamos por vez primera, o alguien dulce que era aficionado incondicional, o un día triste que se enmendó por el abrazo de la melodía.

Hay sensaciones subjetivas que uno quisiera universales, como el Shoo con que “Come together” comienza, unido a esas palmadas con eco (al estilo de los estudios Sun donde Elvis se ponía a 20 metros del micrófono para retumbar aún más), unido indisolublemente. Lo que este disco me recuerda es que en mi infancia, cuando mi padre nos lo ponía en casa o en el cassette del coche, yo me preguntaba dónde se podría conseguir el instrumento que hacía ese Shhhhhukuk! tan vacilón, como si fueran unos palitos que mandan callar antes de sonar, para que oigas mejor el resto. Come together parece la pieza de estudio donde cada instrumento tiene el sonido más redondo que se puede lograr. Un bajo trotón, masticable y a veces deslizante, como un chicle dulzón y jugoso. Una batería con parches de cuero en el punto de desgaste justo, como el que buscas en una cartera de piel, a punto de agujerearse, pero flexible y manejera, con los platos guardados exactamente una semana en el sótano para que el óxido le muerda el oído al que se acerce demasiado. La guitarra acompaña calladamente el principio, meciendo un rock discreto, a la espera de que a medida que avanza el tema pueda ponerse respondona con la voz de Lennon, 2, como diciéndole: ” A ver si ahora puedes imitar esta melodía, llevándole la voz cantante al cantante.

Spacemen 3 – Recurring

Después de la inmensa cumbre (artística) de “Playing with Fire” (o fondo abisal de su salud), Sonic Boom (Peter Kember) y Jason Spaceman (Jason Pierce) se llevaban a matar, hasta el punto de que cada uno grabó una cara del LP sin contar en absoluto con el otro. Cuanto más conflicto y más dolor, más crece el arte.


Desde Big City hasta Set Me Free, Sonic se recrea en un mundo de teclado casio, drones, zumbidos y fantasmales voces reverberantes que en una de sus últimas ocasiones de estar en gracia consigue trasladar al oyente a sus artificales paraísos del espacio exterior. Delicias con tópicas declaraciones de amor a una mujer en polvo y cucharilla.

En el otro lado, Jason está muy triste, hipnotizado y con más capas de sonido que una cebolla. La reverberación también está presente, y la habilidad para crear cimas de sonidos acumulados es mayúscula. Parece el manual del usuario de Spiritualized.

Recuerdo que hace años me dedicaba a emborronar libretas escribiendo que Jason era un vulgar currante que aprovechaba los destellos intuitivos del gandul de Sonic, y puede que sea cierto, aunque ahora, un poco más crecidito, pienso que el gandul de Sonic se dejó esquilmar por Jason y le está bien empleado, pues si no, nos habríamos tenido que conformar con un interminable drone o con una tecla del casio pegada con cinta adhesiva para que suene todo el rato mientras él babeaba su adicción.