La meditación también tiene efectos negativos, y muy chungos, según Yorokobu

Este artículo de Esteban Ordóñez se hace eco de un estudio de dos científicos que han encuestado a personas a quienes la practica de la meditación no les ha resuelto la vida como les gustaría a los mercachifles de la autoayuda que han desprovisto esa practica de sus significados menos vendibles.

Hay toda una gama de efectos adversos que se pueden producir, e incluso algunos son necesarios en el camino hacia el satori desde el punto de vista de un maestro budista.

No es esa ecuación placentera de salud-tranquilidad-bienestar con que nos seducen a los occidentales. Así que dejemos de buscar cosas que encajen con nuestros juicios y esquemas previos y escuchemos con atención, para aprender, en vez de para responder o reafirmarnos. 

Nunca (jamás) te bajes apps de Android Apps fuera de Google Play

Un artículo de WIRED sobre seguridad nos recuerda otras de las muchas maneras que tenemos de pifiarla y hacernos daño (o exponernos a que nos lo hagan) si no seguimos unas elementales normas de prudencia. Aún así, aunque tomemos todas las precauciones somos vulnerables. Por lo menos no se lo facilitemos.

Nunca (jamás) descargues apps fuera de Google Play

Esta semana, unos investigadores revelaron que una oleada de malware golpeó a al menos 1.3 millones de teléfonos Android, robando datos de usuarios como parte de una maquinación para potenciar los ingresos por publicidad. Llamada “Gooligan”, se coló en esos dispositivos de la forma en que muchos de esos ataques a gran escala en Android lo hacen: a través de una app. Concretamente, una app que la gente se descargó fuera de los confortables confines de la Google Play Store.

Consejos de Kurt Vonnegut para los humanos de 2088

En este vídeo Mar Abad y Yorokobu me provocan hilaridad mezclada con pánico infografiando los consejos que Kurt Vonnegut escribió en 1988 para los humanos de 2088. ¿Cuál es el superlativo de vigente?

El castellano es un idioma monigotado

Me ha encantado este artículo de Isabel Garzo en yorokobu sobre Magistral, un ensayo, o mejor dicho, una obra del género del “desparpajo demoníaco” de Rubén García Giráldez, que en esta su segunda novela después de menos joven se dedica, al parecer, a defender el lenguaje de su uso hipersimplificado, para complacer al lector de gama baja, al twittero y al espectador catatónico de la tele de hoy. Me ha parecido buen plan el suyo, y es posible que lea su libro.

O a lo mejor empiezo con su “ensayículo bufo” de Thomas Pynchon, un escritor sin orificios.

 

Hacer mapas es la manera más bonita de mentir

En el blog El Aleph, de El País nos hacen un poco de broma diciendo “notición, no es posible proyectar una esfera en un plano sin distorsión”. Pero como es una explicación más amena que la que me dieron cuando era estudiante, ejemplo de Groenlandia, triángulo esférico de 270° y curvatura de Gauss incluídas, pues aquí os dejo este link gisero.

Serendipia de nuevo. Crean por error nanobarras que recolectan agua

A menudo cuando te pierdes te encuentras. A los científicos que buscaban un tejido que retuviera el sudor les frustraba que no consiguiesen que funcionara. Esas telas volvían a humedecerse al poco rato. ¿Y si usáramos ese tejido para capturar la humedad del aire?

Podéis ver el artículo de gizmag y un vídeo aquí

La digitalización de la biblioteca pública de Nueva York y las perspectivas de aceleración que despierta

Este artículo de Mary Ambrose en theglobeandmail.com en febrero de 2012 habla del reto de la digitalización aplicado a la biblioteca de Nueva York.

El desafío de la digitalización: Cartas de restaurantes del siglo XIX manuscritas

Esta foto del de 8 de julio de 2011 muestra la Biblioteca Pública de Nueva York durante la “Excursión de Superhéroes de Nueva York” de Celebrity Planet en Nueva York. Esa excursión a pie de Celebrity Planet por el centro de Manhattan lleva a los invitados a lugares clave donde tuvieron lugar acontecimientos de la historia de los cómics. (AP Photo/Tina Fineberg) (Tina Fineberg/AP) Fuente: www.theglobeandmail.com

La Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL en adelante) puede evocar el Manhattan del siglo XIX, pero ese monumento de las bellas artes está ante uno de los mayores desafíos del siglo XXI: Cómo almacenar digitalmente información para siempre.

“Hemos sido los primeros en aceptar el reto, a esta escala”, dice la canadiense Barbara Taranto, directora gerente de los Labs de la NYPL. Es un desafío endiablado incluso para esta maga de los sistemas digitales con sus títulos en informática y ciencia de la información digital. Pero al emparejar la tecnología con el saber hacer en materia de voluntariado, la biblioteca ha logrado inmensos éxitos.

Por ejemplo, a la biblioteca se le entregó una enorme colección de 40.000 menús manuscritos de restaurantes de entre los siglos XVIII y XXI.

Demasiado densos para ser leídos por ordenadores, el pasado abril (de 2011), la biblioteca creó el proyecto “¿Qué hay en el menú?” que pedía a voluntarios que transcribiesen los menús. Financiación por la multitud (crowd-sourcing), o emplear la sabiduría colectiva, ha sido un don celestial para las instituciones que quieren digitalizar sus colecciones.

A finales de enero (de 2012), se habían transcrito 728.219 platos de 11.876 menús.

El famoso chef y empresario Mario Batali ha apoyado el proyecto y lo ha descrito como “un recurso para futuros chefs, sociólogos, historiadores y cualquiera a quien le apasione la comida. No es sólo ¿Qué hay en el menú?”, revela muchísimo más”.

Los biólogos marinos quieren saber qué veranos tuvieron multitud de ostras y cuáles no. Los novelistas quieren saber lo que sus personajes podrían haber comido en un restaurante de Nueva York en 1942. El chef Rich Torrisi lo ha usado como inspiración para desarrollar su propio restaurante.

La biblioteca tiene también la mayor colección de fotografías de la ciudad de Nueva York, mayor que la del Museo de Arte Moderno o el Museo Metropolitano de Arte, y pronto estarán apoyándose en la multitud para ellos también. Pedirán a voluntarios que ayuden a crear los metadatos de las fotos, que hacen que se pueda buscar en ellas. Esto significa que una foto de 1930 con una madre y dos niños comiendo helado en Brooklyn se encontrará en el sistema de la biblioteca cuando alguien busque “helado” o “carrito de bebé” o incluso “carrito y niños”. El usuario no tendrá que saber el nombre de la gente, la ubicación o el fotógrafo.

Los materiales digitales son la parte que más rápido está creciendo de la biblioteca. La  Galería Digital de la NYPL tiene más de 700.000 imágenes. Ms. Taranto lo llama un “universo de contenidos” en todos los formatos, incluyendo archivos y amplias colecciones de medios. El sitio web de la NYPL recibe 28 millones de visitas al año desde más de 200 países.

Hay presión para digitalizar las colecciones, la cual, como anota alegremente Ms. Taranto reduce “las barreras hasta los materiales de la fuente original”. También, un suplente digital reduce “el desgaste y deterioro del objeto físico”, asegurando su longevidad. Pero pregunta “¿Cómo encontrarán lo que necesitan las personas discapacitadas? ¿Y las que no sean angloparlantes?”.

Después está la gestión de los derechos digitales de materiales antiguos ahora nuevamente disponibles. Los investigadores podrían querer acceso en línea a, digamos, manuscritos originales de Jack Kerouac, y los herederos están de acuerdo, pero a lo mejor no los quieren ver empapelando todo Internet.

La bibliotecas son buenas para ayudar a la gente a encontrar material, pero el verdadero truco está en resolver cómo almacenarlo. El nuevo portador del patrón para gran parte de este trabajo so las reglas de la Biblioteca del Congreso. Están trazando el camino para la NYPL, muchas universidades, agencias gubernamentales e incluso otros países. Pero no son los únicos. Ms. Taranto señala que esto es una “conversación internacional en el mundo occidental”.

Desde que la tecnología para localizar y mantener información digital evoluciona constantemente, cada decisión es muy cara cuando se trata de información mantenida en los sistemas de una de las mayores bibliotecas públicas del mundo, con 90 localizaciones, tres centros de investigación, 16 millones de patronos y más de 50 millones de piezas.

Cuando comenzamos este proceso en 1997, dice Ms. Taranto, “ninguna organziación se había embarcado en lo que la NYPL se estaba embarcando”.

 

Unos pocos miembros del equipo de conservación había hecho experimentos, pero el proceso arrancó de verdad en 1999 con una beca de Atlantic Philanthropies. Ms. Taranto estableció un objetico que ella misma admite “era muy ambicioso”: digitalizar 600.000 piezas a lo largo de cinco años. El contenido se escogía con cuidadosos parámetros: alto valor investigador, único, raro, única fuente, colecciones completas. Tuvieron que construir una herramienta de edición de metadatos, un laboratorio de digitalización, y varios sistemas de gestión de contenidos para manejar el desarrollo de la sede web. En la cima del proyecto, había 40 personas en plantilla, dice. Llevó siete años y los resultados están en Digitalgallery.nypl.org (ahora digitalcollections.nypl.org/) y www.Inmotionaame.org, un sitio sobre la migración de los afroamericanos.

En 2005 se unieron a la Biblioteca del Congreso como participantes destacado en el Programa Nacional de Periódicos Digitales, digitalizando microfilms de periódicos locales como el New York World (1890-1910) y el New York Daily Sun (1890-1910). Actualmente (2012) hay cerca de 100 personas en la plantilla digital de la NYPL.

Habiendo vivido en Nueva York más de 25 años y como reconocida experta en su campo, Ms.Taranto es también un valioso recursos para los grupos sin ánimo de lucro. Se ha reunido con la Sociedad Botánica de Nueva York, los archivos del Departamento de Policía, el instituto para los invidentes. Les dice “cómo acelerar, cómo hacerlo bien, cómo elegir con acierto, cómo gastar (sus) dólares”.

Más que nunca las bibliotecas tienen un ojo puesto en el futuro y otro en el pasado. Cada día llega información a la NYPL en formato digital, pero ¿qué hacer con las donaciones que incluyen discos flexibles anticuados o cassettes? ¿Cómo reproducir sonidos grabados en cilindros de cera? ¿O almacenar donaciones guardadas en unidades flash? Crear nuevas copias de seguridad y almacenarlas es largo, caro y, francamente, desalentador. No para Ms. Taranto.

“De todos mudos, nunca hemos guardado todo”, apunta secamente. “Estamos haciendo lo mejor que podemos, tomándonos esto tan en serio como somos capaces y estamos haciendo lo que nuestros recursos nos permiten. ¿Perderemos cosas? Por supuesto. Es la historia de la humanidad.”

El caso es que esta iniciativa ha sembrado la posibilidad de otras como Digging into Data, con concursos anuales para proyectos de Big Data en humanidades, pone a nuestra disposición mapas que permiten conocer Nueva York, cómo era y por qué es así, y crea una referencia de que los objetivos ambiciosos son lo que nos hace avanzar como especie más allá de nuestra miserable condición.