16 maneras de crear mejores intersecciones – y mejores ciudades

Un artículo de Wired muy interesante que está aqui:

16 Ways to Design a Better Intersection—And Better Cities

 

El agua regenerada es un recurso esencial en las zonas con escasez, dijo Joaquín Marco

Lo dice Joaquín Marco en este vídeo de making of (con una efe, please, o si no, de “así se hizo”) sobre el 12° foro iAgua, dedicado en esta ocasión a la reutilización.

Y lo dice muy bien, por cierto. Y también es bien cierto lo que dice. Presencio donde vivo a diario un desperdicio colosal de agua potable, usándola para baldear las calles, por ejemplo, mientras que en otros lugares se ven obligados a exprimir el recurso hasta su último aliento. ¿Para qué usar algo tan costoso para tirarlo al suelo, si con un agua de menor exigencia podemos cubrir la necesidad? Hace falta mucha concienciación, y ya viene bien divulgarlo con claridad. Que se sepa.

Clara tiene razón, gestionemos la infraestructura y su entorno

Me sumo a la reivindicación de Clara Rovira en este post: La gestión del ciclo integral del agua y la biodiversidad están íntimamente vinculadas, y no basta con gestionar infraestructuras de agua como si fuesen un coche al que le engrasas los rodamientos y le cambias los neumáticos; hay que trascender esa barrera de pensamiento y contribuir a preservar nuestro entorno natural con decisiones que primen el largo plazo y la sostenibilidad de nuestras actividades como ciudadanos e inquilinos. Brindo por ello.

Liberty pagará a sus empleados por ir a trabajar en bici – Ecomotor.es

http://www.eleconomista.es/ecomotor/motor/noticias/7502109/04/16/La-primera-empresa-en-Espana-que-paga-a-sus-empleados-por-ir-a-trabajar-en-bici.html

¿Te vienes a ver La Fuente Vieja con @AguasDeHuelva?

Aguas de Huelva contribuye a rescatar el patrimonio hídrico-arqueológico de Huelva y lo difunde con este vídeo: https://youtu.be/Q2iB7aLJhVo

Es un temazo sobre el que a lo mejor escribo un día. Una galería de captación que atraviesa el cabezo del Conquero de norte a sur y desemboca en una fuente que estaba muy degradada y que sólo se recuperaba con iniciativas del vecindario y asociaciones locales a las que Aguas de Huelva ha añadido su pequeño/gran granito de arena.

De la edad de piedra a la edad de las toallitas

El jueves conocí a un extraordinario señor con un caudaloso torrente de conversación, anécdotas, bromas y veras. También hablaba de gestión del agua, de haber visto el burro del aguador en la noria y los grifos monomando del piso 25, todo en la misma vida.
Y en medio de esa animada charla, regala (aviso a espíritus sensibles) escatológicamente: “Hemos pasado de la edad de piedra a la edad de las toallitas”. Cuando crees que habla de prehistoria, explica que cuando era pequeño, iba a hacer sus necesidades con un palo al gallinero, para agitarlo y así evitar que las gallinas le picasen. No existía el papel higiénico, era la edad de piedra. Y hoy atascamos los bombeos de agua residual con toallitas húmedas para nuestra mayor comodidad. No sé si la edad de piedra era más avanzada en este aspecto, la verdad

Globalización del agua, por Arjen Hoekstra y Ashok K. Chapagain

Este es un libro que me llegó hace más de 6 años, cuando la empresa me ofreció realizar un master sobre gestión del agua. Tenemos un servicio de biblioteca nutrido de miles de referencias punteras en gestión del agua, diseño, organización empresarial, manuales técnicos. Una tentadora Alejandría de la que salió hace ya demasiado tiempo un ejemplar de esta obra de 2001 que fui leyendo a trozos. El otro día por fin lo devolví, ya era hora. Fue mi buena obra del día, como otro renglón que tacharía Earl en la lista que lleva en el bolsillo de su camisa.

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Casi todos hemos oído hablar del concepto de la huella de carbono, que representa las emisiones de gases de efecto invernadero como consecuencia de nuestras actividades, la forma de desplazarnos, de dónde viene la fruta de verano que comemos en invierno con la calefacción a todo vapor y la ropa que nos ponemos, hecha por modernos esclavos que no vemos pese a lo conectadísimo que está nuestro mundo.

En waterfootprint.org explican el concepto de la huella hídrica, que es análogo. Es una medida que representa la apropiación humana de agua limpia en volúmenes de agua consumida o contaminada. No es ni mucho menos algo sencillo de calcular, pero en 2001 Arjen Hoekstra y Ashok K. Chapagain tenían hechas las cuentas y unas conclusiones que debían compartir por el impacto en nuestra forma de ver nuestro ilimitado derecho al disfrute de bienes y servicios, medido exclusivamente en términos monetarios.

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La huella hídrica de un producto o servicio puede ser directa o indirecta, según si se incorpora el agua o si se utiliza y desecha posteriormente.

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Fuente: waterfootprint.org

La huella puede ser verde, azul o gris.

La huella hídrica verde es agua procedente de la precipitación que se almacena en la zona no saturada del suelo y se evapora, transpira o se incorpora a los tejidos de las plantas. Es particularmente relevante para los productos agrícolas, hortícolas y forestales.

La huella hídrica azul is es agua que ha sido captada de recursos superficiales o subterráneos y que o bien se evapora, bien se incorpora en un producto o se toma de una masa de agua y se devuelve a otra, o se devuelve en un instante distinto. La agricultura de regadío, la industria y el consumo doméstico pueden tener cada uno su huella hídrica azul.

La huella hídrica gris es la cantidad de agua limpia necesaria para asimilar los contaminantes para alcanzar estándares específicos de calidad de aguas. La huella hídrica gris considera contaminación de fuentes puntuales descargadas a un recurso de agua directamente a través de un tubo o indirectamente a través de escorrentía o infiltración en el terreno, superficies impermeables u otras fuentes difusas.

Mediante el concepto de agua virtual incorporada a una mercancía, es posible trazar mapas del tráfico virtual entre los países del mundo y ver cuán descompensados están los balances en numerosos países. Con los ejemplos de Holanda, que trafica con el café del mundo entero y básicamente con gigametros cúbicos de agua virtual y Marruecos, que produce en su clima árido gran cantidad de hortalizas a costa de una inmensa incorporación de agua, o del norte y el sur de China, que trasvasan agua del norte lluvioso al sur productivo de alimentos para que el sur se lo revenda de vuelta, saltan a la vista aparentes disparates que los autores, siendo prudentes, atribuyen a causas políticas, estructurales o de otro tipo que no han sido incluidas en el análisis.

El caso es que las decisiones individuales de millones de personas, influenciadas por la creación de tendencias de mercado, por estándares de bienestar social abismalmente diferentes de un extremo del mundo al otro, pueden, sumadas, torcer al mundo de un modo incontrolable e irreversible. Algunos ejemplos me dejaron rascándome la coronilla: Un café consume cuatro veces más agua que un té. Para hacer una gota de café se necesitan 1100 gotas de agua. No voy a hablar de los miles de litros de agua que hacen falta para producir una hamburguesa o unos vaqueros. El 20% de la desecación del mar de Aral se debe indirectamente a los hábitos de consumo en los países de la UE25.

Y este libro tiene ahora datos con 15 años de edad. ¿Nos cruzaremos de brazos, cómodos con el pretexto de que los chinos y los americanos tienen la culpa? Una cosa que me ha sorprendido leyendo este libro es que pese a que la huella hídrica de China y la India son las mayores del mundo, si lo dividimos por su número de habitantes, tienen la menor huella individual (o de las menores). ¿Qué pasaría si en vez de dar el pisotón con que Mao amenazaba al mundo quisieran vivir al ritmo occidental?