Espera, ¿qué? Y otras preguntas esenciales, por James E. Ryan


Este libro ha sido una recomendación de mi mentor Alfons Cornellá, que como contaba en otro artículo, tiene una deliciosa biblioteca en las instalaciones de The Institute of Next. Y le estoy muy agradecido por este libro repleto de experiencia, que se lee en dos sentadas y en que el autor no se anda por las ramas ni trata de parecer más sabio, más intachable ni más voluntarioso que ninguno de nosotros, los demás.

Es un tratado de ética en toda regla, en mi opinión, y cuenta las preguntas esenciales que deberíamos aprender a plantear a los demás y a nosotros mismos para vivir vidas plenas, con sentido en las cuatro cosas que importan en la vida: el amor, la familia, el trabajo y la bondad.

James Ryan es el undécimo decano de la Facultad de Educación de Harvard, y un experto en Derecho y Educación. El libro está construido alrededor de sus experiencias vitales como esposo, como padre, como abogado, como hijo adoptivo, como profesor y como amigo. No son teorías racionalistas ni un manual de instrucciones para ser feliz, son anécdotas y hechos de su vida, aunque no siempre salga muy bien parado. De hecho, es agradable comprobar que tiene ese hábito tan americano de saber reírse de sí mismo.

James E. Ryan. (Fuente: harvardmagazine.com)

He hecho uno de esos dibujos que posiblemente sólo yo entienda con mi resumen del libro.

Si nos preguntamos estas cosas en los momentos oportunos, o si les hacemos la pregunta a los que nos rodean, nos será mucho más fácil ver con claridad qué debemos hacer.

La primera pregunta, la de “Espera, ¿qué?” es el primer paso para entender lo que alguien nos propone, para evitar rellenar los huecos con suposiciones y sobreentendidos. Pone al que pregunta en posición de observar y comprender, y requiere del interlocutor una respuesta que elabore y aclare lo que está planteando.

La segunda, que son dos clases de preguntas, en realidad, es “Me pregunto por qué…” y “Me pregunto si…”. Preguntarse el porqué de las cosas que presenciamos nos ayuda a despertar la curiosidad, a descubrir de dónde vienen los absurdos que presenciamos a diario, y a darnos cuenta de que probablemente no sean tan absurdos o a decir “me pregunto si…” podrían ser de otro modo si empezamos algo, si hacemos algo al respecto.

La tercera pregunta, “¿No podríamos al menos…?” es un desatascador de situaciones encalladas, una bujía que enciende motores calados rebajando la ambición inicial de un proyecto demasiado amplio y troceándolo en un primer paso, o al menos provocando una conversación de un alcance manejable sobre algo de lo que hay que hablar. Es el comienzo del entendimiento mutuo, en esos casos. O la forma de darse cuenta de que los sueños pueden tratar de alcanzarse, o de llegar cerca de ellos.

La cuarta pregunta es la que muchos hombres varones deberíamos hacer más a menudo. Es un clásico que cuando alguien, en particular un ser querido, o nuestra pareja, nos cuenta un problema, tengamos la tentación irresistible de interrumpirle para dar nuestra visión de lo que resolvería el problema, como si fuéramos unos expertos, como si entendiésemos todas las circunstancias de la otra persona, como si fuésemos “el salvador”. Preguntar “¿Cómo puedo ayudar?” reconoce implícitamente y con modestia que no sabemos, que necesitamos la ayuda del otro, una pista sobre cómo ayudar, y es una mano tendida que ofrece nuestra ayuda si puede servir de algo. También es un instrumento potente, pues traslada la responsabilidad de mejorar su situación a la persona que tenemos enfrente, le hace pensar en qué necesita, formularlo, si quiere hacer algo al respecto.

La quinta pregunta es una linterna que no siempre utilizo. Es el foco en lo que importa, que resulta muy fácil de perder con las distracciones cotidianas, los pretextos y la procrastinación. Hay que preguntarse y preguntar “¿Qué es lo más importante?” si se quiere llegar a algún sitio. Es la clave para saber a dónde o a qué se quiere llegar cuando se emprende algo. La anécdota del parto de su tercer hijo que el autor comparte aquí me resulta tristemente familiar, y consuela saber que uno no es el único en poner por delante cosas que no importan nada cuando no se ha planteado bien las prioridades.

Hay una pregunta bonus, tomada de un poema de Raymond Carver, que dice “¿Obtuviste lo que querías de la vida, a pesar de todo?”. La vida está llena de decepciones y tropiezos, de sufrimiento y esfuerzos perdidos, es cierto. Pero se puede avanzar en la felicidad, se puede obtener lo que importa si uno se plantea y plantea habitualmente las preguntas que este libro nos pone delante. Son cosas que ya sabíamos, claro, pero ¿por qué no lo hacemos por costumbre?

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De qué habla Murakami cuando habla de escribir

Me ha encantado este artículo de Mar Abad sobre el proceso creativo de Haruki Murakami, basado en el libro que éste último ha publicado recientemente, “De qué hablo cuando hablo de escribir“.

Los ejercicios de Happier transcritos y traducidos

Llevo unas cuantas vueltas dadas con este libro. La última vez que hablé de él “prometía” traducir los ejercicios propuestos.

Bueno, pues aquí están:

Happier Exercises

  • 1. Crear Rituales
    • Identifica rituales, incorpóralos en tu agenda y empieza a practicarlos
  • 2. Expresar gratitud
    • Cada noche, antes de irte a dormir, escribe al menos cinco cosas que te han hecho o te hacen feliz, cosas por las que estás agradecido
  • 3. Los 4 Cuadrantes
    • Durante cuatro días seguidos, pasa al menos 15 minutos escribiendo sobre tus propias experiencias en los cuatro cuadrantes
      • Rat Racer
      • Hedonista
      • Nihilista
      • Feliz
  • 4. Meditar sobre la felicidad
    • Medita. Siéntate en un sitio tranquilo, cálmate respirando profundamente, examina mentalmente tu cuerpo y termina concentrándote en una emoción positiva
  • 5. Hacer un mapa de tu vida
    • Durante un período de 1-2 semanas, registra tus actividades diarias, el tiempo empleado, el significado y el placer obtenido de ello. Evalúa con –, -, =, + y ++ el tiempo que te gustaría pasar la próxima semana haciendo esas actividades, o anota nuevas actividades que no has hecho
  • 6. Espejo de integridad
    • Haz una lista de las actividades con más significado y placenteras para tí, y evalúa cuanto tiempo le dedicas. Repetir con regularidad
  • 7. Completar frases
    • Genera rápidamente por lo menos 6 finales para las frases
      • Si traigo un 5% más de conciencia a mi vida…
      • Las cosas que me hacen feliz son…
      • Para atraer un 5% más de felicidad a mi vida…
      • Si me hago más responsable de cumplir mis deseos…
      • Si traigo un 5% más de integridad a mi vida…
      • Si estuviese dispuesto a decir Sí cuando quiero decir Sí y No cuando quiero decir No…
      • Si respiro profundamente y me permito experimentar qué se siente con la felicidad…
      • Estoy cobrando conciencia de…
  • 8. Crear un mapa de felicidad
    • Basándote en “Hacer un mapa de tu vida”, visualiza tu semana ideal y escribe la cantidad de tiempo que te gustaría dedicar a cada actividad. Repetir una vez al año
  • 9. Establecer metas coherentes
    • Escribe lo que realmente, realmente quieres hacer para cada una de las áreas clave de tu vida. Para cada una:
      • Metas a largo plazo (1-30 años)
      • Metas a corto plazo (1 día – 1 año)
      • Plan de acción (1 día – 1 año)
  • 10. Comite de Felicidad
    • Crea un grupo de personas a las que les importéis tú y tu bienestar, y que te harán responsable de la moneda definitiva.

      Pídeles que sigan la pista de tus aspiraciones y que se aseguren de que sigues tras ellas.

      Hazte miembro del comité de felicidad de otras personas

  • 11. Programa de Educación
    • Crea un programa con dos categorías de tu desarrollo
      • Personal
      • Profesional
  • 12. El privilegio del sufrimiento
    • Escribe sobre una experiencia difícil que hayas vivido.

      Después de describirla con tanto detalle como puedas, escribe sobre algunas de las lecciones y beneficios que resultaron de ello.

  • 13. El proceso de las 3 preguntas
    • Usa el proceso de Significado – Placer – Fortalezas
      • 1. ¿Qué me aporta un significado / sentido?
      • 2. ¿Qué me da placer / me gusta hacer?
      • 3. ¿Cuáles son mis puntos fuertes / qué se me da bien?
  • 14. Tuneando tu trabajo
    • Describe con detalle qué haces durante uno o dos días típicos de trabajo.
      • 1. ¿Puedes cambiar tus rutinas?
      • 2. ¿Puedes encontrar un significado / placer en lo que ya haces?
  • 15. Una carta de agradecimiento
    • Convierte en un ritul el escribir al menos una o dos cartas de agradecimiento al mes a personas que te importan
      • tu pareja
      • un familiar
      • un amigo
  • 16. Completar frases
    • Estar enamorado significa…
    • Para ser un mejor amigo…
    • Para ser una mejor pareja…
    • Para atraer un 5% más de felicidad a mi relación de pareja…
    • Para atraer un 5% más de felicidad a mis amistades…
    • Para atraer amor a mi vida…
    • Me estoy dando cuenta de que…
    • Si me hago más responsable de completar mis deseos…
    • Si me dejo ir y me permito experimentar qué se siente con el amor…
  • 17. Consejo de tu sabio interior
    • Imagina que tienes 110 años.

      Tómate 15 minutos para aconsejarte a tí mismo cómo encontrar más felicidad en tu vida, empezando ahora mismo.

      Haz este ejercicio por escrito

      Ritualiza el consejo

      Vuelve a esta experiencia con regularidad

  • 18. ¡Simplifica!
    • Observa qué actividades del ejercicio “Hacer un mapa de tu vida” puedes reducir o eliminar
  • 19. Resolución de conflictos
    • Piensa en un conflicto y su precio para ambas partes en términos de la moneda definitiva.
    • Desarrolla posibles soluciones para maximizar la felicidad para ambas partes

Los ejercicios de Happier, de Tal Ben Shahar

Este libro que encontré por casualidad en las instalaciones del Institute of Next se está revelando como una fuente de inspiración que me ha venido muy bien estas vacaciones. Ayer dediqué un ratito a copiar un resumen de los ejercicios que el autor proponía al final de cada capítulo. Tres cuartillas de las que he hecho tres fotos:

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Seguramente la gente que sabe ser feliz, que guarda con facilidad el equilibrio entre la satisfacción y el propósito vital, no necesite estos ejercicios. Pueden ser perogrulladas. Todo el mundo sabe crearse unos rituales, aunque para otros, esos rituales pueden ser de castigo o de autodestrucción irreflexiva. Pero a mí me sirven de ancla o de motor, según toque.

Ahora que queda poco para que terminen las vacaciones, que me han permitido disfrutar de mi familia, de mi ocio, del descanso y del calor espantoso que ha hecho estos días, estos ejercicios me han parecido un buen intento de conservar este espíritu positivo, esta predisposición abierta a lo que el mundo tenga que ofrecer y a ofrecer lo que yo pueda al mundo.

Otro día, con tiempo, puede que traduzca esas notas al castellano. Hoy voy a rebañar el sábado, a apurar lo que queda de este tiempo magnífico.

Autobiography, por Stephen Morrissey

Hace poco he terminado de leer en inglés el Autobiography, de Morrissey, animado por las reseñas que hablaban de jugosos cotilleos, de un polémico libro y, por qué no reconocerlo, atraído por mi fanatismo por los Smiths, que me salvaron del naufragio en mi adolescencia del instituto, y que me dieron permiso para ser un poco más pedante, para estar orgulloso de llevar gafas, para raparme el pelo de la nuca y los parietales al tiempo que me dejaba un imposible flequillo jopo tupé que yo creía me volvía muy interesante y sofisticado. Me gustaban esas canciones egocéntricas donde Morrissey se llamaba a sí mismo bocazas, pero pedía misericordia y que no le quemasen como a Juana de Arco. También recorría encantado las ramificaciones de las guitarras imposibles de Johnny Marr, siempre en segundo plano pero mereciendo un instrumental para él solo.

Menciones honoríficas

Dicen en theguardian que Mozz desprecia a la mayor parte de la gente con la que se encuentra, y a menudo por buenas razones. Es larga la lista de personas que menciona en el libro. Me he apuntado unas cuantas, y con cada una se despacha a placer, es bien cierto. Vemos cómo cumplió su sueño de grabar música con su ídolo de juventud David Bowie, como su relación creativa con Johnny Marr acaba en decepción cuando le dejó plantado en el juicio, en opinión de Mozzer, claro está. Andy Rourke y Mike Joyce se enzarzaron con él en un doloroso pleito por el reparto de los royalties, y en ese juicio el juez John Streets se extralimitó describiéndole como una persona de la que desconfiar, mentirosa y manipuladora, cuando todo lo que requería de su señoría el proceso era dirimir si correspondía o no repartir más dinero a sus compañeros de banda. El abogado de los demandantes, un tal Nigel Davis tenía una extraordinaria habilidad para humillar al testigo o al demandado, y para tergiversar cada frase que pronunciase para convertirla en argumentos favorables a su causa. Paul McCartney le propuso por mediación de una tercera persona hacerse una foto juntos y cuando Morrissey aceptó le dijo que ya no le interesaba. Los New York Dolls que seguían vivos eran más canallas de lo que cabía esperar, John Peel hizo bien poco por programar las canciones de Smiths en la radio, Rough Trade fue un desastre promocionando el disco, y Sire en Estados Unidos aún peor. Pero a pesar de eso las canciones volaron hasta sus oyentes, crearon adictos a sus mensajes irónicos, depresivos, poéticos y revolucionarios.

Mi opinión

Este libro, escrito con un vocabulario formal y a veces arcaico, lleno de matices y referencias a la obra pop de su autor, parece a menudo la venganza que muchos niños imaginan: “Cuando sea mayor, te vas a enterar. Me entrevistarán en la tele y contaré con todo lujo de detalles tus ofensas y las frustraciones que sufrí por tu culpa. Como cuando esperaba un juguete y me regalaste un pijama, como cuando me gustaba aquella chica y el abusón de la clase me puso en ridículo delante de ella, etc.”. Y lo cierto es que para mí ha sido una lectura muy adictiva, pese a la barrera que el idioma supone para mí, tenía ganas de saber más durante casi todo el libro.

Es cierto que el tramo judicial con el pleito del bajista de relevo y la cruel descripción que el juez John Streets de Morrissey se hacen más pesados de la cuenta. Probablemente los hechos fuesen más pesados para él, viéndose expuesto al público escarnio, abandonado (a su entender) por sus compañeros de grupo en una mezquina (también a su entender) reclamación económica por la contribución de cada uno a la creación de las canciones. Morrissey y Marr se llevaban la mayor parte de los ingresos, y el bajista y el batería un 10% cada uno. ¿Quién decidía el rumbo del grupo, el arte (siempre llamativo, personalísimo, por cierto) de las portadas de los discos, quién atendía a la prensa y les regalaba docenas de titulares con los que desollarle mostrándole como un personaje rarito, racista, egocéntrico, insoportable?

Esa es probablemente la principal esencia de los Smiths, la de sostener opiniones aparentemente escandalosas, o propias de otro tiempo, y defenderlas contra viento y marea, con la firme convicción de estar en lo cierto. ¿O es que no es escandaloso que matemos cada día miles de animales para comérnoslos triturados, o, peor aún, para tirar a la basura las sobras? Pues eso dice Meat is Murder. Y el ultraortodoxo Mozzer se levanta de la mesa y se marcha del restaurante si te ve pedir ancas de rana, o foie gras de oca, o cualquier otra de esas crueldades insostenibles que tan normales nos parecen. Será porque lo que tenemos delante de las narices no se ve. Necesitamos raritos, gente que cuestione lo que damos por sentado. Pero normalmente lo que hacemos es burlarnos de ellos y machacarlos.

Morrissey presenta, a mi modo de ver, una curiosa mezcla entre razón y emoción, ese cóctel egocéntrico de crueldad despiadada con los demás y extrema sensibilidad para uno mismo me suena de algo. Yo también tengo la piel fina y reparto sin cuartel chanzas y sarcasmos, especialmente con las personas a las que más aprecio. Y no me doy cuenta del daño que les causo. Y además, si alguna vez me devuelven mi propia medicina mi reacción inicial es considerarles seres crueles y vengativos. Pero mi dolor en ese momento es el mismo que el suyo. De eso me doy cuenta sentado aquí tranquilamente para escribir mis 500 palabras diarias, demasiado tarde para aquella vez. ¿A lo mejor a tiempo para la próxima?

Apéndice: Música, música, musica

The Smiths no editaron muchísimos discos que digamos. Sin embargo, causaron, en mi opinión, una considerable revolución en la música popular, consiguiendo sacarla de letras sin sentido y sonidos innecesariamente repetitivos. Puede que la tristeza que sobrevuela muchas de sus piezas sea un lastre, o que el afán de protagonismo de su frontman le hiciera empeñarse en lanzar eslóganes rimbombantes, que a pesar de todo han envejecido mejor que su autor.

Los Smiths en Spotify.

La verdad es que puedo saturar este post de vídeos de The Smiths, y de hecho me he dado el placer de colgar un buen montón a continuación:

El muchacho incómodo (nada del chico de la espina en el costado)

Por fin ha muerto la reina, muchachos, y se está muy solo colgando al final de una rama:

Pide por esa boca (la timidez está muy bien, y además te puede impedir hacer en la vida las cosas que te gustaría hacer)

Cleptómanos del mundo, uníos y tomad el poder

¿Y cuál es la diferencia?

Pánico en las calles de Londres (ahorquemos al pinchadiscos)

El corruptor de mozuelos (ese hombre encantador)

Detenme si has oído ya esta historia, porque eres una persona malvada y si te mueres puede que me sienta un poco triste, pero no lloraré

Guillermo, en realidad no era nada

Morrissey en Spotify

Por último, os dejo aquí una reseña sobre el libro en Icon.

2666, por Bolaño

Acabo de terminar de leer la novelaza enorme de cinco novelas que Bolaño no llegó a terminar, si bien parece claro que le faltaba poco. No es que no le diese tiempo a dejar contado el final, sino que no terminó de reescribirla de cabo a rabo por séptima, vigésima o n-ésima vez, que al parecer era ese su método.

2666 tiene tres partes enormes de las que es difícil darse cuenta de que guarden relación alguna entre sí.

Un extraño grupo de fanáticos literarios comparten su obsesión por un oscuro escritor alemán llamado Archimboldi, y se entrelazan historias de amor carnal entre ellos, triangulándose. Eso pasa más o menos en la primera parte, sin ánimo de hacer un enorme spoiler con este post.

En la segunda parte una horrible e incesante secuencia de asesinatos ocurre en Santa Teresa, una especie de Ciudad Juárez ficticia que no puedes pasar por alto. Demasiado cierto, demasiada crudeza en los crímenes que gotean sin parar, horribles todos ellos, ninguno resuelto, ante las narices de una policía incapaz. Algún agente intenta desesperadamente encontrar el remedio, pero es algo tan inmenso que le rompe el alma, como al alemán al que acusan y encarcelan mientras los crímenes siguen llenando México de sangre de mujeres pobres y sin culpa.

En la tercera parte un soldado alemán en la segunda guerra mundial va de campaña terrestre en campaña terrestre, se cartea con su hermana pequeña que le ve como un gigante, acompaña a un mando a una orgía monumental que éste tiene con militares rumanos y la insaciable dueña de la mansión en la que él prestaba servicio junto con su madre. Este soldado escribe inspirado por un diario que encuentra en la batalla, un libro que le salva la vida y se la roba con una obsesión como la que nos caza cuando un libro nos absorbe.

No termino de atar el nudo de este libro aquí; hay que leerlo. Esto es así. Yo soy muy ignorante, también es así el asunto, pero este libro me alcanza. Veo la crueldad del mundo, la belleza como un consuelo, cosas admirables y vidas sencillas que son felices. Todo eso pasa a la vez, nos pasa a nosotros y a nuestros semejantes. Y en este libro es de verdad, o más que de verdad, preternatural, como los pliegues de los ropajes que Huxley admiraba en las pinturas que describía en la Filosofía perenne, tan reales que revelan una observación más allá de toda capacidad de análisis, que contagia intuiciones sobre la misma naturaleza de las cosas. La resaca del detective me aprieta las sienes hasta a mí, igual que la tristeza y la rabia cada vez que un nuevo cuerpo mutilado y horriblemente maltratado es encontrado, igual que la pasión de los archimboldianos o los crímenes horribles de la guerra.

De algún modo Bolaño nos cuenta esa historia como una señora en la cola de la charcutería, sin que se sepa muy bien a dónde nos lleva ni cuánto tiempo más nos entretendrá, pero nos conduce, y es un placer recorrer ese camino con su voz de detective salvaje, de hombre frugal en sus costumbres para poder seguir dándonos de comer antes de que su tiempo en el planeta terminase.

Middlesex, de Jeffrey Eugenides

Me ha encantado este libro. Como soy muy cazurro, a medio camino me enteré por casualidad de que Eugenides era el autor de las Vírgenes Suicidas, el libro que Sofia Coppola convirtió en peli con BSO de Air y que era cruda de narices con la manera puritana de educar a los hijos de algunos padres americanos. Del premio Pulitzer del que acabo de dar cuenta que ganó mejor no hablo, para no dejar tan clara mi ignorancia.

Portada de una de las ediciones de anagrama

Portada de una de las ediciones de anagrama

Este libro es, o así me lo parece, una costura de retales autobiográficos con hechos rocambolescos, inventados al más puro estilo del embustero más osado que puedas encontrar. Vale, ¿qué libro no está hecho como un collage, qué mentira no tiene en medio retazos ciertos que le sirvan de pasaporte a la aduana de los que nos leen o nos oyen? Pocos. Pero en este está hecho con una gracia y un ritmo brillante. Me ha resultado imposible aburrirme leyéndolo. Hacía tiempo que no devoraba con tanta hambre (miento, con La Literatura Nazi en América devoré como el monstruo de las galletas, y de eso hace poco). El caso es que si lees el capítulo primero y lees el catorceno, por ejemplo, crees que estás leyendo libros totalmente distintos, o una colección de cuentos fantástico-mágicos-psicodélicos. Pero se trata de la biografía fingida de una sola persona, Calíope Stephanides, nacida y educada como mujer y que resulta ser un hombre, anatómica y psicológicamente. Remontándose a sus abuelos, no quiero hacer spoiler, el autor nos traslada con paciencia y con una economía verbal de quitarse el sombrero por todas las peripecias que le llevaron a ser quien es.

Hay sexo, hay drogas, hay música. Hay escándalo, Grecia, Detroit, ropa de lujo, abuelas supersticiosas, ateos, negros musulmanes luchando, miseria y resurgimientos económicos, tristes accidentes, infidelidades, curas ortodoxos pasivos-agresivos, transexuales, pederastas, proxenetas, cruzar los Estados Unidos haciendo auto-stop y descubrir la propia mente, el propio y el ajeno cuerpo. ¿Qué más se puede pedir?