El sonido de los Beatles, por Geoff Emerick y Howard Massey

Este libro me lo ha prestado mi padre, que ha sido un consumado fan de los 4 fabulosos desde que le conozco (y va para 46 años de eso). Recuerdo un viaje en coche con él al volante y como cassette-jockey del 131 rojo que le vendió un militar de Ceuta retirado. Yo estaba mareado por las curvas de la Alpujarra y empezó a sonar la cara B de Abbey Road. A lo mejor por esas piezas progresivas, a lo mejor por el latazo de Maxwell’s silver hammer, Abbey Road era uno de los discos que me hacían protestar si sonaban en el coche. Cuando mi paladar auditivo infantil detectaba sabores lejanos al pop de menos de tres minutos, mis sistemas pasivo-agresivos de protesta se ponían en marcha. El caso es que en aquella ocasión yo debía de estar en modo de ahorro de energía y me resigné a escuchar sin quejarme. Toda la suite de Paul en estado de gracia en la cara B entró de principio a fin, y Ringo redoblaba como a mí me hubiera gustado redoblar si yo hubiese sido zurdo, hábil, discreto y abnegado. El caso es que mi padre me enseñó a disfrutar de lo Beatles, desde pequeño yo leía en las galletas de los LP’s esas absurdas traducciones de los títulos y las liner notes propagandísticas que llevaban al dorso de la carpeta algunos de ellos. Y por el camino aprendí a escuchar la música, los instrumentos y las voces.

Geoffrey Emerick es un técnico de sonido. Aprendió a capturar sonidos con una grabadora de cinta. Se ganó el puesto sacando partido a las limitaciones técnicas, superándolas en grabaciones de los Beatles que ahora son el patrón de cómo debería sonar un grupo de rock. Rubber soul, Revolver o la sobreproducida Sgt. Pepper’s no habrían sido lo mismo sin su artesanía. Es más, los pelos de punta que se me ponen cada vez que escucho Paperback writer no estarían a mi disposición con solo darle al play.

En este libro, Geoff se despacha a gusto, ayudado por Howard Massey, con lo que le gustaba (Paul McCartney, principalmente) y lo que no de los Beatles. De mayor a menor desmitificación, creo que el orden es George, John y Ringo. De George (Harrison) dice que era bastante antipático, que había que hacer cientos de tomas para que atinara con sus solos de guitarra, que sus canciones eran mediocres y que al final de su carrera fue revelándose. De George Martin mi resumen, filtrado por mi desmemoria, dice básicamente que todo el trabajo brillante era de él mismo, Geoff, aunque es amable con sus modales aristocráticos y la paciencia que tuvieron que tener con los cuatro fabulosos. De John dice pocas cosas nuevas, su miopía, pereza y simplonería compositiva y creativa, y los caprichos locos de cuando se llevó a Yoko a vivir al estudio y llenarlo de visitas. A Ringo lo pone como un soso tímido y apocado. Me da igual. No voy a dejar de ser fan de los Beatles por mucho que el mago de las cintas magnetofónicas presuma de lo bien que lo hizo. Lo hizo extraordinariamente bien, para qué nos vamos a engañar. Es un libro interesante de cotilleos de rock, que está bastante bien escrito, se lee de varias sentadas agradables y que anima a volver a escuchar los discos de los Beatles otra vez más, y luego otra.

Los libros que leí en agosto de 2019

Me he dado un chute intravenoso de Murakami este mes de agosto. Desde que me reincorporé al trabajo a finales de mes no he tenido mucho respiro, de ahí que haya tardado tanto en compartir este post. Pero en agosto, durante las vacaciones, mi rutina era otra cosa. Algo muy murakamiano, si existe ese adjetivo. Nadar de 25 a 50 largos diarios, intercalar los mundos absurdos y tristes de Haruki (Al sur de la frontera, al oeste del sol, After dark, Los años de peregrinación del chico sin color, Baila, baila, baila, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo) con piezas de otros autores (El gaucho Martin Fierro, 6 problemas para don Isidro Parodi, las Memorias del subsuelo) y escuchar lo que haya en SD o en mi spotify gratuito con sus irritantes anuncios en medio. Eso es lo que he hecho este mes. Mi cuerpo no se ha movido a sitios más exóticos que Roquetas de Mar o las churrerías del Camino de Ronda, pero he surcado los mares, he amado con locura y he resuelto enigmas que no me dejaban progresar en la vida. O he dejado que se resuelvan solos al cesar de manosearlos con mi mente obsesiva y cíclica. Eso es lo que hice en mis vacaciones de este año.

El gaucho Martín Fierro

Fuente: wikipedia

Es un poema épico de José Hernández que en mi ignorancia sólo conocía por las menciones que Borges hace de cuando en cuando, no recuerdo en qué obra. Un retrato de la pampa que desmitifica, una especie de novela picaresca pero con jinetes vaqueros, navajeros y lascivos que huyen de la miseria y de las consecuencias de sus actos en la inmensidad de la pampa.

Memorias del subsuelo

Fuente: Cátedra

Este libro es Fedor Dostoievsky en lo más íntimo, haciendo confesiones (noveladas, pero confesiones, intuyo) de esas que sólo se hacen cuando has tocado fondo. El subsuelo es algo como el underground de Lou Reed o de Paul Weller, como regresar del infierno de modo provisional y, antes de regresar a él, advertir a los demás que no caigan en lo que seguramente caeremos todos. El protagonista tiene una especie de complejo de inferioridad/superioridad que le hace despreciar a todo el mundo. Está desesperado y no tiene remedio, está claro. Se invita a sí mismo a una cena de despedida de un oficial cuasi-compañero suyo, pese a que no tiene ni con qué pagar esa cena, ni con qué limpiar la mancha de sus pantalones. Se cuela en un burdel moscovita, burdel camuflado en tienda de modas, y desprecia a una prostituta, haciéndole ver un futuro miserable a causa del despecho que él siente por todos los que no le admiran sólo por lo que es, no por lo que ha logrado. Parece un retrato de la adolescencia en su estado puro, rusa o de donde sea. No encuentras tu sitio en la sociedad y te gustaría destruirla por completo.

Seis Problemas Para don Isidro Parodi

Fuente: amazon

El dúo de amigos inseparables de Borges y Bioy Casares se emplea a fondo en retorcer el lenguaje con el habla de sus personajes, de un barroquismo insoportable o hilarante, según el estado de ánimo con que te atrape. Valgan unos ejemplos:

Le ahorro hasta el menor detalle de ese ebanista vulgarísimo, frente serena y despejada, ojos de triste dignidad, negra barba profética, estatura canjeable por la mía.

…yo también he desmejorado con mi presencia el edificio de la calle Deán Funes,…

… macaco viejo no sube a palo podrido

La insípida persona que ahora gruñe esta narración estaba encaramada en el sauce,…

En el hombro de Tai An, el augusto beso de la muerte había estampado su rouge

A mí me ha hecho reír a carcajadas, aunque la verdad es que no siempre me enteraba de los casos que este don Isidro Parodi iba resolviendo desde su celda de prisión donde recibe a sus “clientes”. Es un detective de gabinete, que entresaca de los confusos relatos de los que le visitan la solución a los misterios, crímenes, incendios y cobardías que le están contando. Una pequeña delicia que se lee en dos sentadas y media y que mi amigo José Juan conocerá ya del derecho y del revés, claro.

Haruki Murakami

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Portada de la edición de bolsillo de Tusquets. Fuente: Amazon

Una historia sobre hijos únicos, un chico y una chica, que se conocieron en la educación primaria , que se entendían a la perfección, dos almas gemelas que escuchaban discos, se comprendían y que un día perdieron el contacto. Hajime (principio) está casado, tiene dos hijos y un club de jazz. Cuando le parece que vuelve a ver a Shimamoto, decide dejarlo todo e ir en pos de ella. El título es una canción que ambos escuchaban, que les hacía soñar con un mundo de ensueño que estaba en esa dirección, al sur de la frontera y al oeste del sol. En realidad era una canción de Sam Cooke sobre las juergas de Tijuana.

After Dark

Fuente: Agapea

Un músico aborda a una chica que lee en un bar nocturno. Ha perdido el último tren de la noche y pasa el rato leyendo. Ella no tiene ganas de hablar, y él no las tiene de estar en silencio, y poco a poco su conversación la entretiene. Más tarde, la regenta de un love hotel le pide al músico que ayude a una prostituta a la que un cliente ha agredido. En medio de esa historia realista y palpable, sórdida, se cuela lo sobrenatural como pasa a menudo con Murakami, con televisores apagados que transmiten imágenes borrosas e inquietantes de lo que hay al otro lado, o por debajo de lo que vemos conscientemente.

Baila, baila, baila

Portada de una edición italiana del libro. Fuente: La Casa del Libro

Murakami es fan de ese lado de los Beach Boys (opuesto al que me gusta a mí), el de las baladas cincuenteras, los años de la ingenuidad culpable estadounidense, con el doo-wop y todos esos falsetes prodigiosos pero irritantes para algunas personas.

En esta novela, un periodista freelance se mete a detective con la ayuda de una chica con poderes paranormales. La aventura empieza en el hotel Dolphin, que el protagonista conocía de otro tiempo y que en los años 80 del siglo pasado en que se desarrolla la acción se ha convertido en otro sitio de franquicia sin mucha personalidad.

Los años de peregrinación del chico sin color

Un grupo pentagonal de amigos de la infancia que se complementan y se completan entre sí. Cada uno de ellos tiene un apellido que corresponde a un color, al menos dos chicos, dos chicas. El protagonista tiene un nombre incoloro y eso de algún modo le acompleja, siente que no tiene personalidad como sus compañeros. De pronto le dejan plantado, todos se apartan bruscamente de él y dedica décadas a vivir apartado de ellos en una vida sin alicientes, hasta que poco a poco la vida le acerca a la solución de su enigmática separación. Hay mucha música en este libro, y un ambiente pensativo y soñador muy contagioso, como suele pasar.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Otra historia de las que enlazan con la magia subterránea. Si no recuerdo mal, está llena de fijaciones de Haruki: pozos, la guerra de China, espantosos crímenes de guerra descritos con todo lujo de detalles y un hombre anodino que busca sentido a su existencia por los caminos más raros después de que su mujer le abandone de pronto (o no tanto, a la vista de la poca sal que este hombre aportaba a su mujer), sobre todo en impropias conversaciones con una muchacha joven con instintos asesinos y en lugares estancados, donde el flow de la realidad se atasca, donde el pájaro que da cuerda al mundo deja de hacer su trabajo. Un sueño extraño bien contado y que de algún modo influye en mi forma de percibir las cosas después de haberlo recorrido. Hace que los disparates aparentes tengan un sentido subterráneo, poético y un poco triste.

Island, por Aldous Huxley

Ayer terminé de leer esta novela, la última (en sentido literal, un año antes de su muerte) que Huxley publicó, en 1962. Island (La isla) es la otra cara de la moneda de la distopía de “Un mundo feliz“.

Portada de la edición estadounidense. Fuente: wikipedia

Es una novela mística y utópica, que describe una civilización que Huxley sueña para los humanos que hemos venido después que él a este mundo, una visión esperanzada de lo que podríamos ser, resignada a saber que no lo seremos, tan amigos como somos de nuestras guerras, de ambicionar más de lo que necesitamos, de producir hasta agotar, de clasificar sin comprender.

Es cierto que a ratos me han impacientado los “panfletillos” con que los distintos personajes atorran a Will en sus periplos por la isla, cada vez menos cínico y occidental, cada vez más consciente y en paz. Mi inglés rudimentario me ha obligado a ir y venir al diccionario, pero el estilo es limpio y ordenado, y esos panfletos de los que me quejo son en cierto modo necesarios, son lo que nos quería contar, como si el relato fuese el resultado de convertir “La Filosofía Perenne” en una novela didáctica.

Es un alegato en favor a la atención al momento presente. En la era de la distracción y las pantallas que vivimos resulta por completo actual. Quita la guerra fría y lo demás te vale: los totalitarismos, la industrialización, el expolio de los recursos, el énfasis en tener en vez de en ser, y todos esos obstáculos artificiales que ponemos entre nosotros y nuestra realización personal, social y espiritual.

Para mí, Huxley está cargado de connotaciones personales relacionadas con mi ya lejana juventud. Nuestro profe de inglés por excelencia, Macario Funes, nos llevó a unos cuantos a Eton College durante una semana, que nos hacía rodar vídeos en inglés, que sólo nos escuchaba en clase si hablábamos en inglés, que logró que nos aprendiésemos los verbos irregulares y nos enseñó con paciencia a pronunciar como es debido. Este Maestro nos hizo leer Brave New World en versión original, diccionario en mano, claro, pero en voz alta y descubriendo un placer obligado en los libros, placer que puedes recuperar cuando quieras, como estas semanas en que me he ventilado unos cuantos libros y vuelvo a disfrutar de ello.

También me recuerda Huxley otros tiempos más rockeros, confusos y contemplativos en que combinaba la lectura de biografías de Buda con la Filosofía perenne que ya he mencionado en otros párrafos de este post.

Era raro para mí intuir cómo este señor inglés seriote y curioso combinaba la exploración del LSD, el peyote, la ayahuasca y los hongos alucinógenos con el estudio profundo de las artes, las letras y la mística de diversas culturas y producía cientos de páginas que se leían con agrado y abrían mis ojos de post-adolescente Peter Pan a hasta entonces oscuros conceptos de inmanencia y transcendencia, de libertad responsable, la necesidad de la utopía para intentar escapar de los totalitarismos (¿se puede?), para mí absolutas novedades que mi soberbia ignorancia ni siquiera había soñado.

Destripo el argumento a continuación, no sin advertir de ello previamente a quienes penséis leer la novela y no lo hayáis hecho aún —Alerta Spoiler—

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Catch-22 (Trampa 22), por Joseph Heller

Estoy leyendo otra novela bélica, que no es precisamente mi género favorito, pero resulta que va más allá de la superficie de la Segunda Guerra Mundial y se adentra en la manipulación, el clasismo, el absurdo, con un sentido del humor agrio y desentonado.

¿Cómo haces burla de la tragedia diaria de los bombardeos? Pues haciéndola, con memorables paradojas, repitiendo frases que retratan a personajes (creo que Goscinny hacía algo parecido en la serie del pequeño Nicolás, el francés del siglo pasado, no el español de este siglo, con Eudes que quería darle puñetazos en la nariz a todos, o el niño que era el ojito derecho de la maestra, etc). Aquí no se habla de un patio de colegio, sino de una unidad de bombarderos, cuyos soldados viven obsesionados con el sexo, con sobrevivir o con el deber y el patriotismo suicida, entre pesadillas, hospitales, normas locas, triquiñuelas reglsmentarias fulleras como la Trampa 22, o con su cámara de fotos para retratar mujeres desnudas sin nunca lograrlo, y cuyos oficiales y mandos desprecian a los soldados de a pie, y buscan todas las maneras posibles de medrar en sus carreras militares sin exponerse al mínimo riesgo, ofreciendo voluntarios a sus soldados para las misiones más peligrosas y fútiles, buscando por todos los medios aparecer en el Saturday Evening Post, indecisos, caprichosos y cobardes como ellos solos. Requiere una gran habilidad hacerte reír a carcajadas en semejante panorama de desesperación, y después de partirte de risa casi te asqueas de ti mismo.

Un retrato de Joseph Heller. Fuente: goodreads.com

Unos días más tarde de escribir el párrafo anterior, ahora que he terminado de leerlo, me quedo conmovido con la sensación brutal, desoladora, de la búsqueda de la novia de su amigo difunto que Yossarian emprende por toda Roma, presenciando una ristra atroz de crueldad y violencia, niños con hambre, palizas, los gritos de “¡Socorro, policía!”, que no son para llamar a la policía, sino para avisar de que viene la policía y lo mejor es ponerse a cubierto. Si los intentos furiosos y habilidosos de la novia de Nately de asesinar a Yossarian te hacían llorar de la risa, este capitulo crudo te hace llorar de desconsuelo por la miseria que muchos con peor suerte que la nuestra siguen viviendo hoy en día.

Tengo un corresponsal en twitter al que no estoy seguro de conocer y a quien parece no gustarle que Cortázar bromease con la muerte de un bebé en Rayuela. Es muy de agradecer leer comentarios sobre mis balbuceos aquí. Pero tengo la convicción de que el humor en medio del drama es lo que el chile habanero al picante, lo que más destaca el dolor, por el puñetazo a la mandíbula que implica. En Catch-22, el humor es la bomba atómica que deja los edificios en pie y ni un alma con vida ni sin secuelas.

Espera, ¿qué? Y otras preguntas esenciales, por James E. Ryan


Este libro ha sido una recomendación de mi mentor Alfons Cornellá, que como contaba en otro artículo, tiene una deliciosa biblioteca en las instalaciones de The Institute of Next. Y le estoy muy agradecido por este libro repleto de experiencia, que se lee en dos sentadas y en que el autor no se anda por las ramas ni trata de parecer más sabio, más intachable ni más voluntarioso que ninguno de nosotros, los demás.

Es un tratado de ética en toda regla, en mi opinión, y cuenta las preguntas esenciales que deberíamos aprender a plantear a los demás y a nosotros mismos para vivir vidas plenas, con sentido en las cuatro cosas que importan en la vida: el amor, la familia, el trabajo y la bondad.

James Ryan es el undécimo decano de la Facultad de Educación de Harvard, y un experto en Derecho y Educación. El libro está construido alrededor de sus experiencias vitales como esposo, como padre, como abogado, como hijo adoptivo, como profesor y como amigo. No son teorías racionalistas ni un manual de instrucciones para ser feliz, son anécdotas y hechos de su vida, aunque no siempre salga muy bien parado. De hecho, es agradable comprobar que tiene ese hábito tan americano de saber reírse de sí mismo.

James E. Ryan. (Fuente: harvardmagazine.com)

He hecho uno de esos dibujos que posiblemente sólo yo entienda con mi resumen del libro.

Si nos preguntamos estas cosas en los momentos oportunos, o si les hacemos la pregunta a los que nos rodean, nos será mucho más fácil ver con claridad qué debemos hacer.

La primera pregunta, la de “Espera, ¿qué?” es el primer paso para entender lo que alguien nos propone, para evitar rellenar los huecos con suposiciones y sobreentendidos. Pone al que pregunta en posición de observar y comprender, y requiere del interlocutor una respuesta que elabore y aclare lo que está planteando.

La segunda, que son dos clases de preguntas, en realidad, es “Me pregunto por qué…” y “Me pregunto si…”. Preguntarse el porqué de las cosas que presenciamos nos ayuda a despertar la curiosidad, a descubrir de dónde vienen los absurdos que presenciamos a diario, y a darnos cuenta de que probablemente no sean tan absurdos o a decir “me pregunto si…” podrían ser de otro modo si empezamos algo, si hacemos algo al respecto.

La tercera pregunta, “¿No podríamos al menos…?” es un desatascador de situaciones encalladas, una bujía que enciende motores calados rebajando la ambición inicial de un proyecto demasiado amplio y troceándolo en un primer paso, o al menos provocando una conversación de un alcance manejable sobre algo de lo que hay que hablar. Es el comienzo del entendimiento mutuo, en esos casos. O la forma de darse cuenta de que los sueños pueden tratar de alcanzarse, o de llegar cerca de ellos.

La cuarta pregunta es la que muchos hombres varones deberíamos hacer más a menudo. Es un clásico que cuando alguien, en particular un ser querido, o nuestra pareja, nos cuenta un problema, tengamos la tentación irresistible de interrumpirle para dar nuestra visión de lo que resolvería el problema, como si fuéramos unos expertos, como si entendiésemos todas las circunstancias de la otra persona, como si fuésemos “el salvador”. Preguntar “¿Cómo puedo ayudar?” reconoce implícitamente y con modestia que no sabemos, que necesitamos la ayuda del otro, una pista sobre cómo ayudar, y es una mano tendida que ofrece nuestra ayuda si puede servir de algo. También es un instrumento potente, pues traslada la responsabilidad de mejorar su situación a la persona que tenemos enfrente, le hace pensar en qué necesita, formularlo, si quiere hacer algo al respecto.

La quinta pregunta es una linterna que no siempre utilizo. Es el foco en lo que importa, que resulta muy fácil de perder con las distracciones cotidianas, los pretextos y la procrastinación. Hay que preguntarse y preguntar “¿Qué es lo más importante?” si se quiere llegar a algún sitio. Es la clave para saber a dónde o a qué se quiere llegar cuando se emprende algo. La anécdota del parto de su tercer hijo que el autor comparte aquí me resulta tristemente familiar, y consuela saber que uno no es el único en poner por delante cosas que no importan nada cuando no se ha planteado bien las prioridades.

Hay una pregunta bonus, tomada de un poema de Raymond Carver, que dice “¿Obtuviste lo que querías de la vida, a pesar de todo?”. La vida está llena de decepciones y tropiezos, de sufrimiento y esfuerzos perdidos, es cierto. Pero se puede avanzar en la felicidad, se puede obtener lo que importa si uno se plantea y plantea habitualmente las preguntas que este libro nos pone delante. Son cosas que ya sabíamos, claro, pero ¿por qué no lo hacemos por costumbre?

De qué habla Murakami cuando habla de escribir

Me ha encantado este artículo de Mar Abad sobre el proceso creativo de Haruki Murakami, basado en el libro que éste último ha publicado recientemente, “De qué hablo cuando hablo de escribir“.

Los ejercicios de Happier transcritos y traducidos

Llevo unas cuantas vueltas dadas con este libro. La última vez que hablé de él “prometía” traducir los ejercicios propuestos.

Bueno, pues aquí están:

Happier Exercises

  • 1. Crear Rituales
    • Identifica rituales, incorpóralos en tu agenda y empieza a practicarlos
  • 2. Expresar gratitud
    • Cada noche, antes de irte a dormir, escribe al menos cinco cosas que te han hecho o te hacen feliz, cosas por las que estás agradecido
  • 3. Los 4 Cuadrantes
    • Durante cuatro días seguidos, pasa al menos 15 minutos escribiendo sobre tus propias experiencias en los cuatro cuadrantes
      • Rat Racer
      • Hedonista
      • Nihilista
      • Feliz
  • 4. Meditar sobre la felicidad
    • Medita. Siéntate en un sitio tranquilo, cálmate respirando profundamente, examina mentalmente tu cuerpo y termina concentrándote en una emoción positiva
  • 5. Hacer un mapa de tu vida
    • Durante un período de 1-2 semanas, registra tus actividades diarias, el tiempo empleado, el significado y el placer obtenido de ello. Evalúa con –, -, =, + y ++ el tiempo que te gustaría pasar la próxima semana haciendo esas actividades, o anota nuevas actividades que no has hecho
  • 6. Espejo de integridad
    • Haz una lista de las actividades con más significado y placenteras para tí, y evalúa cuanto tiempo le dedicas. Repetir con regularidad
  • 7. Completar frases
    • Genera rápidamente por lo menos 6 finales para las frases
      • Si traigo un 5% más de conciencia a mi vida…
      • Las cosas que me hacen feliz son…
      • Para atraer un 5% más de felicidad a mi vida…
      • Si me hago más responsable de cumplir mis deseos…
      • Si traigo un 5% más de integridad a mi vida…
      • Si estuviese dispuesto a decir Sí cuando quiero decir Sí y No cuando quiero decir No…
      • Si respiro profundamente y me permito experimentar qué se siente con la felicidad…
      • Estoy cobrando conciencia de…
  • 8. Crear un mapa de felicidad
    • Basándote en “Hacer un mapa de tu vida”, visualiza tu semana ideal y escribe la cantidad de tiempo que te gustaría dedicar a cada actividad. Repetir una vez al año
  • 9. Establecer metas coherentes
    • Escribe lo que realmente, realmente quieres hacer para cada una de las áreas clave de tu vida. Para cada una:
      • Metas a largo plazo (1-30 años)
      • Metas a corto plazo (1 día – 1 año)
      • Plan de acción (1 día – 1 año)
  • 10. Comite de Felicidad
    • Crea un grupo de personas a las que les importéis tú y tu bienestar, y que te harán responsable de la moneda definitiva.

      Pídeles que sigan la pista de tus aspiraciones y que se aseguren de que sigues tras ellas.

      Hazte miembro del comité de felicidad de otras personas

  • 11. Programa de Educación
    • Crea un programa con dos categorías de tu desarrollo
      • Personal
      • Profesional
  • 12. El privilegio del sufrimiento
    • Escribe sobre una experiencia difícil que hayas vivido.

      Después de describirla con tanto detalle como puedas, escribe sobre algunas de las lecciones y beneficios que resultaron de ello.

  • 13. El proceso de las 3 preguntas
    • Usa el proceso de Significado – Placer – Fortalezas
      • 1. ¿Qué me aporta un significado / sentido?
      • 2. ¿Qué me da placer / me gusta hacer?
      • 3. ¿Cuáles son mis puntos fuertes / qué se me da bien?
  • 14. Tuneando tu trabajo
    • Describe con detalle qué haces durante uno o dos días típicos de trabajo.
      • 1. ¿Puedes cambiar tus rutinas?
      • 2. ¿Puedes encontrar un significado / placer en lo que ya haces?
  • 15. Una carta de agradecimiento
    • Convierte en un ritul el escribir al menos una o dos cartas de agradecimiento al mes a personas que te importan
      • tu pareja
      • un familiar
      • un amigo
  • 16. Completar frases
    • Estar enamorado significa…
    • Para ser un mejor amigo…
    • Para ser una mejor pareja…
    • Para atraer un 5% más de felicidad a mi relación de pareja…
    • Para atraer un 5% más de felicidad a mis amistades…
    • Para atraer amor a mi vida…
    • Me estoy dando cuenta de que…
    • Si me hago más responsable de completar mis deseos…
    • Si me dejo ir y me permito experimentar qué se siente con el amor…
  • 17. Consejo de tu sabio interior
    • Imagina que tienes 110 años.

      Tómate 15 minutos para aconsejarte a tí mismo cómo encontrar más felicidad en tu vida, empezando ahora mismo.

      Haz este ejercicio por escrito

      Ritualiza el consejo

      Vuelve a esta experiencia con regularidad

  • 18. ¡Simplifica!
    • Observa qué actividades del ejercicio “Hacer un mapa de tu vida” puedes reducir o eliminar
  • 19. Resolución de conflictos
    • Piensa en un conflicto y su precio para ambas partes en términos de la moneda definitiva.
    • Desarrolla posibles soluciones para maximizar la felicidad para ambas partes