2666, por Bolaño

Acabo de terminar de leer la novelaza enorme de cinco novelas que Bolaño no llegó a terminar, si bien parece claro que le faltaba poco. No es que no le diese tiempo a dejar contado el final, sino que no terminó de reescribirla de cabo a rabo por séptima, vigésima o n-ésima vez, que al parecer era ese su método.

2666 tiene tres partes enormes de las que es difícil darse cuenta de que guarden relación alguna entre sí.

Un extraño grupo de fanáticos literarios comparten su obsesión por un oscuro escritor alemán llamado Archimboldi, y se entrelazan historias de amor carnal entre ellos, triangulándose. Eso pasa más o menos en la primera parte, sin ánimo de hacer un enorme spoiler con este post.

En la segunda parte una horrible e incesante secuencia de asesinatos ocurre en Santa Teresa, una especie de Ciudad Juárez ficticia que no puedes pasar por alto. Demasiado cierto, demasiada crudeza en los crímenes que gotean sin parar, horribles todos ellos, ninguno resuelto, ante las narices de una policía incapaz. Algún agente intenta desesperadamente encontrar el remedio, pero es algo tan inmenso que le rompe el alma, como al alemán al que acusan y encarcelan mientras los crímenes siguen llenando México de sangre de mujeres pobres y sin culpa.

En la tercera parte un soldado alemán en la segunda guerra mundial va de campaña terrestre en campaña terrestre, se cartea con su hermana pequeña que le ve como un gigante, acompaña a un mando a una orgía monumental que éste tiene con militares rumanos y la insaciable dueña de la mansión en la que él prestaba servicio junto con su madre. Este soldado escribe inspirado por un diario que encuentra en la batalla, un libro que le salva la vida y se la roba con una obsesión como la que nos caza cuando un libro nos absorbe.

No termino de atar el nudo de este libro aquí; hay que leerlo. Esto es así. Yo soy muy ignorante, también es así el asunto, pero este libro me alcanza. Veo la crueldad del mundo, la belleza como un consuelo, cosas admirables y vidas sencillas que son felices. Todo eso pasa a la vez, nos pasa a nosotros y a nuestros semejantes. Y en este libro es de verdad, o más que de verdad, preternatural, como los pliegues de los ropajes que Huxley admiraba en las pinturas que describía en la Filosofía perenne, tan reales que revelan una observación más allá de toda capacidad de análisis, que contagia intuiciones sobre la misma naturaleza de las cosas. La resaca del detective me aprieta las sienes hasta a mí, igual que la tristeza y la rabia cada vez que un nuevo cuerpo mutilado y horriblemente maltratado es encontrado, igual que la pasión de los archimboldianos o los crímenes horribles de la guerra.

De algún modo Bolaño nos cuenta esa historia como una señora en la cola de la charcutería, sin que se sepa muy bien a dónde nos lleva ni cuánto tiempo más nos entretendrá, pero nos conduce, y es un placer recorrer ese camino con su voz de detective salvaje, de hombre frugal en sus costumbres para poder seguir dándonos de comer antes de que su tiempo en el planeta terminase.

Una interesante reflexión de Guille Mas sobre el fracaso

En este post Guille Mas nos regala con valentía una reflexión que hace mucha falta. Vivimos en una cultura de storytelling del éxito que no se sostiene.

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George W. Bush hijo fallando. (Fuente thesuperjesus.files.wordpress.com)

Creo que nos hace falta leer mucho menos libros de autoayuda y muchas más historias de derrota como las de John Fante, Charles Bukowski o de exploración fútil como las de los personajes de Roberto Bolaño.

No hay necesidad de estar fingiendo ser infalibles (ni mintiendo para esconder nuestros erorres), sólo hay que intentar, con cabeza y con pasión, pero aceptando la incertidumbre sobre si conseguiremos lo que hemos intentado imaginar como éxito.

La historia está llena de fracasos que en realidad son resultados diferentes de los previstos, y, en ocasiones, mejores, o el comienzo de un camino que lleva a resultados mejores.

“Ten cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad”

Con lo que no estoy muy de acuerdo es con que la vida sea un juego de suma cero. Algunos perversos han usado ese lema (falaz, por otra parte, en mi opinión) como pretexto para el pillaje indiscriminado, la traición, las zancadillas. Aunque sé que esa no es la interpretación de Guillermo. Cada cosa existe porque existe su contraria, en eso estoy más que de acuerdo, pero la suma no es nula, ni mucho menos.

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El viaje de Moebius (Fuente:cdn8.openculture.com)

Todos hemos sufrido decepciones en esta vida, y pérdidas dolorosas. Y si no las hemos sufrido, alguna habrá en camino, por desgracia. Pero, a mi modo de ver, perder a alguien o estrellarse cuando has intentado volar no anula los buenos ratos pasados con esa persona o el entusiasmo que nos enciende las entrañas cuando aleteando sobrevolamos horizontes nuevos. Por mucha desolación (pasajera) que venga después, la memoria tiene la buena fe de barnizar los recuerdos y dejar que destaquen los dulces sobre los amargos. O así lo veo yo, que soy un poco bobo optimista ingenuo, etc etc

La literatura nazi en América, de Bolaño

Soy extremadamente poco original en mis gustos, y supongo que soy fácil de contentar. Como cada verano en Roquetas de Mar, organizo un raid a Metáfora y me quedo delante del anaquel (me encanta usar esa palabra, hace que parezca alfabetizado y todo) de Anagrama. Solía llevarme los libros de 5 en 5, pero como me hice mindful a medias, me he llevado uno solo, otro Bolaño  Es como proponerme algo con bechamel, almendras y/o parmesano para comer. Éxito seguro. Me las doy de abierto de mente, pero hago surco en el mismo camino una y otra vez. El libro me ha durado dos sentadas, lo necesario para despertar del atasco en “Anatomía de un instante“, de Cercas.

¿Cómo se puede escribir tan bien antes de morir a los cincuenta años de edad? Tiene raíces en Borges (a veces creo que ese señor era eterno, precedente y superviviente a todo), con sus espejos, con sus plagiadores que hacen de su plagio una ficción infinitamente más creativa que lo que plagian, con sus personajes de lealtades sucesivas y contrarias (una humorística forma de borrar del diccionario la palabra traidor, palabra que por otra parte es el reproche de los que se quejan de ti por desatarte del poste al que te ataron), con Poe usado como un ejemplo de mal gusto (eso sí que es una osadía), con una Historia inventada, con una ficción tan absurda que podría perfectamente ser cierta, con un disfraz sesudo, cortazariano, que sirve para reírse a carcajadas, horrorizados, de una realidad que es aún más estrambótica que nuestro disparate más atrevido.

La literatura nazi en América es una especie de enciclopedia hecha de biografías inventadas de autores de Chile, Cuba, México, Brasil, Alemania e incluso Estados Unidos que tienen en común su nazismo y su relación con América, la grande, la que abarca casi todo un meridiano. Bolaño recorre todo el césped de este enorme terreno de juego con dos ejes (eje nazi, eje americano) en menos de 200 páginas. Algunas biografías ocupan media cuartilla, otras son una narración casi autobiográfica en que el autor contribuye a liquidar el destino de uno de los escritores, algunas de las vidas que describe acaban dentro de 30 años, y en otras un párrafo desmiente (o no) las proezas que acaba de describir como hechos, como si Unamuno hubiera conseguido hacer lo que farragosamente anunciaba que había hecho en Niebla. Bolaño no lo dice, lo hace. Cuenta vidas inanes, vidas repletas de desdichas que alimentan el arte, destruye la posible simpatía por uno de sus personajes cuando en lo único en que se fija de Poe es en la Filosofía del moblaje y esa habitación carmesí, en su peor ensayo (de Poe). Se burla del establishment cultural , de los lugares comunes poniendo en el pedestal de sus nazis a los autores reales que más detesta. Se burla del arte, de los lectores. O los despierta.

Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño

Después de perder (espero que temporalmente) el kindle donde estaba disfrutando de The corrections, de Jonathan Franzen, hemos irrumpido mi mujer, mis dos hijas y yo como un comando en busca de libros en Metáfora (Roquetas de Mar), y hemos llenado la bolsa. Voy a empezar (estoy impaciente) con Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño. El otro día hizo 10 años que murió, no escribirá más sobre detectives salvajes, no terminará 2666.
Hace algunos domingos pasado decía Javier Cercas (link) que Bolaños es el discípulo de Cortázar (discípulo a su vez de Borges, discípulo díscolo de libros suficientes para dejarlo a uno ciego (link autores citados por Borges, lo hice yo?)). A todos les daría risa tanta discipulez y se pondrían a dictar, a pegar notas en un corcho y atarlas con pilones, o a teclear furibundos.

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Este librito se lee en una sentada. Es un placer leer cosas bien escritas, historias bien contadas donde el autor no se siente obligado a especificar todos y cada uno de los acontecimientos. Haber presentado y ambientado bien deja al autor confiado en que el lector unirá bien los puntos.

//aviso: a continuación destripo un poco, mejor haber leído el libro antes de seguir//

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