Los confidentes, por Bret Easton Ellis

Acabo de devorar esta extraña colección de cuentos crudos y criminales sobre Los Angeles en los años 80 del siglo pasado. Ellis es un autor polémico, o eso oigo decir por ahí. Lo cierto es que aparte de los “arbustos rodantes”, las palabras que más aparecen son relativas a drogas, sexo o violencia. Esos golpes suelen despertar, y es probable que sea difícil escribir sobre esa ciudad sin hablar de ello. ¿Qué otra cosa pasará allí?

El libro es una ristra de cuentos breves escritos en primera persona, en presente de indicativo, todos ellos muy dispares, que tienen en común la ciudad y la época ochentera. Cuando pasas de un cuento al otro te lías un poco porque no sabes si quien habla es una mujer o un hombre. Jóvenes bisexuales con mucho dinero, matrimonios infelices que no se terminan de separar, atiborrados de tranquilizantes, pero que procuran sonreír en las alfombras rojas de los eventos a los que asisten, muchísimo alcohol, beber Tab (puede que eso sea peor que el alcohol), cocaína, gafas de sol wayfarer, hachís, la MTV (la de entonces, de cuando ponían vídeos musicales en vez de realities) promiscuidad, coches deportivos, música de los 80 en cassettes, el Betamax. Hasta aquí todo normal, o al menos previsible, o en la línea de American Psycho o Menos que cero.

Las wayfarer (fuente: ray-ban.com)

Pero en medio de este panorama inmoral sobresale un par de cuentos terribles, truculentos, de los que uno no puede despegarse hasta terminarlos y aún después siguen espantando en el recuerdo.

En uno de ellos una raza de vampiros vive entre los habitantes de L.A. Se dedican a buscar a sus víctimas entre los colectivos que prefieren (mujeres adolescentes, hombres homosexuales, animales), se los llevan a sus extrañas casas sin muebles y con frigorífico para guardar kilos y kilos de carne cruda, se acuestan o no con ellos y en el acto los devoran a mordiscos o les desangran por las venas que más sobresalgan. Muy terrorífico con un mínimo número de palabras. Además, este cuento aparece (hace un cameo) en casi todos los demás del libro, donde hay extrañas muertes sin resolver, como sobredosis con salpicaduras de sangre en el techo, noticias confusas sobre hallazgos de miembros arrancados, destripamentos, accidentes imprecisos.

En el otro unos yonquis han secuestrado a un niño. No lo puedo contar. El protagonista le reprocha a otro personaje que haya hecho algo terrible en el pasado. Pero lo que acaba de hacer él es horrible, absurdo, innecesario. Parece lo que hacemos los humanos cada día (me refiero a reprochar a los demás cosas menos malas que las que hacemos nosotros, no a cometer crímenes espantosos. Eso lo hace, por suerte, menos gente).

Hay película, pero me parece que no muy bien valorada y omite precisamente el cuento central, al parecer. A lo mejor la veo un día.

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