La tristeza final de Zweig. El mundo de ayer, memorias de un europeo

En “El mundo de ayer“, Stephan Zweig nos cuenta desconsolado sus recuerdos de lo que dos guerras atrás era su mundo, el de tantos vecinos suyos que quedaron muertos o mutilados por la destrucción de los instintos asesinos y el exceso de confianza de los dóciles.

Es un libro y es un tesoro desenterrado con lágrimas y sufrimiento, pero contado con serenidad y un estilo elegante, ordenado y rico.

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Zweig escribió obras de teatro, poesía, algunas novelas, pero sobre todo es célebre por sus biografías, o por su estilo al escribirlas. En este link está una bibliografía, donde destacan Novela de ajedrez y las biografías de Balzac, Fouché y María Antonieta.

Es tristemente famosa la foto del suicidio de la pareja formada por Stephan y Lotte en su exilio en Petrópolis (Brasil), la secretaria con quien la primera esposa de Zweig le sorprendió en su escapada romántica a un hotel de la costa azul.

En su reflexión y recuerdo del pasado que vivió, Zweig nos cuenta sus encuentros con toda clase de figuras de primer orden de la cultura. Recorre Europa de genio en genio; en París va a visitarle André Gide, le recibe Sigmund Freud en su casa y se cartea con todas las figuras europeas de la cultura que no se han vendido a la propaganda del odio para promover una oposición a la guerra que la barbarie nazi y la pasividad de los demás países europeos van haciendo inevitable.

La casa de Goethe y la mujer que atendió al genio alemán en sus últimos meses de vida le llena de un entusiasmo más propio del fandom adolescente que otra cosa, sólo que el objeto de su admiración tiene bastantes más méritos que una estrellita del pop de la cosecha del año. Stephan es un fan en toda regla, coleccionando manuscritos originales de libros y partituras de todos sus admirados. Sorprende cómo pudo darle tiempo a asimilar toda esa enorme cultura en tiempos sin wikipedia (qué sería este blog sin wikipedia, me pregunto?), sin internet, sin que las bibliotecas tuviesen acceso a los fondos documentales de los demás.

Pues el caso es que se podía asimilar, incluso es posible que mejor que hoy en día, dada la menor presencia de distracciones insistentes. Lástima y horror de guerra, derrumbando esos avances paulatinos de la cultura que poco a poco fue construyendo cimas desde las que mejorar el panorama de esta miserable especie humana.

 

 

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