Ahora sí, The corrections, de Jonathan Franzen

Superada mi confusión con las obras completas de Mark Twain, he tenido unos días para acelerar el goteo de lectura de The corrections, de Jonathan Franzen. He disfrutado de lo lindo, la trama es un complicado nudo que se oscurece y aprieta cada vez más hasta que se ilumina en un final luminoso, que libera de la opresión por medio del saber.

Portada de la primera edición. Fuente: wikipedia

Puede haber tripas del argumento aquí abajo, no sigas si, como te recomiendo, piensas leer el libro.

Denise, Gary y Chip son los tres hijos de Enid y Alfred, un matrimonio de Philadelphia. Alfred se jubiló ruinosamente de su trabajo para una compañía ferroviaria, regaló absurdamente información privilegiada sobre la venta de una filial a un amigo y no vio un duro. Siempre fue huraño, incapaz de expresar sus emociones, extraordinariamente rígido y severo con sus hijos y su mujer. Su afición era encerrarse en su despacho-laboratorio a investigar sin rumbo. Enid es manipuladora, obsesiva y está aquejada de un complejo de inferioridad que le hace pasar vergüenza en cada paso público que da, si bien en privado, a solas, no le duelen prendas en abusar de la confianza de sus familiares, esconderles la correspondencia u otros desmanes.

Podría ser una novela sobre los conflictos familiares, la educación en los 90, el vacío de valores de la época. Estuve terminando de leerlo en Navidad, y en Navidad se produce el desenlace de este libro amplio, profundo y afilado.

Vemos las aventuras de Chip persiguiendo su identidad, en escandalosas aventuras sentimentales con alumnas, agotado su concepto marxista de la necesidad de evitar a toda costa el consumo, hundido y perdido, enloquecido al asociarse con un criminal lituano dedicado a estafar americanos.

Nos cuenta sobre un horrible medicamento muy 1984, orwelliano, de Enid descubierto en un desastroso crucero con su marido. Ella encuentra una magnífica ocasión de contener, controlar a su pareja y anular todas las molestias que le causa, aunque sea a costa de “castrarlo” en sus iniciativas, en sus aspiraciones y su individualidad.

Presenciamos la incapacidad para expresar emoción de Alfred, su afán de intimidad, su depresion y sus intentos de suicidio, las decisiones ruinosas para su economía que toma por preservar la honra, su ingenuidad al dejarse traicionar por un supuesto amigo tras revelarle una información privilegiada.

Denise finge ser la hija ideal, sufre con cada evaluación (negativa) de su madre de cada paso que da, y eso que no conoce ni la punta del iceberg de sus aventuras adúlteras, homosexuales y su ruina profesional como chef.

Gary reune lo peor de los dos padres y está sometido a la voluntad de su esposa, acorralado entre sus manipulaciones y la desidia de sus hijos. Manías controladoras, depresión, alcoholismo, irascibilidad, pretextos para apropiaciones indebidas.

El preferido del padre, del autor y probablemente el mío es Chip, el que de niño se llevaba la peores castigos, el que mientras duró su puesto de profesor universitario lo usaba para acostarse con sus alumnas más apetecibles, el que para huir de su profunda sequía creativa se embarca en una rayuela cortazariana (excentrarse para encontrar su centro) de miseria, drogas, sexo culpable, abultadas deudas con su impositiva hermana rematada con la elaboración de propaganda en Internet para un señor de la guerra lituano. Y finalmente le resulta: solo, sin el dinero sucio que había ganado, medio desnudo en la nieve para tratar de cruzar a pie la frontera de Lituania y así escapar a la guerra civil que estalla tras de sí, comprende en una revelación que su drama sobre un alter ego anticonsumista que está escribiendo tiene que abordarse como una comedia. Lo que le movía a autocompasión tiene que retratarse con el esperpento y lo ridículo como bandera, sus penas dan risa, sólo tiene que cambiar el ampuloso prólogo en que se atascó y unas pocas cosas menores y habrá terminado.

Me encantó, como decía más arriba, me gusta cómo está escrito, la visión descarnada de las miserias, la inspiración autobiográfica que le atribuye en sus entrevistas, la riqueza y profundidad de sus personajes y la esperanza que deja pese a la certeza del drama de la ruina moral de la sociedad tecnológica y economicista en la que nos hemos embarcado nosotros solitos.

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