Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño

Después de perder (espero que temporalmente) el kindle donde estaba disfrutando de The corrections, de Jonathan Franzen, hemos irrumpido mi mujer, mis dos hijas y yo como un comando en busca de libros en Metáfora (Roquetas de Mar), y hemos llenado la bolsa. Voy a empezar (estoy impaciente) con Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño. El otro día hizo 10 años que murió, no escribirá más sobre detectives salvajes, no terminará 2666.
Hace algunos domingos pasado decía Javier Cercas (link) que Bolaños es el discípulo de Cortázar (discípulo a su vez de Borges, discípulo díscolo de libros suficientes para dejarlo a uno ciego (link autores citados por Borges, lo hice yo?)). A todos les daría risa tanta discipulez y se pondrían a dictar, a pegar notas en un corcho y atarlas con pilones, o a teclear furibundos.

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Este librito se lee en una sentada. Es un placer leer cosas bien escritas, historias bien contadas donde el autor no se siente obligado a especificar todos y cada uno de los acontecimientos. Haber presentado y ambientado bien deja al autor confiado en que el lector unirá bien los puntos.

//aviso: a continuación destripo un poco, mejor haber leído el libro antes de seguir//

Es especialmente llamativa (para mí) la elipsis que hace Bolaños cuando a la protagonista su hermano y los dos gorrones que viven con ellos le proponen que se dedique a la prostitución. El lector sabe que es lo que le han pedido a la chica, pero no lo dice en ningún sitio.

El argumento es sencillo, claro. Una joven nos cuenta su desgracia. Sus padres murieron en las carreteras del sur de Italia y quedó sola con su hermano en el piso de un barrio de Roma, buscándose la vida, ella como peluquera, él en un gimnasio y aficionándose a alquilar vídeos de cine porno, especializándose en actrices concretas con afán completista. Dos amigos de su hermano, compañeros del gimnasio se quedan a vivir. Los tres hombres la cuidan con reverencia italiana. Ella, cuando le apetece, se acuesta con uno de los amigos o con el otro. Después de la elipsis que mencionaba antes, que para mí es el centro de la novelita, ella accede a acompañar tardes enteras a un viejo ricachón solitario en su mansión. Sus tres compañeros de piso planean desvalijarle, aprovechando la asiduidad de las visitas de la chica. No desataré el nudo de la historia, me gusta la sabiduría femenina de la resolución.

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