Arrugas, proyectos que resultan y la triple personalidad

Después de una celebración familiar que salió a pedir de boca (o eso dicen los invitados y la homenajeada), estuvimos viendo una peli tierna y triste, esperanzada, sobre la vejez o sobre dar sentido al disparate diario de la existencia. Arrugas me pilló sensible, o está bien contada y conectó conmigo.

Después completé un cuestionario de un curso de gestión transversal en que se hablaba del enfoque de Walt Disney para hacer las ideas realidad. Hay algo genial en la esquizofrenia y viceversa. Es un lugar común que son terrenos fronterizos. Tenemos tres personalidades: el soñador, que imagina metas, el realista, que “aterriza” los proyectos (por fin entiendo esa expresión de mis directivos cuando les llegaba yo con mis visiones futuristas y mesiánicas) y el crítico, que hace mejorar su ejecución o comprueba si valen de algo. Y tiene que haber un poco de los tres. Mejor si actúan por turnos, porque la autocensura del crítico y el realista pueden acorralar al soñador. De todos modos, bastante hay con los críticos y los ocupados del exterior para frenar aspiraciones.

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