Despedida a la maestra

Anoche estuve en una cena de despedida con mi mujer y cerca de 30 madres más. Se trataba de agradecer a Lola y Conchi por el trabajo que han hecho con nuestros hijos, que ya pasan a educación primaria.
Les regalaron un pack de esos que permiten elegir entre cientos de hoteles para pasar un fin de semana en pareja.
Me tocó leer un discursito y lo pongo aquí.

Esta es una ocasión con el sabor agridulce de las despedidas. Da vértigo ver cómo se suceden las etapas de la vida de nuestros hijos. Parece que fue ayer cuando nosotros mismos copmletamos nuestros primeros años del colegio, y es como si los alegres recuerdos de la plastilina y el baby se hubiesen evaporado. Sin embargo, seguro que cada uno de nosotros tiene un rincón especial en su memoria para esos pocos ángeles entregados que se detuvieron para atender nuestras preguntas, para ayudarnos a dar los primeros pasos hacia la autonomía personal y la lucha por nuestros sueños.

Creo que hablo por todos si recuerdo que tuvimos también maestros de colleja y reglazo en la mano, torpes y desencantados. Pero cuando las zozobras nos acorralan miramos la brújula de los que de verdad nos enseñaron a superarnos, y recuperamos el norte al instante cuando pensamos: “¿Cómo lo habría hecho mi profesor?”.

Aparte de algún marido celoso que habrá venido a vigilar a su pareja, casi todos estamos aquí para agradecer a Conchi lo que nos ha dado durante estos años a nuestros hijos y a nosotros. Hace falta mucha paciencia para educar, y es un reto a cada instante. Como en la artesanía del alfarero, si estrujas demasiado el barro, la escultura se retorcerá sin más remedio. Pero si se hace bien, como Conchi lo ha hecho, educar es pura orfebrería. Capas y capas, finísimas y delicadamente extendidas, del pan de oro de valores como la constancia, el respecto, la tolerancia, el trabajo bien hecho, la participación y la generosidad han dejado en el centro de los corazones de nuestros hijos un lingote de oro imposible de fundir, por muy difícil que se les pueda poner la vida en el futuro que les estamos dejando.

No se trata sólo de que aprendan a repetir contenidos como loros amaestrados, se trata de que aprendan a pensar, de que se den cuenta de la importancia de guiarse por los principios correctos, de que un pequeño paso puede ser lo que marque la diferencia. Y Conchi, con sus cualidades profesionales, pero sobre todo con sus cualidades humanas, con el arrojo y entusiasmo con que ha promovido exposiciones, desfiles, reuniones con los padres, mil actividades, y sobre todo con el cuidadoso seguimiento de cada uno de nuestros hijos, les ha mostrado el camino con su ejemplo, y de paso, estoy seguro, a muchos de nosotros.

Gracias, Conchi.

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